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domingo, 13 de enero de 2013

Esperando

Ahora sí. Ahora sí que estoy esperando. 

Siempre me ha parecido una expresión un poco tonta o ñoña, ésa de "estás esperando" para decir que estás embarazada. Yo desde luego no me paso mis embarazos esperando el parto, sino que los disfruto, o los sufro a veces; en cualquier caso los vivo.

Pero ahora, de 38 + 4 semanas, con Nora de nalgas... Sí, ahora sí, ahora estoy esperando al parto, expectante, un poco nerviosa, con ilusión y también con miedo.

No puedo dejar de pensar que si mi niña estuviera en cefálica yo estaría pasando estas últimas semanas mucho mejor, más emocionada y relajada, más feliz... Como un niño esperando el día de Reyes. ;-)

Pero reconozco que tengo una mezcla de sentimientos un poco extraña. Sé que la cesárea es una posibilidad muy real para mí, y me da miedo. Sobretodo la recuperación. Bueno, me da miedo todo un poco. 

He decidido que voy a dejarme llevar y confiar en los profesionales del Hospital de Torrejón. 

He decidido que quiero un parto de nalgas.

Y que lo quiero sin epidural, al menos mientras se pueda.

He decidido que voy a preguntar a la ginecóloga que me toque si puedo dilatar tranquilamente en una sala, esté la niña como esté (podálica o nalgas). Si es necesario que me pongan la anestesia cuando esté en completa y al quirófano. Al menos mi niña y yo habremos hecho ese trabajo de parto que tanto nos va  a beneficiar, estaremos llenitas de buenas hormonas que nos lo harán todo un poco más fácil, mi sensación será que he colaborado en el nacimiento de mi hija, que le he dado todo lo que he podido darle. Y ella lo vivirá todo de una forma un poco más normal, de acuerdo a lo que dicta la naturaleza. 

Las cartas están echadas, todo depende de si hay alguna ginecóloga allí de las que saben atender partos de nalgas en el momento en que yo llegue. También de cómo esté colocada Nora y del resto de parámetros que tengan que valorar. Pero sea como sea, yo intentaré que mi niña nazca de la mejor manera posible. 

Y si esto acaba en cesárea, al menos sé que no hay otro hospital mejor en todo Madrid para que me la hagan.

Creo que tengo todo esto bastante asumido, pero me pasa una cosa: no puedo parar de imaginarme maravillosos partos naturales de nalgas. He llegado a visualizar una cesárea, pero completamente irreal, creo, en la que me dejaban ver cómo sacaban a Nora desde dentro de mi cuerpo. No sé si es una locura, pero creo que quiero verlo. Me encantaría que en el último momento apartaran la sábana y me dejaran ver cómo sale. Me da la sensación de que va a ser muy raro que de repente me pasen a un recién nacido por encima de esa sábana, sin yo preverlo apenas, porque ni voy a sentir nada ni voy a ver nada. De repente me dirán: aquí está, y yo tendré que creerme que esa es Nora. 

Supongo que será imposible que acepten esa petición. Al menos espero que sí estén dispuestos a ir narrándomelo todo con todo detalle.

Estas expectativas tan altas, este soñar despierta, también lo tenía cuando estaba al final de mi primer embarazo. Después las cosas no salieron como yo me imaginaba (ni de lejos) y lo pasé un poco mal. No quiero que se repita. 

Pero bueno, más no puedo hacer, estoy en el mejor hospital para tener un parto respetado, hacen partos de nalgas, no separan en las cesáreas, dejan entrar el padre en quirófano...

Lo dicho, la suerte está echada... Nora, te estoy esperando con los brazos abiertos... y la teta fuera!!! :-)

sábado, 5 de enero de 2013

37 semanas. Historia de un traslado y versión cefálica externa

Hace mucho tiempo que no escribo. Cuanto más tiempo pasa más pereza me da. Pero no quisiera abandonar tan pronto este diario desordenado de mi embarazo y mi maternidad.

Estoy de 37+3 semanas (escribo como si fuera ya sábado porque faltan 5 minutos para que lo sea). Por fin conseguí mi traslado al Hospital de Torrejón, después de 3 semanas de trámites. Lo que creía que iba a ser sencillísimo se convirtió en un despropósito. En mi hospital de referencia me pedían un informe de alta, que debía hacer algún ginecólogo del Servicio. En atención al paciente me dijeron que mandaban ellos un e-mail al jefe de servicio y a la última ginecóloga que me había visto, y que en pocos días tendrían el informe. Me llamarían, yo tendría que ir de nuevo a atención al paciente y firmaría el traslado. 

Una semana después no sabía nada de ellos. Estábamos a las puertas de las Navidades y en plena huelga indefinida.

La primera vez que fui era viernes, yo estaba de 34 semanas y el día anterior, en la ecografía del tercer trimestre, me habían dicho que Nora estaba en podálica (os lo contaba aquí). El viernes siguiente, ya con 35 semanas cumplidas, volví a mi hospital a preguntar y allí me dijeron que aún no habían enviado el dichoso informe. Le conté a la chica que me atendió que me corría prisa porque la VCE que me podían hacer en Torrejón tenía que hacerse en la semana 37, pero ella me dijo que sólo podía reenviar el e-mail, y que con la huelga y las fiestas estaba chungo el tema. Genial, con la burocracia hemos topado.

Por suerte una buena amiga me aconsejó unos días después que me plantara en el centro de salud, en la consulta del ginecólogo, y sin cita ni nada le pidiera 5 minutos y le explicara lo que me pasaba. Me daba mucho palo pero allí me fui el jueves siguiente, aún sin saber nada de mi hospital... y casi 3 horas después salía de la consulta de la ginecóloga con mi informe de alta hecho. Esperé a que hubiera poca gente para pedirle un momento, me pasó al ratillo y me lo hizo sin problemas. La mujer lo hizo a ciegas porque no sabía de qué le hablaba, decía que nunca había tenido que hacer eso para una libre elección de hospital. Corriendo (es un decir, hace casi nueve meses que no corro) me fui a la parada del autobús, a ver si llegaba a mi hospital antes de que cerrara atención al paciente. El autobús tarda más de media hora y llegué 10 minutos antes de que cerraran. Entregué el informe con una sonrisa diciendo: he ido a la consulta y le he pedido a la ginecóloga que me lo hiciera. Aquí está. La chica no se lo creía, ¡jajaja!. 

Cuando pensaba que estaba todo hecho, me dice que mi hospital tiene un plazo de 5 días hábiles para darme la primera cita en Torrejón. Yo estaba ya de 36, ¡no llegaba a tiempo para la VCE!

