Dentro de unos días Leo cumplirá tres años y medio. En todo este tiempo he disfrutado de él cada día y cada noche (excepto aquella primera, y las del hospital cuando nació Nora). Hace poco en el blog Mamá sin Complejos leía una pregunta: ¿Me estoy equivocando?
La gran pregunta.
En mi caso también es un
¿lo estoy haciendo bien?; que viene a ser casi lo mismo.
Tengo bastante claro cómo
quiero criar a mis hijos. Sé que en muchas cosas me alejo de “la
mayoría”. Lo pongo entre comillas porque cada familia es un mundo
y realmente diferimos y nos parecemos en más cosas de las que
creemos. Pero la experiencia en estos tres años y medio me lo deja
claro: me he encontrado con muy pocas madres (o padres) que hayan
criado a sus bebés a tiempo completo durante tanto tiempo. Incluso
sin estar trabajando, casi todas las que yo he conocido han acabado
metiendo a sus hijos en una escuela infantil (al año o a los dos
años). La idea de criar tú misma a tus hijos no resulta demasiado
atractiva en esta sociedad. Además, casi no me he encontrado con
madres que piensen que es bueno dormir con los hijos, que es bueno
dar el pecho más allá del año, que no existe el exceso de mimos...
A lo largo de estos años he escuchado hasta la saciedad que en la
guarde socializan y espabilan y es bueno para ellos, que son muy
listos y no hay que dejarse engañar por sus llantos, que se tienen
que acostumbrar (a todo, básicamente)... Casi no he encontrado gente
que actúe o piense como yo en cuanto a la convivencia con nuestros
bebés e hijos; los problemas no son los mismos. Las inquietudes son
otras.
Por supuesto en algunas
cosas sí he coincidido con bastantes padres y madres. Pero la
esencia, el fondo, la filosofía... Lo que significa para mí educar
y cómo quiero hacerlo... No suele estar muy bien aceptado. A casi
todos les parece que mimo o malcrío a mis hijos, o que les tengo
demasiado en cuenta. Que no es sano para un niño estar tanto tiempo
con su madre o que tienen que ser más independientes, ya desde
bebés. Casi nadie entiende que respete que mi hijo mayor no quiera
dormir fuera de casa, casi nadie entiende que aunque yo me muera por
irme a un concierto con mi chico, prefiera esperar felizmente a que
ellos (mis hijos) estén preparados para dormir sin mí. Casi nadie
entiende que a pesar de esto, tenga derecho a quejarme. No entienden
que no me guste que los niños tengan que hacer deberes o seguir
demasiadas normas en el cole (en infantil sobretodo), no entienden
que no me guste cómo está montada la escuela tradicional, no
entienden que coja siempre a mi niña en brazos cuando me lo pide. No
entienden que no piense que es una tirana o una listilla y no
entienden que no sepa que tiene mucho morro. Y que conste que yo a
veces la digo mientras la cojo: ¡qué morro Nora...! Y luego le doy
un beso, jajaja.
Yo estoy segura de lo que
quiero hacer, pero a veces me sale mal. No quiero castigar a mi hijo
pero no encuentro otra salida. No quiero perder los nervios pero los
pierdo, no quiero gritar pero grito. No quiero ser autoritaria
porque sí, por mis cojones, y sí, a veces actúo de esa forma. La
verdad es que muy a menudo me sale mal. Y muchas veces pienso si no
estaré perjudicando a mi hijo al no llevar a la práctica siempre lo
que tanto predico.
Por otro lado, la duda de
si me estaré equivocando al estar tanto con ellos y al criarles como
pretendo está ahí, claro. Hasta ahora había aparecido pocas veces,
pero Leo se va haciendo mayor y sigue tan apegado a mí que va
surgiendo cada vez más a menudo. Para colmo, me sale un niño con dificultades para interactuar con los
demás... Pero entonces me digo a mí misma que cómo es posible que
para un bebé sea malo estar con sus padres cada día. Viviendo,
compartiendo, yendo al parque, viendo a otros niños, sí, sin estar
encerrado en una burbuja, acompañándome allá donde yo voy. Estando
con los abuelos también, poco a poco y cada vez más tiempo según
se hace mayor (hoy por hoy todo el día sin problemas y feliz). Yendo
a cumples e inflándose a tarta, bailando en casa y corriendo en la
calle (o pidiendo brazos, jajaja). Y coño, no puede ser que todo
esto sea menos sano que estar en una escuela infantil desde los... 12
meses, por ejemplo, 7 horas al día. Con una educadora para 14 niños,
sin que te hagan caso la mayor parte del tiempo excepto para cubrir
las necesidades más básicas (porque las educadoras no dan para más,
no porque sean malísimas personas). Y entonces llego a la conclusión
de que mi hijo ha tenido mucha suerte de poder ir a su ritmo durante
los primeros años de su vida, o al menos al ritmo de su madre, y no
al de la media de una clase o al de unos objetivos curriculares. Y
que eso le ha beneficiado, le ha hecho más seguro, más fuerte, más
él mismo. Y que nos hemos levantado sin prisas durante casi tres
años, y nos hemos dado amor cada día, atención, compañía... Y
que he aprendido mucho de mi hijo, y ahora empieza otra etapa que
también me parece positiva, aunque es más dura. Y espero poder
seguir dándole el mismo apoyo que antes. A pesar de la preguntita, a
pesar de esos ¿me habré equivocado?¿estaré perjudicando a mi
hijo?, sé que hemos sido unos privilegiados. Que lo seguimos
siendo. Y sin culpas, y sin credos, seguiré haciendo las cosas según
me salgan del corazón e improvisando un poco, e intentando respetar
a mi hijo como ser humano que es, e intentando ser su guía y
enseñándole las normas básicas para vivir en sociedad,
acompañándole cuando lo necesite, poco a poco y con paciencia.
Eso sí, qué bonitas las excepciones, ¿eh? Cuando hablas y hablas y la otra persona asiente y sabes que te comprende perfectamente, cuando no hace ni falta explicar las cosas, cuando notas que sí, que en una charla de 4 horas sobre maternidad y crianza estaríais de acuerdo en prácticamente todo lo importante, y entonces es guay porque no hace falta mantener esa charla, vas directamente a los desahogos o a las anécdotas. Hay algunas personas así en mi vida, unas más cercanas, otras menos, algunas muy importantes. Pocas, pero valiosas. Te hacen crecer de repente, te empoderan.
Siempre es mejor si no estás sola. Y no lo estamos... ¿verdad?
Eso sí, qué bonitas las excepciones, ¿eh? Cuando hablas y hablas y la otra persona asiente y sabes que te comprende perfectamente, cuando no hace ni falta explicar las cosas, cuando notas que sí, que en una charla de 4 horas sobre maternidad y crianza estaríais de acuerdo en prácticamente todo lo importante, y entonces es guay porque no hace falta mantener esa charla, vas directamente a los desahogos o a las anécdotas. Hay algunas personas así en mi vida, unas más cercanas, otras menos, algunas muy importantes. Pocas, pero valiosas. Te hacen crecer de repente, te empoderan.
Siempre es mejor si no estás sola. Y no lo estamos... ¿verdad?
