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viernes, 31 de julio de 2015

Cosas que hacemos este verano

Las vacaciones y el verano son lo mejor del año. Siempre lo han sido para mí. Este año las olas de calor están intentando a toda costa hacerme cambiar de opinión, pero el verano, con 40 grados o con 30, tiene muchas cosas especiales y maravillosas: tiene más luz, tiene menos rutinas. Tiene tiempo, aunque a veces con niños no sepas cómo llenarlo en las horas de más calor. Tiene olor, a crema solar. Tiene brisa nocturna que alimenta (¡o tenía!) y cañitas en las terrazas. Tiene playa y menos obligaciones. Tiene vestidos de tirantes y helados.

Y hay más tiempo para hacer cosas con los niños, y aunque vean muchos dibujos (muchos, sí...) sigue sobrando tiempo. Y están las mañanas, las tardes y las noches enteritas, de cada día... Sí, tenemos mucha suerte de poder disfrutar de todo este tiempo juntos, de poder vivir sin prisas.

Este verano, con tanto calor, vamos mucho a la piscina, casi todos los días. Y disfrutan chapoteando y flotando en el agua. Leo está empezando a nadar, con cinturón de corcho, y está emocionado. Se le da muy bien. Salta desde el bordillo una y otra vez y cuando sale por fin se pone su poncho y se acurruca unos minutos en nuestra toalla. ¡Y se lanza también sin cinturón! Mientras tanto, Nora flota, gira, da grititos, juega en el agua...


Hemos ido al río y han tirado piedras, un super pasatiempo para cualquier niño. Y hemos visitado un castillo que a Leo le encantó. Es genial cuando compruebas que se conforman con tan poco.


Hemos estado en el pueblo, con eso estrenamos el verano, y han ido a dar de comer a las gallinas, y se han traído huevos. Hemos ido al campo y Leo ha jugado con los perros y los gatos y han dado un paseo con un palo en la mano :-). Leo ayuda también al abuelo a regar el huerto y las plantas, le gusta mucho.


Hemos ido al Aquópolis y Leo ha disfrutado muchísimo tirándose por los toboganes y en los chorros de agua con sus amiguitos. Y también ha visto un par de conciertos de rock cerca de casa y ha vencido su miedo a los sonidos fuertes hasta acabar en la primera fila. Estaba concentradísimo escuchando y observando. Mientras, Nora correteaba de un lado a otro (y yo detrás de ella, por supuesto, donde va ella tiene que ir mamá, jaja).


La música es protagonista este verano. A Leo le gusta tocar la batería y toca con dos palos y la tapa de una caja de cartón. ¡Lo vive! Se estrenó con un tambor que le hicimos su padre y yo con un bote de Nesquik y una cuerda en la fiesta de fin de curso. Nora le imita y se montan los dos unos conciertos con baile incluído que son para grabarlos. Además, su padre ha rescatado un viejo Casio y se lo lleva a todas partes, y toca sobre los diferentes ritmos y cambia los sonidos y lo maneja que da gusto. Y lo mejor es que tocan juntos padre e hijo, cada uno con su teclado. "Ahora tú la batería y yo la guitarra". :-) ¡Y se está aprendiendo canciones!

 Nora ya construye torres sui generis con el lego. Y Leo últimamente hace la Puerta de Alcalá. ;-)

Cantan mucho. Y se pelean mucho. Y se quieren mucho.

Seguimos jugando mucho al parchís durante la siesta de Nora.

Hemos jugado también con las emociones del Monstruo de Colores y tenemos los botes hechos en la estantería, incluído el que hizo Nora, una mezcla a la que Leo bautizó "colores". Leemos bastante ese cuento. Seguimos necesitando todos mucho verde. :-)


Les he hecho últimamente algunos juguetes, un armario para los cacharritos que Leo me ayudó a pintar con témpera, unos puzzles con palos de polo y fotos, un memory... Ya os los enseñaré.

Hemos ido al teleférico y a merendar al Templo de Debod. Un buen plan para pasar la tarde o incluso el día entero. En la estación de Casa de Campo hay un restaurante con terraza-mirador, y por supuesto la propia casa de campo. En el Templo de Debod sombra, columpios, agua, vistas preciosas...


Juegan juntos, normalmente haciendo el bruto, pero se divierten mucho. Les gusta tirarse por el suelo, revolcarse, correr, imitarse, hacer el payaso a la par.


Hace 5 días llevé a Leo al pueblo con los abuelos. Esta vez para quedarse él solo, 15 días. El verano pasado lo hicimos por primera vez y fue bien. Este año lo estaba deseando. Se lo está pasando en grande, no para. Eso sí, se acuerda mucho de Nora. Hoy miraba una foto de ella en el móvil de la abuela y decía: "qué guapa es... ¡es que la quiero mucho!". Y curiosamente, yo le estoy echando más de menos que el año pasado. Aquí nos hemos quedado solos los papis con Nora, pero por poco tiempo porque en un par de días yo me voy una semana solita a la playa con amigas. Me he lanzado y no sé si serán demasiados días para Nora, pero confío en que esté preparada. Se queda con su papá y con la ayuda de los abuelos. ¡Qué suerte tenemos con los abuelos, con los cuatro!

A la vuelta tocarán vacaciones familiares, los cuatro juntitos a la playa. Otra cosa que Leo está deseando ansiosamente. ¡Qué ganas de verles disfrutar en el mar!



Os lo contaré todo a la vuelta. ¡Felices vacaciones!

domingo, 12 de julio de 2015

17 días de calor

...y lo que nos queda. En Madrid, donde yo vivo, nos queda aún una semana entera por delante con máximas de 39º y mínimas que el viernes, por ejemplo, serán de 25º. El fin de semana al menos las máximas bajan a 36º.