Por suerte al día siguiente me llamaron de Torrejón. Mi hospital había decidido enviar mi derivación por fax urgente. ¡Menos mal! Al principio me dieron una cita tardía, no llegaba a la VCE. La cosa es que la llamada la cogió mi chico y él no cayó en eso. Después llamé yo a admsisión y me dijeron que no podían hacer nada. Otra vez desesperada... Pero entonces llamé a Elena. Elena es el ángel de la guarda de todas las embarazadas que quieren parir en Torrejón. La conocí en la charla preparto que dan allí, es la supervisora de matronas y una mujer comprometida al máximo con el parto respetado. Ya la había llamado antes para contarle mi problema con el traslado, ella  nos dio su teléfono en la charla a las que nos queríamos cambiar de hospital. Cuando yo estaba esperando que me contestaran de mi hospital, la llamé para ver si podía hacer algo y ella pasó mis datos a los que hacen los traslados en Torrejón. Hicieron todo lo posible por ayudarme (llamaron a mi hospital, me llamaron a mí para ir informándome...). No consiguieron nada, pero el interés mostrado fue enorme y estoy segura de que hubieran seguido insistiendo si yo no hubiera conseguido el informe.

El caso es que llamé a Elena de nuevo para decirle que me daban cita para más allá de la semana 37, y que me perdía la VCE. Diez minutos después me llamaban de Ginicología para adelantarme la cita. La tuve ayer por la tarde.

Lo había conseguido. Después de varias visitas al hospital, viajes en autobús, llamadas y más llamadas... Tenía mi cita justo a tiempo. 

Entre medias, he probado la moxibustión (sin éxito) y por cierto, he hecho el examen práctico de conducir ¡y he aprobado! Han sido 3 semanitas muy intensas, desde luego. Con clases prácticas de coche a las 8 de la mañana, con hormonas revolucionadas, con miedo, con estrés, con contracciones y molestias...

Y el resultado es que estoy en el mejor hospital de Madrid para parir (o para que te hagan una cesárea), y que mañana por la mañana me hacen la versión cefálica externa. Tengo un poco de miedo, creo que me va a doler bastante, pero voy segura de querer intentarlo. 

Ya os contaré si ha funcionado, y qué opciones barajo si no es así.

Y... ¡¡feliz año nuevo!!

martes, 18 de diciembre de 2012

Casi 35... ¡y en podálica!

Estoy de 34+5 (como siempre, cuando publique esta entrada serán 34+6). La mayor novedad es que el jueves pasado en la eco del tercer trimestre me enteré de que Nora está en podálica... Lo que yo creía que era el culo es su cabeza.

Realmente algo sospechaba, muy duro tenía que tener el culo para que fuera culo realmente.

La ginecóloga no se molestó en darme ningún tipo de consejo, simplemente me citó para la semana 39, "a ver si se ha dado la vuelta y si no programamos". Ni siquiera nombró la palabra cesárea. No sé, no me pareció muy correcta su actitud, creo que no le hubiera costado nada explayarse un poquito más, no?

A mí me dio bastante igual porque estoy ya en trámites de cambiarme al hospital de Torrejón, y sé que allí las cosas son diferentes. En la semana 37 si quieres te hacen la VCE (versión cefálica externa) y estoy dispuesta a intentarlo todo antes de una cesárea. Bueno, todo o casi todo, porque un parto de nalgas me da mucho miedo, a ver qué me cuentan en Torrejón, que creo que lo hacen.

Es curioso pero estoy bastante tranquila. Con lo que significa para mí un parto, con las ganas que tengo de vivir esa experiencia de nuevo y de la forma más natural, con lo contenta que estoy por haber encontrado Torrejón... Pero el hecho de que allí las cesáreas sean tan respetadas y "humanas" me tranquiliza mucho. El papá estará conmigo durante todo el proceso y no me separarán de Nora ni un segundo, la reanimación la hago con ella encima. Eso es más de lo que experimenté en mi anterior parto, vaginal, pero con una separación durísima de casi 24 horas.

De todas formas voy a ser optimista, quizá se dé la vuelta. Yo de momento estoy poniéndome a 4 patas de vez en cuando, que dicen que ayuda. Además, dicen también que en los segundos embarazos el útero está más dado de sí y el bebé tiene más espacio, con lo cual puede moverse más hasta más tarde.

Mientras tanto, Nora se mueve y se mueve sin parar, me da patadas abajo y cabezazos arriba, ¡a veces su cabeza sobresale muchísimo de mi barriga! Tengo contracciones un poco dolorosas, pero esporádicas, estoy empezando a tenerlas cuando Leo mama, menos mal que no lo hace mucho ahora. Sigo con muchísimas molestias pero esto es ya la cuenta atrás, ¡no queda nada! ¡Y lo relajados que estamos con los preparativos! En lo que no dejo de pensar es en mi hijo mayor (¡mayor!, pobrecito...), que cada vez da más señales de olerse lo que se le viene encima. Llantos, rabietas, caprichos, mamitis, actitudes desafiantes... Nada fuera de lo normal en un niño de dos años que espera una hermanita, jeje.

Y yo... entre ilusionada por ver a mi bebé, nerviosa por el parto y acojonada por convertirme en mamá de dos peques tan peques.

Pero gana la ilusión... ¡al menos hoy! ;-)

miércoles, 5 de diciembre de 2012

¡33 semanas!

He tenido que contarlas varias veces hasta que se me ha quedado grabado en la cabeza. ¡Ya de 33 semanas! Qué rápido está pasando... Por un lado me alegro, porque está siendo duro, pero por otro... Sé que casi seguro será mi último embarazo, y no lo estoy disfrutando como debería.

Nora se mueve como si estuviera en una cama elástica, o como si luchara con unos ninjas ahí dentro. Desde hace ya mucho tiempo noto sus movimientos muy fuertes, me tiembla toda la barriga varias veces muy rápido, me salen bultos grandísimos de repente... Todo esto desde bastante antes de cumplir la semana 30. Ahora ya es de coña, ¡parece que quisiera salir a través de mi ombligo! Y eso que tengo placenta anterior, que en teoría amortigua los golpes...

Me encanta que se mueva así, me hace sentirme acompañada por ella, es su forma de comunicarse conmigo. También noto muchas veces su hipo, en la parte de abajo de la barriga (¡bien!).

Eso sí, tanto movimiento contribuye a tener más contracciones aún. De las de Braxton Hicks desde la semana 20 más o menos, pero últimamente también dolorosas, reglosas... Sé que no es para preocuparse, pero mi cuerpo me avisa de que tengo que descansar y relajarme más. De todas formas me quedaré tranquila del todo cuando cumpla la semana 37. Aparte de esto, tengo ardores, molestias pélvicas, un dolor horrible en el coxis, pinchazos en la vagina, en los glúteos, apenas puedo andar sin tener dolorcillos de todo tipo, tripa dura cada dos por tres, no puedo conciliar el sueño por las noches... ¡Vamos, que estoy en mi mejor momento!

No paro de pensar en Leo, en cómo se lo tomará, en cómo lo llevaremos sus papis, en si sufrirá mucho o sólo lo normal. Me da miedo no estar a la altura. Además cada vez pienso más en el parto, tengo muchas ganas de parir, de vivir otra vez esa experiencia y de que el final sea un poco más feliz. Espero que el bajón hormonal, además, no sea tan bestial, porque me temo que el papi no va a tener tanto tiempo para ocuparse de mí como en el primer embarazo. Ahora tenemos un bichillo de dos años al que habrá que cuidar por encima de todo. Y yo tampoco podré estar tan relajada como la otra vez; en aquellos momentos al menos yo aceptaba esa melancolía, me sumergía en ella y aunque parezca lo contrario eso me ayudaba. Había calma y paz a mi alrededor... Eso no va a suceder esta vez y me da miedo derrumbarme, perder el control y no tener donde agarrarme, no quiero que eso perjudique a mis hijos. 