Parezco el parte meteorológico, lo sé. Pero cuando vives con dos niños pequeños y ultrademandantes en un piso sin aire acondicionado que es un horno (33 grados en el salón y un efecto invernadero de lo más rico), pues acabas mirando la aplicación del móvil de la AEMET cada día como si esperaras encontrar la solución a todos los males de este país.

Y claro, no llega.

Os describo mi estado de ánimo: pesimista, cansada, apática, inapetente, hastiada, de mala leche.

Le sumo unos hongos que se vienen arriba con el calorcito y la humedad de la pisci, los cabrones; dolor de garganta y malestar general que debe ser debido al único virus superviviente a esta ola de calor; mezclo con una mega rabieta de Leo, añado un millón de “mamás” de Nora, 200 caprichos de niña de dos años (de niña mía, claro, las de los demás no son así), 40 peleas de hermanos, 350 gritos infantiles que superan los decibelios de una discoteca de las chungas (¿las hay que no lo sean?)...

Y ya tenéis mi vida.

Me siento recluída en mi propia casa, con escapadas diarias a la piscina, a 10 minutos en coche. Una piscina grande, con sombras, kiosco, ideal para niños... Un lujo de piscina. Pero saber que es el único sitio a donde podemos ir hace que sea un poco asfixiante también. Por las mañanas nos ayudan los abuelos y están con los niños unas 2-3 horas en su casa, que es un chalet y tiene una piscinita inflable.

Comencé la ola de calor yéndome yo solita al pueblo con mis hijos y mis padres. Para qué mentir, un coñazo, la casa es pequeña, para mí incómoda... y aunque mis padres son un encanto y nos llevamos muy bien, ya he comprobado muchas veces qe mejor cada uno en su casa... ;-) Horas muertas en un pueblo de Extremadura, las tardes son largas y las mañanas con ola de calor también. A las 11 era ya imposible salir.

Me salvan los ventiladores de techo, llevamos ya tres en casa. Los amo.

No me apetece leer cuentos, hacer manualidades, inventarme entretenimientos caseros... Ni sacar las témperas, ni jugar a nada. Y en esta casa hay que jugar, o juegas o mueres. Porque por supuesto mis hijos no se entretienen solos.

Necesito salir de esta rutina abrasadora. Sólo espero que la semana que viene sea la última con temperaturas tan altas. Por favor. Y lo próximo será averiguar cómo refrescar un poco esta casa.

Por supuesto, en agosto nos vamos a la playa. Apuesto uno de mis ventiladores a que hace mal tiempo.

Y al final, lo peor es que acabo gritando, enfadada, exploto y pierdo la paciencia en uno de los ataques de Leo, en uno de sus superenfados. Y no es justo, lo sé. Y empiezo a pensar que esto no va a mejorar, que los retos a los que nos somete Leo son cada vez más complejos, difíciles y bestiales. Y tengo hasta miedo. Porque no sé cómo ayudarle, ahora mismo lo tengo clarísimo. Estoy muy perdida. Y muy harta.

Lo que sí sabemos es que vamos a buscar ayuda. Ayuda para él y para nosotros. Despejar dudas, acudir a profesionales y descartar y confirmar lo que haga falta.

Ayer fue un buen día, fuimos a La Pedriza y metimos los pies en el río y luego vimos el castillo de Manzanares el Real y cenamos en una terraza. Me gustó salir de la rutina, Leo disfrutó mucho y Nora... ¡Bueno, dejemos a Nora para otro post! Pero desgasta tanto esta vida, este amor, esta crianza y este vivir entre explosiones de emociones y montañas rusas... Y el calor no ayuda a tener fuerzas ni energía.

Hasta este año, el verano era mi estación favorita y me declaraba fan del Sol.

¿Lo superaremos? Hoy, ahora, no soy capaz de afirmarlo del todo. Espero que sí, deseo que así sea. Juntos. Siempre juntos. 



jueves, 8 de enero de 2015

Unas buenas navidades

El mes de diciembre ha sido bueno. Intenso, pero feliz. Las navidades han pasado con mucho tiempo libre bien aprovechado, con juegos, manualidades, horarios cambiados... Nos hemos estado levantando tardísimo, ¡a las 10 u 11 de la mañana a veces! Una noche Nora hizo 7 horas del tirón, sólo eso merece una entrada en el blog. :-) Ha habido también broncas, alguna pelea, llantos... momentos de desesperación provocados por mis hijos-lapa, algún estrés por ahí suelto... Pero en general, terminamos el año felices. ¡Esto va para adelante y el 2015 tiene que ser el año del cambio!

La última semana de cole ya fue como el previo. Los abuelos nos dejaban solitos dos semanas y había que empezar con ganas. Por suerte el tiempo acompañaba y además de alguna breve incursión en el “espíritu navideño”, teníamos parque y sol.





Además comencé con mi fiebre de las manualidades y me hice unos renos para el amigo invisible de la pequeteca de Nora (ella recibió unos papá Noel para el árbol a los que llama de una forma muy graciosa, como “papá eeé”), un yogur decorado para colgar del árbol de los deseos del cole de Leo, un intento de estrella para el árbol de Navidad que acabó en la basura (pero nos lo pasamos muy bien haciéndola), un paisaje navideño en la ventana y unas tarjetas para la familia que Leo repartió con mucho orgullo. Él me ayudó en casi todo, Nora en algunas cosas. El paisaje en la ventana no es la primera vez que lo hacemos y es un éxito seguro. Esta vez Leo fue el creador absoluto de las luces de Navidad entre los árboles y de gran parte de la distribución general. ;-)


El día 14 fuimos al teatro con los dos, era la primera vez. Salió muy bien, la obra fue un acierto. Para niños de 0 a 6 años. La reina de los colores, en el teatro Plotpoint, en Delicias. Nora se asustó con el comienzo, pero en los brazos de papá se le pasó. Estuvo seria pero muy muy atenta. Leo participó mucho y volvió a casa contentísimo. Para él los viajes de ida y vuelta en el tren y el metro forman parte de la diversión. ¡La recomiendo!


Fuimos a comprar el árbol juntos y lo pusimos por fin el día 16. Les encantó. Las luces sobretodo. Es la primera navidad en la que Leo es consciente de verdad de todo y ha disfrutado mucho. Y Nora como es feliz per se y además mimetiza las juergas que da gusto, pues imaginaos.

El 17 hubo un espectáculo en el cole divertidísimo, que organizaron varias profesoras, entre ellas la de Leo. Lo hicieron por la tarde y fuimos muchísimas familias. Después el AMPA hizo chocolate y mis hijos acabaron jugando en el escenario con aros y pelotas.


Cuando no hay ayuda de la familia tener planes es imprescindible, en mi casa al menos si pasamos más de dos días de no hacer nada, los niños mutan y se convierten en monstruitos roba-energía-y-buen-humor. Así que a planear se ha dicho. El 17 era también el último día de pequeteca y Nora lo pasó muy bien, básicamente porque no paró de comer guarrerías en la mini fiesta que hicimos. Y al día siguiente, cumple de unas niñas de la clase de Leo, con actuación de un mago, castillo hinchable y máaas guarrerías y dulces.

Y el 19 acabó el cole, con fiesta elegante y uvas y más conciertos y visita de los reyes magos. Por la tarde fuimos a ver actuar a una cuentacuentos que ya conocemos y que a Leo le encanta, hasta le da un beso al despedirse y eso en él es mucho, ya os lo digo.

El sol siguió acompañando y tuvimos calle varios días, con búsqueda de palos y piedras y columpios. Los días de sol en invierno son maravillosos. También tuvimos un día de parque de bolas, genial porque no había casi nadie, era día 21 y Leo y Nora se lo pasaron pipa recorriéndolo entero (el papá hizo de acompañante, que Leo puede entrar solo pero Nora no, y allí son muy majos y dejan que los adultos nos deslomemos con nuestros hijos, jajaja). Además siempre le pintan la cara y eso le mola.







 El 23 nos fuimos al Museo de Ciencias Naturales por la mañana (en tren, por supuesto). Íbamos a ver unos títeres de dinosaurios pero estaban las entradas agotadas, había muchísima gente. Casi mejor porque Leo no estaba muy receptivo. Le dieron igual todas las reproducciones de animales excepto un cocodrilo al que miró durante unos pocos segundos. Ni el diplodocus gigante le impresionó. Eso sí, nos salvaron unas pantallitas interactivas en las que al ponerte tú delante con una especie de tableta, salías con un dinosaurio caminando. Luego a hacer el cabra fuera un rato y de vuelta a casa.

Llegamos a Nochebuena y vienen los abuelos (no los que se han ido de vacaciones, los otros). Cena con la familia de la que sale llorando Leo a las 00 h. porque no quiere irse a la cama. Por supuesto 5 minutos después estaba sobado en el coche. Este año se ha aprendido varios villancicos, los ha cantado, bailado y tocado con “los musicales” (los instrumentos). Acompañado por la siempre-complaciente-cuando-hay-juerga Nora. ¡Hasta se ha inventado una canción sobre un árbol de navidad! Su vena creativa está saliendo a la luz. El 25 más familia, perfecto porque ese día no había plan y nos salvó la visita del primito en casa. Tiene 7 meses y mis hijos le adoran.


El 26 otro de esos días regalados con un sol cálido. Al parque y sin abrigo, un lujazo. Por la tarde a la biblioteca a coger cuentos. El 27 otro cumple de una amiguita. Nos lo pasamos muy bien, Nora descubre los castillos hinchables (había uno alquilado por los padres de la cumpleañera) y salta como una profesional. Pero al final, sobre las 21 h., ocurre un pequeño accidente, a Leo le pisan en el castillo (yo ni lo vi, aisss, él decía que se le habían tirado encima "un montón de niñas") y acabamos en el hospital. Pronación dolorosa en el brazo curada in extremis por una doctora que hace magia y le deja como nuevo. Vaya 3 horas horribles con Leo llorando de dolor, dos radiografías con intento de huida y Nora subiéndose a las sillas de la sala de espera para ver si amortizábamos el viaje. Mi pobre niño, ya en el coche me decía que podíamos mandarle un wassap a la doctora para decirla que lo había hecho muy bien. :-D


El 31 los abuelos están ya de vuelta, Nochevieja muy tranquila y después de las uvas a casa porque Leo está cansado y con dolor de barriga. Bueno y el papá también y la abuela con lumbalgia. Cosas que pasan.

Pero el 2015 empieza bien y día 2 lo pasamos con amigos, amigos con hijas mayores con las que Leo se entretiene un montón. Descubre el lego (no el duplo, el de verdad) y hace de niño independiente con su querida amiguita de 9 años, a la que nos apetece siempre adoptar, jajaja.

El 3 es día de los papis, comida con amigos. Todos dejamos a los niños por ahí (bien cuidados, se entiende, jajaja) y de 14 a 20:30 horas no cambiamos ni un pañal, ni limpiamos mocos, ni regañamos a nadie ni leemos cuentos.

El 4 ooootra vez el sol me da toda la vida en el parque. Además es una de esas mañanas en las que puedo ver cómo mis hijos juegan sin mí, yo me dedico a mirar y hacer fotos. ¡Esto no es muy habitual! Por la tarde... descubrimos Frozen. La ven por primera vez. Enterita. Bueno, Nora no, claro, aunque no le hace falta, ya llama a Ana cada dos por tres. Más tarde llegan amigas a casa, de mamá, una de ellas con niño incluído... Y a jugar. 