La verdad es que anímicamente me siento ya como una bomba a punto de explotar... No puedo evitarlo, las hormonas funcionan por su cuenta, mis embarazos son así. Echo de menos tener al padre de Leo sólo para mí, para cuidarme, para sostenerme sin importar si me voy a caer realmente o no, para abrazarme... 

Creo que lo que me queda de embarazo va a ser duro (más aún), por eso no puedo evitar desear que Nora esté ya aquí, para al menos pasar a otra cosa, dejar este estado de medio ansiedad y empezar otro que aunque sea más estresante aún, lo será conmigo más "entera" físicamente y menos necesitada de mimos... Claro, eso contando con un puerperio cómodo. Ains.

Pero también tengo ganas de que ella esté aquí para verla por fin, para tenerla en mis brazos y amamantarla, para llevarla en el fular pegadita a mí, para disfrutar de su calor, mirar sus ojos, dormir a su lado... Tengo mucha más prisa que con Leo, quizá porque ya sé lo maravilloso que es empezar a compartir tu vida con un nuevo bebé.

Y quizá esté un poco loca por desear que se acabe ya esta época de "mamá de uno" y comenzar el caos de tener dos bebés, pero aunque sé que será duro, aunque no dejan de recordármelo (y no me importa, todo lo contrario, las experiencias de otras madres como yo me ayudan mucho), quiero pensar que la felicidad tambien se va a hacer notar y nos va a invadir con la misma fuerza... No?

Te quiero mucho Nora. 

miércoles, 14 de noviembre de 2012

Momentos difíciles

Más de tres semanas sin escribir. Quiero al menos dar señales de vida y ordenar un poco mis ideas.

30 semanas de embarazo. Estoy menos cansada pero con bastantes dolores (hueso pélvico, lumbares, pinchazos en los glúteos...). En cuanto ando un poquito más de la cuenta (y la cuenta son muy pocos metros) empiezo casi a cojear. Tengo contracciones de Braxton Hicks cada dos por tres, cuando me muevo un poco, cuando me agacho y me levanto, incluso sin hacer nada, por las noches... Y son molestas. Con Leo tuve también, pero no tantas. Creo que influye no sólo el movimiento y la actividad física, sino en general el no relajarse, siempre con la cabeza en mil cosas... o más bien en una: Leo.Y además la nena se mueve que da gusto, ¡vaya terremoto que tengo por barriga!

Leo sigue preocupándonos. No he contado mucho por aquí, excepto algo sobre sus rabietas, pero no es lo único que nos tiene alertas. Hay cosillas que no nos cuadran y hemos decidido ir a la pediatra a ver si nos aclara algo o nos deriva a atención temprana. Me gustaría que nos sacaran de dudas sobre ciertos miedos que tenemos acerca del desarrollo de nuestro hijo.

Esto nos absorbe ahora mismo casi todas las energías, aparte de mi embarazo. Está siendo duro y nos sentimos solos. Estamos desbordados y me temo que un poco alejados el uno del otro. Mala racha para los dos que hace que no nos apoyemos todo lo que deberíamos. Echo de menos muchas cosas, pero sé que volverán. Volverán pronto. Nosotros podemos con todo.

Además, el peque lleva una semana casi malito, hace ya casi un par de horas ha vomitado y hemos tenido que cambiar toda la ropa de la cama, hasta el colchón se ha manchado. Nos ha llevado una hora arreglar el desastre. Leo duerme con su cuna adosada a nuestra cama y tanto una como otra estaban que daban pena (o asco, mejor dicho). Pobrecito, se ha puesto perdido y se ha asustado un poco. Nunca antes había vomitado, el jueves pasado fue la primera vez y ésta la segunda.

Espero poder contaros más cosas pronto, y buenas, que tambíén las hay. A ver si no pasan otras tres semanas. Os voy leyendo, no lo dudéis. ¡Besos... y buen día de huelga!

martes, 23 de octubre de 2012

Llegando a las 27 semanas

Concretamente estoy de 26+5 (aunque quizá cuando publique sean ya 26+6). Tenía que terminar la historia de mis desgracias en cadena del post anterior, y allá voy:

El lunes de la semana pasada repetí la curva de tres horas, esta vez sin vomitar. Aguanté bastante bien. El jueves en la consulta del ginecólogo me llevé la agradable sorpresa de que estaba todo correcto... ¡¡No tengo diabetes gestacional!! Además, me dijo que en el tercer trimestre ya no tenía que hacerme la curva, simplemente me sacarán sangre para la analítica normal. ¡Estupendo! 

Para ser sinceras, me quedé un poco extrañada, porque la enfermera que me supervisó la curva en el hospital, a la que conozco bien porque me llevó mi DG con Leo (es enfermera de endocrinología), se despidío de mí diciéndome que ójala nos viéramos allí mismo en el tercer trimestre para la última curva, en vez de en la consulta de la endocrina. Me da a mí que el ginecólogo metió la pata, no sé... Peeero... ¡¡AAAAAH... se siente!!

Además, he terminado ya con los antibióticos para la infección de orina y me encuentro realmente mejor. Creo que estaba arrastrando una pedazo de infección desde hacía tiempo que era lo que me tenía tan cansadísima. Ahora me encuentro mucho mejor en ese aspecto. 

Y así, de repente, me planto con mis útimas citas del seguimiento de embarazo. Ya tengo pedidas la analítica del tercer trimestre y la visita posterior con el gine que incluye la última eco. Después, exudado, y después... ¡monitores en la 41! Eso me encanta, con Leo tuve ecografía "extra" más monitores en la semana 38, por culpa de la DG, y me citaron después para los segundos en la 40 (a los que no llegué, menos mal). No me gusta nada eso de los monitores, es incomodísimo, siempre tienes que esperar un montón, tanto antes de entrar como luego allí tumbada, y sinceramente, no creo que sirvan de mucho. Me parece estupendo no tenerlos hasta la semana 41.

Aparte de esto aún me quedan un par de visitas a la matrona, al menos, pero esas visitas me molestan menos.

De todas formas voy a pedir el traslado a otro hospital de mi Comunidad, del que he oído maravillas. En breve iré a una visita organizada por las matronas de allí y os contaré. Es el hopital público de Torrejón. 

Lo que no ha cambiado son las rabietas de Leo. El domingo tuvo una fortísima de unos 40 minutos. Qué mal lo pasa él y qué mal nosotros. Pierde totalmente el control, entra en bucle, no sabe ni lo que quiere, te mira y te llama como pidiendo ayuda pero no soporta que le toques... Grita, tose, se ahoga, es como quisiera expulsar algo que tuviera muy dentro y muy pegado en el interior de su cuerpo... El desencadenante es lo de menos, a los 10 minutos ya ni se acuerda; pide algo, tú se lo das pero él reacciona como si le quemaran vivo... Y así una y otra vez... Hasta que de repente pide otra cosa (brazos, teta, que le pongas dibujos...). Lo haces, y... milagro, la rabieta termina de repente tal como empezó.