Día 5. Cabalgata. Chocolate. Dejar galletas y agua debajo del árbol. Siento que estoy engañando a Leo con todo el rollo de las galletas pero es que son los Reyes Magos. ¡Los Reyes! Y el día 6... El mejor día de las navidades. Mi preferido de toda la vida. Y este año hemos acertado con todos los regalos, y encima creo que no han sido demasiados. Baúl de disfraces hecho con un tupper de los chinos y complementos varios (y algún disfraz regalado). Cocinita (modesta pero resultona). Patinete para Leo (8 euros en Segundamano), moto para Nora (nos la ha dado una amiga), un cuento para cada uno. Abuelos 1: playeras. Abuelos 2: juguetillo consistente en dos pizarras magnéticas con un niño y una niña a los que vestir con prendas. Mola bastante. Una mini cámara de fotos de Spíderman y un bebé con bañera de unos tíos míos (esto sin nuestra aprobación, pero bueno no se puede controlar todo. Si nos hubieran preguntado habríamos sugerido otras cosas, algo más modesto o que sabemos que van a usar más. En fin).

¡Les encanta todo! Aún queda algún regalo que sé que les caerá, de algunas tías mías que vendrán a visitarnos pronto, pero eso ya no lo cuento como Reyes, es simplemente familia que viene pocas veces al año y sí o sí traen algo para los niños.

El día 6 hubo ruta por las casas de los abuelos y además Leo se quedó a dormir donde mis padres. Hoy ha estrenado su patinete con ellos y por la tarde sólo quería estar en casa para jugar con los regalos. 

 
Hemos tenido un poco de todo, se nos quedó colgado el Navibus porque nos pillaron unos días demasiado fríos, fuimos también una mañana a ver una exhibición de patinaje infantil y juvenil que a Nora le flipó. A Leo también, aunque menos porque la música estaba muy alta. ¡Necesitamos unas orejeras para amortiguar sonidos ya mismo! Hemos tenido momentos malos sobretodo con Nora, que está muy rebelde y provocadora. Llora insistentemente por cualquier cosa, sobretodo por mamá. Pero en general ha estado bien. ¿Acabará gustándome la Navidad al final? Desde luego con niños es otra cosa... Y con amor. Con amor del bueno todo es mejor.

El 2015 tiene que ser mejor que el 2014, de eso estoy segura. Y el comienzo así lo augura.

¡Feliz año nuevo!





jueves, 7 de agosto de 2014

El verano hace que crezcan

O eso me gusta pensar a mí. No sé dónde leí hace tiempo que en verano es cuando más les crecen los pies a los niños. Con Leo fue así el segundo verano de su vida, el primero que hubo que comprarle calzado. ¡Me parece que fueron dos números! Así que desde entonces es algo que tengo grabado a fuego y lo de menos es que se haya vuelto a repetir, ¡jajaja! De hecho me gusta pensar que también maduran y se hacen muy mayores y se les nota mucho. Leo dio un gran cambio en su verano de antes de empezar el cole, lo que no sé es si ese verano le crecieron los pies...

Este verano ha empezado prometedor. El último día de clase Leo pidió hacer caca en el water. Llevaba unos 10 meses pidiendo el pañal para hacerla, básicamente desde que empezó a controlar esfínteres en agosto. Su frase estrella este curso ha sido “caca pañal” o en su versión extendida “caca en el pañal”. Nosotros con calma, ponemos pañal y luego quitamos pañal y luego limpiamos culo. Sabemos que es bastante habitual esto de las cacas y los lugares y costumbres “extrañas” en relación a ellas. Pues lo dicho, el último día de clase, pocas horas después de darle las vacaciones, pidió hacerlo en el water. Y así estuvo un par de días... Casi cantábamos victoria, ¡el verano no me defraudaba!

Pero no. Ha vuelto al pañal. Lo del water no duró ni una semana, aunque ha dejado un poso, un rayo de esperanza: en casa de mis suegros sí caga en el water. Según él, porque ese water no le da miedo. ¡Es un rollista!

Otro gran signo de madurez veraniega ha sido que se ha ido al pueblo unos días con los abuelos. Él decía que se iba 10, y realmente han sido 11 pero para él siempre serán 10. Se lo propusimos nosotros sin muchas expectativas, pero decía que sí... y siguió diciéndolo hasta el final. Increíble. Había pasado dos noches fuera antes (no seguidas), también con mis padres pero en la casa que tienen en nuestro barrio.
Y lo mejor es que parece que se lo ha pasado muy bien. También es cierto que no ha querido hablar con nosotros por teléfono, excepto los 2 primeros días y el último, para decirnos que ya volvía. Supongo que prefería no recordarnos mucho, yo qué sé. Una vez empezó a decir “mamá mamá mamá” medio lloroso, y a veces, según mi madre, “se ponía tierno” y les abrazaba... Pero le ha venido de perlas la experiencia, ha disfrutado, ha hecho cosas de campo, ha ayudado a mi padre y mis tíos en la huerta, se ha bañado en el río, ha hecho una amiga de 3 años con la que se llevaba fatal y otra de 13 con la que se llevaba muy bien. Ha entrado en casas ajenas como si nada y ha dado abrazos y besos porque sí a una tía abuela mía a la que ha cogido mucho cariño. También ha gruñido a mucha gente para no hablarles y ha soportado muchos “¿pero no me das un besiiiitooooo?”. Luego nos quejamos, ¡si es que les obligamos los adultos a ser maleducados! ¿A la enésima vez qué va a contestar el chaval? Pues un “¡no!” brusco y con mala hostia, y además te quedas sin el adiós, por pesada.

Pensábamos que iba a volver enfadado con la vida (su estado natural, por otro lado), pero para ser Leo está suave suave. Y muy amable con su hermana. Todo muy raro.

Tampoco os creáis, que volvió el miércoles y ya hemos vivido un par de berrinches. Ahora nos queda superar un principio de faringitis con fiebre, ¡y el lunes a la playa los 4 una semana! Mañana estamos ya solos ante el peligro, sin abuelos hasta el 24, creo. Todo un reto. Pero este verano lo vamos a pasar todos con nota, lo veo claro. Los dos adultos de la familia nos estamos portando también muy bien.

¿Y yo le he echado de menos? Pues sí, mucho. Sobretodo porque me preocupaba que nos echara de menos él y que no supiera expresarlo. Lo de no querer hablar con nosotros ni DE nosotros me tenía un poco mosqueada. Pero quizá ha sido su forma de sobrellevarlo mejor; que le apeteciera irse no significa que no se sintiera a ratos un poquillo mal, y habrá buscado sus trucos para superarlo. Digo yo, vamos, que ni idea de lo que pasa por la mente de este niño. Pero la verdad es que aparte de esa preocupación, he estado bien, no lloré cuando se fue, no he sentido un gran vacío triste a mi alrededor... Tenía ganas de que volviera porque quería verle, pero hemos estado muy tranquilos por aquí, todo hay que decirlo, ¡jajaja!

En estos días Nora se ha enganchado a los cantajuegos y su adicción por mamá ha aumentado más si cabe, así que tampoco hemos estado en plan oasis de paz y amor adulto... ;-) Pero vaya si se nota la diferencia entre uno y dos, ¡sobretodo teniendo más abuelos que se llevan a la que se queda todos los días un rato!

Ella, Nora, ha crecido también, cada vez hace más cosas de “niña” y no de bebé... Pero ya me queda muy largo este post, lo de ella en otro.

¡Feliz maternidad!


lunes, 30 de junio de 2014

Planes veraniegos

Porque por desgracia no sólo de playa se vive en verano...

Le damos mucha caña a la piscina, claro. Si no es la muerte, al menos donde yo vivo, que no hay un triste parque con árboles grandes o 100 metros de acera a la sombra. Por suerte tenemos dos donde elegir, la de la urba y otra más grande con varias piscinas, una infantil muy chula, mucho cesped a la sombra, merendero, chiringuito... Eso sí, con los dos enanos está complicado ir yo sola, de momento siempre los cuatro en pack o división por parejas. Desde luego es la actividad estrella del verano.

Lo malo es que al segundo día Nora estaba ya con mocos y anoche pasamos noche infernal con posibilidad de que se hayan pasado al oído. Gajes del oficio que espero que no vayan a más.

Para días no-aptos-para-pisci siempre está el recurso de la bañera en casa. Más cutre pero efectivo un ratillo. 

Muy cutre también es la opción de "bajar a la urbanización" sin más. Al menos hay sombra, y como la piscina está también en esa sombra, pues por la tarde casi que se está mejor en el cesped o jugando a la pelota por los soportales. Pero vamos, no da mucho de sí y a mí personalmente me parece un poco coñazo...

En el barrio poco más hay... Terracitas a partir de las 19-20 horas. Antes es un suplicio. Y claro, eso no te soluciona el día. Algún parque hay de los más antiguos, con muchas sombras, pero en pleno julio por mucha sombra que haya... Son un desierto y poco apetecibles.

Planes fuera del barrio. Vivimos en Madrid así que al menos no faltan opciones: Retiro, parque Juan Carlos I, Parque Eurora... Todos con actividades para niños (que si barcas, que si trenecitos...), sombra, agua, mucho espacio... Tenemos pendiente el teleférico, lo que pasa es que es un pastón, lo mismo que el parque de atracciones. También hay cosas más originales como Burrolandia (que es gratis).

Buscar algo de campo o de verde, ya sea más o menos "enlatado", siempre está bien. Y está la sierra de Madrid, pero para eso hay que hacer ya un buen viajecito en coche, al menos desde donde yo vivo. Y ya os contaré la maravillosa relación que tenemos en esta familia con el coche.

Además, somos de momento un poco reacios a tirarnos a la naturaleza sin más, porque a Leo no le gusta nada andar y no es un niño de "entretenimiento fácil", digámoslo así. Así que por muy bonito que sea el paisaje, a los 10 minutos él va a estar ya aburrido. La pelota siempre es buena aliada, pero para jugar a la pelota en un radio de 100 metros cuadrados, pues no nos hacemos una hora en coche. A ver si poco a poco vamos ampliando horizontes y le ayudamos a disfrutar de un paseo bajo los árboles y el cielo azul. :-)

Hace poco descubrí esta web, Mamá tiene un plan. Está muy bien para coger ideas de todo tipo y buscar espectáculos infantiles. Obras de teatro, cuentacuentos... Los hay no sólo para niños, también para bebés, y suelen estar muy curradas. Yo he ido a alguna en la Escalera de Jacob y merece la pena, y ya te plantas en el centro y te das un paseíto.

Centros comerciales. Sí, tenía que decirlo, lo siento. Son horribles y cuando llevas un rato allí dentro es como cuando vas en un avión y se te taponan los oídos, pero se está fresquito y a veces hay chorraditas para los niños. Que si un pinta caras, que si un carrusel de coches, que si un castillo hinchable... En mi barrio hay un centro comercial en concreto que suele poner cosas de ésas gratis y no hay mucha gente. 