Quiero escribir un post sobre ellas porque realmente creo que vivirlas es muy duro, al menos lo está siendo para mí. Y creo que hay algo de confusión entre rabietas y "simples" berrinches. Leo es cabezón como él solo, y berrinches, enfados, o como lo llame cada una, tiene mil y más cada día... Pero las rabietas son otra cosa. De lo que yo hablo es de algo que desde luego no tiene nada que ver con llorar para conseguir algo que quiere.

Al menos nuestras noches están siendo tranquilas, algo es algo.

Por cierto, el ginecólogo me mandó hierro y me lo he empezado a tomar. No soy muy partidaria de tomar suplementos vitamínicos en el embarazo así sin más, de hecho sólo estaba tomando yodo (el ácido fólico lo dejé al finalizar el primer trimestre), pero informándome un poquillo parece que realmente estoy en el límite de hemoglobina y también bajita de hematocrito, contando con que estoy embarazada, claro. Así que estoy con 80 mg. al día y si en el tercer trimestre veo que han subido los niveles lo dejaré, que parece que no es del todo inocuo tomarlo si no es realmente necesario.

Aquí lo dejo; mi querida niña sin nombre y yo os deseamos una buena semana. ;-)

viernes, 12 de octubre de 2012

Las desgracias nunca vienen solas

O eso dicen, ¿no? Ahora puedo sacar algo positivo de todo lo que me ha sucedido en las últimas 48 horas... aunque puedo sacar bastantes más cosas negativas.

El jueves a las 8 de la mañanba estaba en el hospital preparada para la tercera sobregarga de glucosa de mi vida. Pedí una vía, me la pusieron, me sacaron los 4 ó 5 botes de sangre correspondientes a la analítica del segundo trimestre, me bebí el brebaje dichoso y a esperar. La primera hora la pasé dignamente; un poco sobada, un poco molesta, pero bien. Me llamaron para sacarme sangre por segunda vez, esta vez "sólo" dos botes (¡dos botes para medir la glucosa en sangre! No lo entenderé nunca). Me volví a sentar y a los pocos minutos me empecé a encontrar mal. Le pedí a un chico que estaba a mi lado que avisara a las enfermeras y las vi acercarse mientras yo me mareaba y todo temblaba a mi alrededor. De repente desperté y vi que estaban a mi lado y me decían: "ya está, ya pasó". Había perdido el conocimiento (supongo que no más de un segundo o dos, pero soñé y todo, ya me ha pasado más veces) y había vomitado. En silla de ruedas me llevaron dentro de la sala de extracciones, me tomaron la tensión, me recostaron en un sillón y allí estuve un rato, con la ropa toda manchada y sintiéndome una auténtica mierda. Impotente, sola, enfadada... Hablé con la enfermera y le dije que quería esperar a mi vista con el ginecólogo para ver si podía comprobar mi azúcar de otra manera, pero ella me dijo que no, que las normas eran que había que intentarlo dos veces; si la segunda vez vomitaba también, entonces ya me derivaban al endocrino directamente. Genial. Me dijo que volviera el lunes. 

Llegué a casa derrotada, con mal cuerpo, triste, cansada... Mi padre se quedó con Leo mientras yo me daba una ducha. No pude comer nada. El resto de la mañana la pasé con Leo en el sofá viendo vídeos infantiles en el ordenador, hasta que mi chico salió de trabajar (¡pronto, menos mal!) y siguió ocupándose de él. Pude comer, con ganas, pero estaba cada vez peor, con dolor de cabeza, de barriga, me picaban los ojos... Hacía rato que me había puesto a tiritar de frío, me abrigué, me tapé con una manta y a las 15:30 me puse el termómetro. 39 de fiebre. Me asusté. Mientras tanto Leo se despertó de su siesta y no hubo manera de volver a dormirle, aunque él no paraba de llorar pidiendo que le durmiéramos. De locos.

Acabé en urgencias, me sacaron sangre (¡otra vez!) y me hicieron un cultivo de orina que salió positivo. ¡¡El médico de guardia me quería dejar ingresada!! Decía que era el protocolo en caso de infecciones de orina (¿os he dicho alguna vez hasta dónde estoy de los protocolos?), pero que como parecía que era leve, me mandaba antibióticos y a casa. Si no me llega a dejar irme creo que me hubiera puesto a llorar allí mismo.

La fiebre me había bajado (me tomé un paracetamol), pero estaba derrotada. Además en casa las cosas estaban mal. Leo y sus dos años nos superan por momentos y estamos en una mala racha. Mi chico no puede con todo, bastante tiene con cuidarme y ocuparse casi de todo en la casa y asumir sus propios problemas, que no son pocos, y yo precisamente ahora estoy más sensible que nunca... Mezclas explosivas, dañinas, que hacen muy difícil el día a día. Mucho estrés. Demasiado. Muchos llantos y gritos. También demasiados. Hicimos una pausa en todo y descansé el resto de la tarde. Leo estuvo con la abuela un rato. 

La noche acabó con una rabieta de mi hijo de las grandes. Supongo que él acusó también el día entero, también fue duro para él. Se despertó cuando yo me fui y no se volvió a dormir, y sólo hizo 40 minutos de siesta. Cuando salimos de la habitación, después de casi una hora de llantos, hicimos un poco de terapia de pareja que nos vino de perlas, pero eso también cansa... 

Mi querido compañero me dejó dormir hoy 12 horas como 12 soles. Me he levantado como nueva, pero él lo ha pagado con una gastroenteritis de caballo que le ha tenido en la cama desde que yo me he levantado (en la cama y en el baño). El pobre está fatal. Así que mañana todo es una sorpresa, yo me temo que volveré a mi estado habitual de cansancio (dependerá un poco de la noche que pase Leo), y ya veremos cómo amanece el papi. 

Sigo con mis dolores de regla, estoy mosqueada, pero ya le consultaré al gine la semana que viene. Mi nena sigue moviéndose contínuamente, no para. Tengo la tripa dura cada dos por tres. La espalda y el coxis fatal. Y el lunes... prefiero no pensar en el lunes porque me entran los siete males. Sé que voy a ir y me voy a someter a la prueba de nuevo (y uso la palabra "someter" de forma muy consciente), y sé que voy a ir jodida y muy descontenta conmigo misma por hacerlo. Pero es lo que hay, no tengo fuerzas para más luchas. Ya os contaré.

jueves, 11 de octubre de 2012

25 semanas... ¡y avanzando!

Avanzando a duras penas, pero avanzando. Me cuesta mucho escribir porque cuando encuentro tiempo sólo quiero (o más bien sólo puedo) tirarme en el sofá y leer. Pero hoy estoy un poco más descansada y voy a aprovechar antes de irme a la cama. 