Además, en otro de ellos (de los grandes grandes) tienen chorros de agua fuera que salen del suelo con diferente intensidad, y es muy muy divertido. Pero no puedes ir pronto porque no hay una mísera sombra, ¡antes de las 19 horas es incluso una imprudencia! (por cierto que para chorros de agua está también Madrid Río, y parece que por allí sí hay sombras).

Antes de que Nora se convirtiera en un terremoto con patas, un buen plan era coger el metro (o el tren)... ¡y a donde nos llevara, eso era lo de menos! A Leo le encantan los trenes y para él es una aventura, se lo pasa pipa. Pero con la enana ya se nos complica esto porque sólo quiere andar por los vagones y si no la dejas se pone a berrear.

Ahora que hablo de trenes, el museo del ferrocarril es muy recomendable. No echas todo el día allí, pero un buen rato sí. Y está también el tren de Arganda, que aunque sólo funciona en otoño y primavera, merece estar en este post por bonito y barato (se nota que por esta casa triunfa el tren, ¿eh?).

Algo que me apetece hacer este verano con Leo es ir a la biblioteca. Buscar un día, un momento a la semana e ir a ver cuentos, leerlos y cogerlos en préstamo. Creo que puede ser un éxito si lo convertimos en rutina. Pero necesito hacerlo a solas con él, Nora es muy pequeña aún y yo necesitaría estar al 100% con Leo allí. ¡Pendiente buscar hueco!

Y para los ratos en casa, pues lo que se tercie: correr, saltar en la cama, bailar, jugar a las cartas, al dominó, con los coches, el lego, las pegatinas (un éxito seguro en Leo, aunque efímero como todo lo demás, jajaja), los libritos de actividades (se ha ventilado en unos tres ratitos uno de Timun Más, creo, que costaba 8 eurazos!!)... La cosa es que para casi todo requiere de nuestra total y más entregada colaboración, así que sobretodo paciencia, paciencia y más paciencia. ¡Porque a veces te aburres mucho!

Las manualidades dan juego... pero con otros niños sobretodo, ¡jajaja! Aunque hacemos cosillas; si no abuso le atraen. Cosas fáciles, no muy elaboradas y que se vea enseguida el resultado. Una silueta gigante de su cuerpo, un cuadro de papel celofán de colores pegados en una cartulina, quizá un antifaz o un gorro para que se disfrace... Me suelen dar pereza porque ya digo que no es muy fan, pero de vez en cuando nos vienen bien. También jugamos con globos y pompas de jabón. Saco muchas ideas de estos dos blogs: Mi espacio para Ernesto y Para mi peque con amor, y me voy apuntando las que me gustan en un archivo.

Y diréis: ¿y la peque? ¿ella qué hace? Pues ella... va donde vayamos los demás, ¡jajaja! Y en casa juega a lo que juguemos los demás, o juega con alguna otra cosa que pilla por ahí, o protesta y llora pidiendo teta o protesta y llora pidiendo cuentos. 

Ah, y sobre ver dibujos: yo he llegado a un punto de casi total permisividad. El día es muy largo y da tiempo a todo. Hay cosas peores que una hora de Peppa Pig por la mañana y media de Bob Esponja por la noche. Y si después de comer cae algo más, una peli por ejemplo (que no verá entera porque se aburrirá antes), pues tampoco pasa nada.

Una cosa más, importantísima para mí: con amigos (amigos con hijos, ya es perfecto) todo es más fácil y divertido ;-) La pena es que no lo comprobemos tanto como quisiéramos...

Seguro que me dejo muchos sitios a los que hemos ido o queremos ir. Ya sabéis, el verano es muy largo y la memoria de las madres escasa así que si vosotras tenéis más ideas... ¡a comentar!

¡Besitos veraniegos!

miércoles, 23 de abril de 2014

Del 4 al 11

Vale vale, perdón. Así por resumir, semana santa superada. No ha sido tan terrible. La casa rural un acierto, a los niños les gustó y a nosotros además nos ayudó a pasar las vacaciones más entretenidos y sin la sensación de no poder más. Un poco de campo, caballos, burros, pelota, flores, columpios, paseos, bichos varios y vuelta a casa. 

Y aquí, pues buen tiempo que siempre es un punto a favor, parque, amigos (amigos de los adultos, otro gran punto a favor), buen humor después de un poco de mal humor (sí, otra vez los papis estresados) y de repente... ¡ya es lunes y el martes al cole!

Ha habido rabietas también, por supuesto. Leo no es Leo sin sus rabietas. Y más de una muy gorda. Pero lo hemos pasado muy bien. La vuelta al cole parece que sin traumas, aunque el martes hubo cumple de amiguitos de clase por la tarde, en un parque de bolas donde los padres no podíamos estar, y aunque aparentemente estuvo las dos horas que duraba muy bien y contento, al llegar a casa la lío parda. Quizá fue demasiado estrés para él, primer día de cole y además eso... Era la primera vez que estaba en un cumple así, tan organizado, sin padres, haciendo filas, poniéndose petos... A mí me pilló por sorpresa, no me lo esperaba. En fin.

Y yo sin muchas ganas de escribir, un poco vaga, a ver si retomo alguna rutina y descanso un poco más que llevo unas noches mu malas.

¡Nos vemos!

lunes, 14 de abril de 2014

Día 3



¡Qué bien hemos dormido! La vida es de otro color así. Leo del tirón en su camita, 11 horas largas. Nora se ha despertado muy poco, no sabría decir cuántas veces, eso es buena señal. De hecho no recuerdo ninguna vez desde que me dormí, aunque O. dice que la ha oído.

Los cuatro en la cama recién despiertos a las 9. Contentos y jugando, abrazados, hasta que Leo empieza a hacer el burro tirándose una y otra vez encima de su padre. Al final le cae bronca. ¿Esto no lo escribí ayer? Ah sí, que pasa toooodos los días, es verdad.