Sigo cansada, agotada, derrotada... Me fatigo a los 10 minutos de empezar cualquier actividad, me falta el aire, me duele la barriga, me mareo, me duele la cabeza... Ya he empezado con ardores y se han unido unos picores un poco desagradables. !Un cuadro! Para colmo Leo lleva malito desde hace unos días, el lunes vomitó un poquito y decía que tenía pupa en la tripa. Desde las 6:30 de la mañana nos tuvo en pie y yo me puse malísima del puro cansancio, con ganas de vomitar, náuseas y todo. Parecía que se había quedado en nada pero comía más bien poco y esta mañana ha vuelto a vomitar, esta vez un montón, hemos tenido que meterle a él en la bañera y la funda del carrito a la lavadora. Apenas ha comido hoy. Parece que le sienta mal la leche, porque las dos veces que ha vomitado ha sido después de tomarse su vaso de leche de por la mañana. Lo suele pedir tempranito y se lo llevamos a la cama. Muchas veces vuelve a dormirse y luego cuando se levanta se toma la fruta y las tostadas. A ver esta madrugada cuando lo pida, ¡miedo me da el berrinche que se va a pillar si no se lo damos!

Hoy ha dormido dos horas y media de siesta, y yo me he unido a él cuando llevaba sólo una hora, así que he dormido una hora y media que me ha sentado de lujo. Por la mañana no hemos salido y ha estado bastante tranquilito, y por la tarde se lo han llevado mis padres así que estoy bastante despejada ahora. Mal momento porque mañana me levanto a las 7 y poco para estar en el hospital a las 8: tengo los análisis del segundo trimestre y la sobrecarga de glucosa, la de tres horas, otra vez. Supongo que Leo se despertará cuando yo me levante y ya no se volverá a dormir, así que le tocará al papi lidiar con la fiera, sus llantos, su "mamáaa", su "tetaaa"... Pobres, los dos.

La nena sigue dando patadas, o cabezazos, o lo que sea, a mansalva y sin reparos de ningún tipo. No se corta un pelo la tía. Ahora parece que me están empezando a dar pequeñas contracciones cuando estoy durmiendo a Leo en la cama, mientras mama... Sé que no debo preocuparme, pero mosquea un poco, la verdad. No quiero decirlo muy alto pero hace días que Leo no me muerde, hablando de teta. A veces se pone un poco pesado con lo de tocarme la axila mientras mama y eso me pone muy nerviosa, pero suelo poder evitarlo.

También estoy muy sensible, lloro por todo (me parezco a mi hijo, ejem). Pero sé que es normal, intento tomármelo con filosofía y tengo días buenos también. Me ayuda no estar sola con Leo, quedar con amigas, hacer cosas diferentes... Lo que pasa es que no es tan fácil, en mi estado no puedo darme grandes paseos, ni ir yo sola con el carrito subiendo y bajando de autobuses. En breve comienzo a ir con Leo a una pequeteca, dos tardes a la semana. Voy con otras mamás a las que conozco del curso pasado y sé que esto me va a ayudar a pasar las tardes de una forma más agradable al lado de mi hijo... ¡Hasta que mi barriguita diga basta, claro! También quería empezar a ir a nadar, pero estoy tan agotada que no sé si me conviene. Quizá me apunte a clases de yoga, una amiga que está embarazada me ha dicho que su profesora le adapta los ejercicios sin problema, y el gimnasio me pilla muy bien. Sólo tendrían que cuadrarme un poco los horarios. 

¡Ah, y me estoy sacando el carnet de conducir! Hace poco aprobé el teórico y he empezado esta semana con las clases prácticas... Me dan un miedo horrible los coches, así que lo paso regular, pero hoy ha ido mejor la cosa, no sé si porque voy perdiendo el miedo o porque iba más descansada (voy antes de comer). Espero que me dé tiempo a aprobar antes de parir, si no tendré que hacer un parón.

En fin, que entre unas cosas y otras, voy bien servida de estrés. Menos mal que mi chico me ayuda muchísimo y me hace la vida mucho más fácil. Los abuelos están ahí siempre y Leo... ¡bueno, Leo es Leo, pero sigue siendo adorable a pesar de todo!

Por cierto... seguimos sin nombre. Ains.

miércoles, 19 de septiembre de 2012

22 semanas. Ambivalencia

Estar embarazada y tener un pequeño de 23 meses está siendo agotador para mí. Sobretodo teniendo en cuenta cómo es Leo. Leo es especial (como todos los niños, ¿verdad?), es muy sensible, es encantador y le adoro. Tiene la piel suave y estaría acariciándole y besándole todo el día (si se dejara). Corre, se ríe, le chifla jugar a la pelota, es inteligente, te escucha y te entiende (cuando quiere) y poquito a poco está dejando de ser un bebé. Es dulce y precioso. 

Y también, creo, muy muy demandante, cabezota como él solo, inconformista (por no decir un poco caprichoso) e incansable. 

Seguimos con las rabietas. Sigue tirando la comida al suelo continuamente. No acepta un no por respuesta nunca. Llora y llora, se queja, no se rinde, por todo, cada vez más fuerte... No es fácil distraerle, no es fácil calmarle. Muerde, araña, pega, y te dice que quiere hacerlo, sin estar enfadado necesariamente. 

Y a mí se me acaba la paciencia más a menudo que antes. Supongo que no es sólo el embarazo, supongo que es la etapa que nos toca vivir. Y me paso el día de mal humor, de buen humor; de mal humor, de buen humor. Y pienso que mi hijo es maravilloso y que además es comprensivo, y que realmente nos pone las cosas fáciles muchas veces, y pienso también que es insoportable y un coñazo y que no es normal lo que hace. 

Sé que sí lo es, sé que es normal, pero también sé (intuyo, al menos) que es de los "dificilillos". Tiene carácter, mal genio, es un niño introvertido, muy apegado a sus referentes más cercanos, no es el típico "bebé explorador", no habla mucho... y supongo que todo lo que lleva dentro tiene que salir de alguna forma fuera.

Yo cambio de ánimo 20 veces al día, y al final voy improvisando mientras mi pequeñaja se mueve dentro de mí y me recuerda que ella también existe. Y es como si no pudiera pensar en ella sin pensar también en su hermano. No puedo dedicarle mis pensamientos en exclusiva porque siempre pienso en ella en relación a Leo: cómo reaccionará cuando la vea, cómo llevará los celos, cómo me apañaré con los dos, qué hará él cuando me vea darle teta... Mi niña va a venir al mundo de la mano de su hermano mayor y siento que ni siquiera es una personita independiente, existe en relación a Leo.

Sé que esto cambiará cuando la vea, cuando por fin la tenga en mis brazos. Pero ahora es así como me siento. Es un embarazo tan diferente al primero que aún ni lo asimilo, me da la sensación de que se me escapa de entre mis manos sin haberlo tenido nunca. Es otra la que está embaraza, yo voy a tener una niña.

Me ayudaría que tuviera nombre ya. Estamos en ello. 

Luego están las hormonas, que definitivamente se han instalado del todo. Estoy sensible hasta la médula y supongo que en gran parte son ellas las que escriben esto. En fin. Soy inmensamente feliz cuando pienso en mis dos hijos y me dan ganas de llorar en cuanto asoman los "terribles dos" a la hora de la cena, del parque o de irse a dormir. 

Tampoco ayuda que sigo sintiéndome muy cansada. Mi niño me reclama todo el rato, no juega solo aún y tampoco se entretiene con cualquier cosa aunque esté yo con él. ¡Y no puedo seguir su ritmo! Para esto sí me siento embarazada... Mierda.

Y así vamos desde hace unas semanas. El padre haciendo lo que puede también, y animándonos y apoyándonos mutuamente.

Eso sí, cuando veo a mi pequeño reirse, sonreir, venir corriendo a abrazarme, divertirse, asombrarse, parlotear... En esos momentos me lo comería y sé que no cambiaría nada, nada de lo que nos está pasando desde hace más de dos años ya.

Seguiremos informando. ;-)

Por cierto, la hermanita está perfecta, la eco de las 20 semanas correcta y sin nada que destacar. Allí terminaron de confirmarnos que era una niña.

miércoles, 29 de agosto de 2012

Cambios en nuestra lactancia

Ya conté aquí que Leo había empezado a morderme. Por desgracia sigue haciéndolo, aunque no muy a menudo. Es curioso pero sé exactamente cuándo va a hacerlo, y me doy cuenta casi desde el principio de la toma. Él sabe perfertamente que no está bien, yo le regaño y me enfado mucho, le digo que ya no va a haber más teta si sigue haciéndolo, y parece que va aceptando poco a poco la regañina, con cara de resignación. Últimamente, siempre por las noches cuando le estoy durmiendo, si me muerde y le regaño deja pasar un tiempo y después me la vuelve a pedir tímidamente y especificándome que lo va a hacer “despacio”. Él dice “despacio” con un gesto de la mano, como si dijera “párate”, y la mueve lentamente. Me aguanto la risa porque además pone cara de arrepentido... ¡la madre que le trajo!

No sé por qué lo hace, me preocupa un poco pero ya lo he asumido. Aparte de que no lo hace a menudo, también está el factor de que ya casi no mama, ni mordiendo ni sin morder. Esto me preocupa más.

Creo que ocurre desde hace unas tres semanas. Quizá mi producción ha bajado en picado. Yo no siento que él mame igual que siempre, no le oigo ya tragar, no oigo nada líquido, sólo succión “vacía”. Me aprieto y no sale nada, la última vez una gotita, hace una semana o poco más.

De repente me di cuenta de que mi hijo no mamaba por el día. ¡Con lo que ha sido él! Y así lleva estas tres últimas semanas, mamando en la camita para dormirse, eso sí, a eso de momento no renuncia. Y también en los despertares. Y nada más. Para la siesta tampoco. De vez en cuando me pide teta, se la saco, él se acerca, abre la boca, y antes de hacer succión se aparta riendo, como diciendo: ¡que noooooo! Nos reímos los dos y me la guardo. La única excepción ha sido hace unos días, que ha estado malito con fiebre y sí me ha pedido varias veces durante el día, pero apenas mamaba unos segundos y ya.

Además, ha empezado a despertarse menos por las noches, casi siempre tiene 2 despertares, como mucho 3. ¡Aguanta 5, 6, 7 horas seguidas! ¿Tendrá algo que ver? Cuando se despierta sigue pidiéndome teta, así que lo dudo un poco. Siempre he estado bastante convencida de que los despertares de mi hijo no eran para mamar. Me inclino más a pensar que es casualidad, que su sueño va madurando poco a poco (de hecho Leo ha ido evolucionando de una forma muy muy progresiva y lenta en este aspecto, a lo largo de los meses). Pero no sé, quizá sí tenga que ver algo.

Ahora se toma un vaso de leche al acostarse, me lo llevo a la cama junto con el agua (pide leche y teta, o teta y leche); y otro en su segundo despertar, entre las 6 y las 7 de la mañana normalmente (a veces más tarde, a veces más temprano). A veces se toma los dos vasos enteros y a veces sólo la mitad de cada uno, pero antes de esto Leo no tomaba nada de leche. Nada de lacteos. Es increible cómo está cambiando todo esto en menos de un mes.

Me da mucha pena que se destete, aunque yo apuesto por que no lo hará. Pero esta noche me ha dado por recordar cuando mamaba y yo le oía tragar, cuando se concentraba en tomar leche y leche y leche... y yo le miraba y le acariciaba. Y me pedía 8 veces al día y eso me tranquilizaba un montón porque del resto de comida sólo picoteaba (por cierto, esto no ha cambiado mucho, la verdad). Y ahora, estando incluso malito, apenas le ha dado un par de chupaditas a la teta...

Si pienso en el tandem me agobio un poco, pero si pienso en que dentro de poco mi niño no me va a pedir teta más, me entran ganas de llorar.

viernes, 3 de agosto de 2012

Buenas noticias

El miércoles tuve la ecografía de las 15 semanas acordada con la gine, previa a mi posible amniocentesis. Estuvimos (mi chico y yo) una hora y media en el hospital esperando a entrar. Todos los nervios que no había tenido antes aparecieron de repente, estaba preocupadísima porque nadie salía a recoger mi volante. Menos mal que mi chico mantuvo la calma mucho mejor que yo y se fue a la puerta de la consulta a pillar por banda a alguna enfermera y encasquetarle el dichoso papelito. Unos minutos después nos llamaban.

Primera sorpresa: los análisis de la curva larga que me había tenido que hacer el día anterior (me llamaron para decirme que el O'Sullivan había salido alto) eran correctos. ¡No podía creérmelo! ¡Dos meses y medio más de libertad! Eso sí, en octubre me hacen directamente la larga, no paso por el O'Sullivan (mucho mejor, la verdad).

Ecografía: la ginecóloga era un encanto, una distinta a la de la anterior visita pero igual de maja. Nos iba diciendo todos los marcadores que veía e iba añadiendo en cada uno de ellos que todo estaba bien. Así desde la cabecita hasta los pies. No hay nada que indique que no sea un feto perfectamente sano y normal. Ya antes de tumbarme me preguntó qué había decidido, yo le dije que no quería hacerme la prueba a no ser que se viera algo “chungo” en la ecografía. Creo que estaba bastante de acuerdo con mi decisión, nos habló de que realmente las probabilidades eran muy bajas, aunque oficialmente a la cifra que nos había salido se le llamara “riesgo alto”. Que la ecografía era perfecta una vez más, y que todo podía pasar, que había Dawns que de hecho pasaban inadvertidos durante todo el embarazo, pero que teniamos “todas las de ganar”.

A medida que ella iba nombrando todo lo que veía en la eco yo me iba relajando cada vez más... ¡Qué sensación! Empecé a hablar con mi bichito y decirle que lo estaba haciendo muy bien, que yo sabía que él estaba sano y que le quería mucho. Al final de la eco ella dijo:

-pues ya está.
-¿ y el sexo? -pregunté.
-¿queréis saberlo?
-¡sí! -dijo el padre.

¿Sí? ¡Llevaba la mitad de la eco sin poder pensar en otra cosa, jajaja! Supongo que le hubiera apetecido más decir algo como: ¿que si queremos saberlo? ¡¡¡Pues claro!!! Suéltalo!! ¡¡¡YAAA!!!