Nada, no tiene importancia. Somos expertos en diluir los ataques de mala leche repentinos. El día avanza, yo juego con Leo, papá juega con Leo. Nora juega también con todos, bueno con papá sobretodo pide brazos (a falta de teta...). Risas, bronca, risas, más risas, juegos, bronca... Nos vamos al parque un rato. ¡Qué calor! Leo practica sus saltos, ahora quiere saltar desde todos los sitios. Considera que es algo muy “de mayores”. Nora se entretiene mirando a los niños y en el tobogán.

Volvemos a casa y hay sopa de cocido con zanahoria. Montones de zanahoria que Leo come y come. Nora mientras tanto está durmiendo la siesta, hoy ella comerá después. A las 16:30 vienen los abuelos y se llevan a los niños. Nosotros aprovechamos para organizar las comidas de nuestras vacaciones, la lista de lo que hay que llevarse y la lista de lo que compraremos allí. Me ducho, hacemos la maleta intentando dejar lo menos posible para mañana, cargamos unas pelis en el portátil (hay wifi en la casa pero nunca se sabe), guardo unos juguetes también... Y ya. Queda un rato para que vuelvan los niños y entremos en la lucha por ducharse, en la dinámica de cenas y e irse a la cama, y cada uno se relaja como más le apetece. Yo, entre otras cosas, empiezo a escribir esta entrada.

Y a final resulta que no hay tanta lucha, porque Leo está emocionado con el viaje, ve las maletas al llegar a casa y se ducha tranquilamente porque le decirmos que cuando acabe puede pasearlas por la casa. Se come el brécol porque le decimos que mañana en la casa rural vamos a hacer pasta. ¡Está contentísimo y con muchas ganar de irse!

Después de cenar se sienta en el sofá a terminar de ver Bob Esponja mientras Nora hace prácticas de andar sola, sin manitas ni su silla (que usa como andador); está feliz y orgullosa mientras va de papá a mamá y vuelta una y otra vez. Le falta poco, muy poco para soltarse definitivamente. Sabe ponerse de pie desde el suelo sin apoyos y empieza a saber frenarse.

Mañana del tirón, nos levantamos, desayunamos, nos preparamos, terminamos de guardar las últimas cosillas... ¡y hacia nuestra casita rural! Hay que parar a echar gasolina, a comprar un par de cosillas, a sacar dinero... ¡Y además soy una novata al volante! ¿¿Lograremos llegar antes de la hora de comer??

Los días 4 y 5 los dejo en stand by. El día 6 (o 7, no me comprometo) nos vemos.

Buenas noches... ¡y a pasarlo bien!

sábado, 12 de abril de 2014

Día 2


Estoy reventada. Y no por el día que hemos tenido, sino sobretodo por la noche que he pasado. Leo se despertó empapado en sudor y sentado en el suelo a los pies de su cama (al menos así me lo encontré yo). Se vino a dormir conmigo y se pasó una hora gimiendo y gritando. Nora se despertó un par de veces en ese intervalo. Esto debió ser hacia las 2. Yo me desvelé y no me dormí hasta las tantas. Esta mañana Nora ha aguantado hasta las 10, ¿o eran las 9:30? Da igual. Leo llevaba un ratín despierto y a mí me ha costado ponerme en marcha. Se ha llevado unos cuantos gritos; a veces, cuando estoy así, cansada y de mal humor por dormir poco, mi paciencia se esfuma. Las mañanas no son lo mío, soy más bien noctámbula. Él me pedía que jugáramos juntos y yo ni había desayunado, se tiraba encima de mí, me agobiaba, sí, no lo puedo evitar, es como una pequeña lapa. O. me decía que relajara y a mí me costaba. Dice (y tiene razón) que no debo regañarle por eso porque es su forma de establecer contacto físico conmigo, su forma de abrazarme, de demostrarme cariño... Lo sé, pero a veces no lo soporto. Es muy bruto, hace daño y no se da cuenta, se lo dices y no le importa, es más, se empeña más en ... en... ¡no sé, en intertar atravesarte! En esos momentos por mi cabeza sólo pasan imágenes de niños jugando felices con sus juguetes, imaginando historias, mientras sus padres intercambian... qué sé yo, un par de docenas de frases seguidas.

Ha habido lloros, le he castigado en la trona más de una vez porque no me dejaba en paz y no me hacía caso en nada. Al final le hemos puesto dibujos en el ordenador, O. se ha llevado a Nora a dar un paseo y yo por fin he conseguido relajarme. Serían las 13 h.

La tarde ha subido el nivel del día. Habíamos decidido ir al centro, por eso hemos aguantado la mañana en casa con Leo. Hemos aprovechado para ducharnos y Leo se ha dado un buen baño con sus cubitos, disfruta un montón en la bañera salpicando y nadando, como él dice. Se parte de risa. Y Nora encantada mirándole e intentando tocar el agua apoyada en el borde. Vamos, que no toda la mañana ha sido un infierno.

Para Leo lo mejor de ir al centro es el viaje, porque vamos en tren. ¡Le encantan los trenes! Desde la ventana de nuestra casa se ve la vía del metro y desde muy pequeñito veía los trenes pasar. Además hasta hace un año yo no tenía coche e íbamos a todos lados en transporte público. Hemos ido en metro y hemos hecho transbordo al cercanías hasta Atocha. Imagináos, se lo ha pasado pipa. No para de preguntar el nombre de las estaciones, y mira mamá, y se ve esto, y se ve lo otro, y ahora un túnel, y ahora vamos a ver cómo se va este tren... Después paseíto corto hasta el Caixa Forum y ha empezado a llover, nos hemos metido en una cafetería que tenía ganas de conocer, Cups and Kids, y allí hemos merendado y jugado hasta que la lluvia ha cesado y nos hemos vuelto a casa con Leo encantado otra vez y Nora luchando por bajar de nuestro regazo para darse un paseo. Esta niña no para quieta.

Día 2 superado, sólo espero dormir más esta noche. Mañana toca hacer la bolsa, mirar la ruta a la casa rural, pensar qué comida llevamos y qué compramos... Serán sólo dos días, pero con estos dos terremotos hiperdemandantes cuanta más organización mejor, por desgracia para mí.

¡Buenas noches!

Día 1



Comenzamos el viernes a las 8 de la mañana. Bueno, comienza el papi que es el que se levanta con Leo. Mamá y Nora duermen hasta las 10:30, ¡yuju! Por lo visto papi se ha tenido que morder la lengua en varias ocasiones pero ha aguantado como un campeón. Yo me levanto y sí, constatado: Leo está puñetero. A las 12:30 hemos quedado en el centro comercial con varias mamás del cole para comer. Papá se libera y yo me voy para allá.

Las mamás del cole, o en general “las otras mamás” se merecen post aparte; sólo diré que desde las 12:30 hasta las casi 16:30 que estoy allí, me tensan más ellas que mis dos hijos. ¿Cómo puede ser que ellas regañen a sus hijos por todas las cosas por las que yo no regañaría al mío, y viceversa? Nos sentamos a comer en una mesa larguísima (somos 6 adultas, 6 niños y 4 bebés) y soy la única que se sienta al lado de su hijo. Las demás les mandan al otro extremo de la mesa. Conclusión: estoy rodeada de niños, no me llega la comida y no me entero de las conversaciones. Bueno, no importa. Prefiero poder ayudar a mi hijo a bajarse de la silla si lo necesita, o poder hablar con él si me pregunta algo sin tener que dar gritos. Y lo más impontante: sé que él prefiere que yo esté cerca y se va a sentir más seguro así.

Me doy cuenta una vez más de que mi hijo es diferente en muchos aspectos (¿o a lo mejor es nuestra forma de relacionarnos entre nosotros la distinta?), que me reclama más, que es “más niño”, menos espabilado o como quiera decirlo la gente. Más inocente, más tímido, también más dependiente de mí... Y no me importa en absoluto, le veo divertirse, le veo contento. A veces tengo que animarle a jugar con los demás, le doy las pautas iniciales, pero enseguida coge el tranquillo. Bien.

Juegan, suben en las atracciones, se pelean, comen un helado, nos vamos fuera, corren y saltan... Mientras, yo oigo a qué meses aplicaron el método Estivill las otras madres a sus hijas. Bueno, qué se le va a hacer. Es lo que hay y son las mamás de los compañeros de clase de Leo, no voy a meterme en batallas perdidas de antemano. Son majas, unas más que otras, son las mamás del cole, tampoco es necesario que sean mis almas gemelas. Y sé que a mi hijo le viene bien juntarse con otros niños, aprender cada vez mejor a jugar y a relacionarse, y sé que le podemos ayudar estando con él y con sus amiguitos. Me compensa.

La cuestión es que para mí hay cosas que son propias de los niños, de ser niños, y ni merece la pena ni es justo para ellos empeñarnos en que no las hagan o en que se comporten de forma diferente. No digo que no puedas quejarte, no digo que tengan que gustarte. Ni siquiera pienso que no haya que regañarles a veces. Puedes intentar que no las hagan en un determinado momento, puedes intentar que empaticen contigo y por un extraño milagro acepten tus condiciones, puedes ir soltanto tu chapa de adulta, poco a poco se les irán quedando todas las convenciones y normas sociales y también lo que está “bien” y lo que está “menos bien”, pero yo asumo que esas “cosas de niños” son normales y ni hay que poner el grito en el cielo ni hay que luchar a muerte contra ellas. No pedir perdón, pegarle un manotazo a un amiguito o quitarle un juguete en medio de un juego, no aguantar en la silla sentado más de 10 minutos seguidos, pillarse un berrinche... Quizá hay que ir intentando que se controlen poco a poco pero desde luego ni imponerlo ni actuar como si tu hijo le hubiera dado una patada en la boca a otro.

A la vez, hay una extraña obsesión por que “se apañen solos” y por menospreciar lo que sienten; cuando uno llora pidiendo su juguete y el otro no se lo da no hay que intervenir, “que espabile”. Cuando se queja de que sus amiguitos no le dejan jugar es un chivato... Aparte de que parece que todo se basa en las apariencias, porque en más de una ocasión he visto a un niño hacerle de rabiar a otro una y otra vez, y la madre tan tranquila en el banco del parque. Eso sí, si le pega ya sí, ya entonces le cae un broncón (que no digo que pegar no tenga importancia, pero hay algunas otras cosas que también).

No sé, sé lo dificil que es ser coherente pero a veces pienso que vivo en el mundo al revés.

Bueno, que me despisto. Nora se porta muy bien, se divierte, Leo se porta muy bien y se divierte también. A las 16:30 les llevo con los abuelos a pasar la tarde y Nora por fin cae rendida en el coche. Ahora me toca descansar y tomarme un pedazo de café en casita. Relax, quedarme casi traspuesta en el sofá mientras trasteo en internet (mientras no hago nada, en resumen. Qué placer) y luego salir a tomar algo con mi chico. A las 20:30 llegan los niños, Leo es un terremoto y tiene que liarla un poco para liberar adrenalina, pero se solventa sin problemas. Hoy no hay ducha así que un conflicto menos. A las 21:30 está sopa. Nora un poco más tarde, a las 22:15.

El balance es positivo, primer día superado sin (casi) gritos y sin chungueríos. 

¡Buenas noches!