Y entonces ella dijo que parecía una niña, que había muchas posibilidades. Y el papi volvió a decir:
-¿¿muchas posibilidades??

Creo que aquí ella ya pilló la desesperación y dijo sonriendo:
-sí, claro, es muy probable, no se le ve la cola por ningún lado.

Así que salimos de la consulta sonrientes nosotros también, todo había salido perfecto, nuestra nena (¡nena!) estaba bien, yo sin diabetes, el padre flipando... y yo, pues muy contenta también por el sexo; aunque me daba igual niño o niña, lo de ser madre de una niña es algo emocionante después de tener un niño. Y antes de estar embarazada por primera vez, siempre quise tener una niña.

¡Y a ver si puedo empezar ya a disfrutar un poco más de este embarazo! Dentro de un mes la eco de las 20 semanas, y nosotros ya estamos empezando a buscar nombres... ¡Espero que no nos den la sorpresa y le crezca cola de repente!

martes, 31 de julio de 2012

Comenzando el segundo trimestre

Estoy ya de 14 semanas + 6 días. ¡Mañana cumplo 15 semanas de embarazo! Vaya, no está mal, ¡acabo de darme cuenta de que esto avanza!

Este embarazo está siendo muy diferente al primero. En el primero te preocupas por todo, en el mal sentido de la palabra y en el bueno. Yo miraba en distintas webs el desarrollo del feto en cada semana, contemplaba mi barriga, soñaba despierta, y pensaba en ello constantemente. Ahora, con un niño hiperdemandante de 21 meses, ya imaginaréis... Además, estoy en paro, con lo cual no puedo “relajarme” en la oficina mientras pienso en mi bichito, ni puedo mirar esas webs a escondidas o en un ratillo de poco curro, jeje. En casa Leo me reclama constantemente y para colmo es ver el portátil y pedir vídeos de canciones insistentemente.

En resumen, que no me acuerdo ya de cuánto mide el feto en la semana 15, de si es lentejita, garbancito o judía. No sé cómo de formados tiene los órganos, si mea o no mea, si se chupa el dedo o aún no... Como jamón serrano sin remordimientos de conciencia a pesar de no haber pasado la toxoplasmosis; de hecho como lo que me apetece en cada momento, y esto sí está mal, porque sólo me apetecen guarrerías y nunca fruta. En el primer embarazo me forcé a comer al menos un par de piezas diarias. Para nada pienso en el bichito a cada momento, pienso mucho más en mi hijo “mayor” (oohhh... ¿¿¿mayor??? ¡Ya lo dije!) y estoy mucho menos “soñadora”, aunque tengo que reconocer que empiezo a pensar ya en cuando pueda notarle a través de mi barriga, e incluso en el parto.

Y así se ha ido pasando el primer trimestre, sin náuseas ni mareos como en el primero, sin perder peso de lo poco que comía, sin ascos, sin esos horribles dolores de los ligamentos del útero que me llevaron a hacerme una eco por lo privado en la semana 11, acojonada... Pero eso sí, con la sombra de la diabetes presente, una curva corta y una larga ya hechas (la larga hoy mismo) y sobretodo el maldito resultado del triple screening. Por una razón u otra, mis embarazos nunca son tranquilos. Mis hormonas están un pelín menos revolucionadas (creo), aunque no van mal tampoco.

Lo mejor es que se me ha pasado el cansancio extremo, ése que también tuve en mi otro embarazo y que también desapareció al entrar en el segundo trimestre. ¡Menos mal! Como contrapartida, la ciática está asomando la patita ya, y miedo me da, porque no sé cómo voy a estar cuando tenga barriga de verdad.

Pero me alegro de haber sobrepasado estas primeras 14 semanas, de haber esquivado al cansancio (relativamente) y de estar bastante optimista.

Mañana tengo ecografía en el hospital, previa a una posible amniocentesis en la semana 16. Ya os contaré, pero estoy tranquila (¡de momento!) y convencida de que no voy a hacerme la amnio. Seguramente me darán también los resultados de la curva larga de glucosa, así que sabré si oficialmente paso a tener una vez más diabetes gestacional. Y quién sabe, quizá nos digan el sexo... ¡Ójala!

sábado, 21 de julio de 2012

Diabetes gestacional

No, mi blog no pretende ser una enumeración de problemas en el embarazo. O eso espero...

Hoy (ayer, que son ya las 00:30 de la noche) me han llamado del hospital para decirme que el O'Sullivan ha salido “un poco alto” y que tengo que hacerme la curva larga la semana que viene. Sobre la diabetes gestacional me informé un montón en mi primer embarazo, ya que la tuve desde la semana 24. Pude controlarla sólo con dieta y ejercicio diario, no necesité insulina. Podéis encontrar información aquí, aquí o aquí (este último sacado de la web de Emilio Santos).

La realidad es que yo no llevo una dieta “sana”; como mucho, y bastantes dulces, azúcar, chocolate, refrescos, etc. Supongo que es el factor de riesgo que más me ha afectado, porque no tengo antecedentes diabéticos ni sobrepeso. Entiendo perfectamente lo que dice Michel Odent al respecto (el efecto nocebo, podéis leer algo sobre ello en este post de Ser Mamás) porque a mí me pasó con mi primer embarazo. Llegué a pensar, en medio de mi revolución de hormonas, que mi cuerpo no funcionaba bien. Una estupidez. Pero claro, pinchándote 6 veces al día cada dos días durante unas 10-15 semanas, apuntando religiosamente todos los valores, sabiendo perfectamente cuándo has superado el límite (en mi caso sólo un par de veces por semana y por muy poquito)... pues igual es un poco inevitable.

Y lo peor es cómo te hacen sentir (al menos a mí) con estas dichosas pruebas. No quiero decir que sea algo que haya que ignorar, pero estas pruebas me hacen sentir como una oveja en un matadero o una pieza en una cadena de montaje. Creo que hay formas más agradables de controlar una posible subida del azúcar en una embarazada. Simplemente con un glucómetro, por ejemplo. O confiando más en las mujeres. Si yo no me he negado a esta prueba en este embarazo es porque sabía que tenía bastantes posibilidades de tener DG, por mi tipo de alimentación y porque la tuve en el primero (en el cual me alimentaba un poco mejor, aunque no mucho mejor...). Pero hay mujeres que no prueban un dulce, no toman azúcar, comen poco y a menudo, en fin, llevan una alimentación sana de por sí. No tienen sobrepeso ni antecedentes familiares. ¿Hasta qué punto es necesario que pasen por un O'Sullivan? Al fin y al cabo, hay más controles (análisis, ecografías...).

Os transcribo lo que escribí en el hopital el día de la prueba, mientras esperaba a que pasara la hora:

Estoy en el hospital, acabo de tomarme 50 g. de glucosa con sabor a limón y me queda casi una hora de espera. Aquí estamos unas cuantas embarazadas, fuera de la sala de extacciones, sentadas con cara de circunstancias.

Hace ya un par de semanas que me hice los análisis rutinarios del primer trimestre. En mi hospital aprovechan para hacerte el O'Sullivan a la vez, pero en el 2º trimestre. En el primero tienes que ir dos días. Fue la ginecóloga la que me mandó el O'Sullivan el mismo día que fui a hacerme la eco de las 12 semanas, en la misma visita en la que me dieron la mala noticia del triple screening.

Y aquí vengo yo, con mi volante, y al entrar en la sala me dice la enfermera de turno mirando los papeles:

-has traído la orina?
-no, sólo tengo que hacerme la prueba del azúcar.
-no, aquí pone orina también.
-pues será un error, en el volante pone analítica pero los análisis ya me los hicieron.
-será que te dio mal la orina y hay que repetirla.
-no, estaba todo bien (¿se cree que no me entero de lo que pasa en mi embarazo?)

Se va a consultar. Uf. La “superenfermera-experta-en-curvas” me dice lo mismo. Otra vez el mismo díálogo. Le cuento el proceso cronológico (matrona que me manda analítica, visita a la gine donde me da los resultados CORRECTOS, gine que me manda el O'Sullivan). Ella me dice que da igual, que el protocolo es así y si en el papelito pone orina... a mear, vaya (ya estamos tocando los cojones con los protocolos). La primera enfermera empieza a liarse con si me da el bote antes o después de pincharme, con si voy a mear antes o después de tomarme “el zumito” (¿por qué narices no lo llama “la glucosa”?), y yo la digo: -mira, y si no voy? Porque me está agobiando. Y ella me dice: -no, tienes que hacerlo, mira es que si no me la cargo yo, ¿sabes?

Flipo. Resulta que soy una pobre impedida mental sin capacidad de decidir sobre mi propio cuerpo, ¡y yo no lo sabía! Sonrío y me dan ganas de hablarle de la Ley de autonomía del paciente, pero me da menos pereza ir a mear. Eso sí, pregunto (mirando a la superenfermera-experta-en-curvas):

-no me repetiréis los análisis completos, ¿verdad?

Respuesta de la superenfermera:

-no.

Ya. Demasiado escueta para mi gusto. Sobretodo después de ver que me sacan 4 tubos de sangre. El día 1 tengo cita para eco y resultados, ¿qué os apostáis a que tengo unos análisis completitos encima de la mesa?

¿Y por qué me importa tanto? Pues porque estarán allí las malditas hormonas alteradas del triple screening, y hablando en plata, no me apetece una mierda verlas otra vez, comprobar que no son “normales” o incluso que están aún peor.


Por cierto, me quedé con un precioso moratón de recuerdo, en parte porque como tuve que ir a mear después del pinchazo, no me pude apretar ni mantener el brazo estirado.

martes, 17 de julio de 2012

Amniocentesis

Estoy embarazada de 13 semanas. La semana pasada fui a la consulta de la ginecóloga a hacerme la ecografía de las 12 semanas. Hasta ese momento mi embarazo había pasado desapercibido hasta para mí misma, dicen que es normal con el segundo, ¿no? Se me olvidaba que estaba embarazada, aún no tenía apenas síntomas y mi pequeño de 20 meses me robaba todo el tiempo. Ni siquiera esperé la fecha de la eco con especial ilusión, simplemente sabía que vería a mi bichito y quería disfrutar de ello todo lo posible.

Y así fue. Le vi, y disfruté. La ginecóloga era un amor y todo era perfecto. Ella iba diciendo los valores que su compañera tenía que ir apuntando en el informe, y cuando dijo: translucencia nucal 0,9, pensé: ¡genial!

Bajé del potro, nos sentamos (me acompañaba mi chico) y entonces fue cuando nos dijo lo del triple screening: había dado riesgo alto para síndrome de Dawn (1/206, cuando el corte está en 1/270). Me quedé chafadísima. Ella nos tranquilizó, nos dijo que la eco indicaba que todo estaba bien, que el TS era sólo un cálculo de probabilidades, y nos ofreció dos opciones: una biopsia de corion en la semana 13 o una eco en la 15 más amniocentesis en la 16 si yo quería. Así que tengo una eco el 1 de agosto y a partir de lo que veamos allí podremos decidir qué queremos hacer.

Los primeros días lo pasé fatal. Pero poco a poco me fui dando cuenta de que esta vez no me iba a dejar vencer por el miedo. Yo no quier abortar, no lo haría aunque mi hijo tuviera síndrome de Dawn, así que la cosa parecía estar clara. Pero no lo está tanto, porque mi miedo estaba ahí, impidiéndome avanzar y pensar. Empecé a plantearme hacerme la amnio sólo para saber, para estar preparada... Hasta que se me ocurrió pensar que para qué narices quería yo saber en la semana 16 que mi hijo tenía SD; ¿para pasarme 6 meses llorando, volviéndome loca en internet buscando información e imaginándome mi durísima vida a partir del parto? Sinceramente, prefería no saberlo. Hay cosas que es mejor enfrentarlas según llegan y evolucionan.

La amniocentesis es una prueba dura, al menos a mí me lo parece. Muy invasiva y que debe provocar mucho estrés, seguro. Y lo más importante, tiene un riesgo de aborto. Me da igual si es un 1 por ciento, un 2 o un 0,5... Tiene riesgo de aborto, y más alto que el riesgo que me salíó a mí en el TS de que mi hijo tenga SD. Poco a poco he ido dándome cuenta de que mi decisión está tomada, de que al menos ya sé lo que quiero hacer: olvidarme de esa prueba estúpida que es el TS (no debería habérmela hecho), hacerme la eco de la semana 15 para comprobar que efectivamente mi enanito sigue bien, y confiar en que voy a parir un niño sano, como sucede en la gran mayoría de los casos.

Lo que más me cuesta (y me va a costar) es explicar esto a cierta gente (mucha gente) que considera una locura lo que voy a hacer. Supongo que todas ellas (y ellos) abortarían si supieran que van a tener un niño con SD. Muy bien, no lo critico, no estoy en contra del aborto. Simplemente creo que es una decisión tan personal que comentarios tipo: “pero tú quieres tener un niño con SD?” (sí, es mi mayor deseo desde pequeñita, no te jode) o “¿pero estás segura? Hazte la amnio aunque sea para saber, si seguro que está sano” (a no ser que me provoquen un aborto y muera, claro), sobran.

Para mí el resultado del triple screening no tiene casi ningún valor ahora mismo. Mi hijo mayor podría haber nacido enfermo, podria haber nacido con problemas graves que no se ven en ningún sitio ni en ningún cálculo de probabilidades, podría haber sido un gran prematuro, podría... qué sé yo. Pero yo he decidido tener hijos, y eso implica un riesgo. Todas queremos que nuestros niños nazcan sanos y fuertes, y a veces no puede ser. Pero ese riesgo no tiene nada que ver con el riesgo absurdo del triple screening, ese riesgo lo asumimos todas cada día sin amnios ni leches. Y nadie lo cuestiona.

Yo no quiero un niño con SD. Claro que no. Pero quiero a mi niño. Y no hay nada mínimamente serio que me indique que no va a nacer sano, y no voy a dejar que me claven una aguja por la tripa hasta mi útero porque sí, y no voy a dejar que me roben mi ilusión por mi embarazo porque sí.

Yo tengo esperanza. Y lo que tenga que ser, será.