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martes, 3 de mayo de 2016

Momentos de juego en primavera...

Empezamos con frío...


 jugando en los parques.


 Los columpios...


Mamá, ¿me pintas la cara?

 

Mañanas al sol al salir de la pequeteca.


 Y más mañanas al sol, con las bicis...


Y tardes en familia, con la pelota...

 

El sol me regenera y me salva, ¡¡me alimenta!!

Ahora no estoy con muchas ganas de escribir, pero de repente me ha apetecido dejar estos trocitos de felicidad. Por aquí seguimos, los 4, amándonos y sobreviviendo, sin dejar de aprender.

Feliz maternidad. :-)



sábado, 16 de mayo de 2015

Un poquito de los dos

Seguimos en la montaña rusa. Ahora bajando, bajando mucho. Hace una semana éramos felices. Hace un día que hemos explotado de nuevo.

No sé hasta qué punto tiene que ver esto con la paternidad. No sé si quiero analizarlo aquí.

Pero sí quiero seguir hablando de ellos, de sus sonrisas, de sus locuras, de sus enfados. De Leo con su seguridad aplastante, con su orgullo, con su “yo quiero ganar el primero”, “yo corro más”, de Nora con su “yo también”, con su “como Leo” y su “yo solita”.

Me parto de risa con ella, me quedo alucinada con él. Hoy no quiero hablar mucho, sólo quiero que respire un poquito el amor de esta familia en el blog.


Amor como éste. Cuando se ponen así, en modo “nos queremos mucho, mirad”, no sabes si reir o llorar de la emoción. :-D 


Miradas como ésta. Nora está más pilla, gamberra, pícara, traviesa... que nunca. Nos trae de cabeza pero es tan, tan graciosa...  Habla por los codos, no suelta el "por qué" de la boca, y por supuesto sigue intensa, intensa hasta querer morirte...


Y de repente tiene momentos como éste. Saca todos los juguetes que están a su alcance y hace composiciones por toda la casa. Se entretiene un ratillo y al menos yo puedo simplemente sentarme a observarla (porque muchas veces tienes que estar ahí, no acepta estar sola). La última vez estábamos en la habitación, quise tumbarme en la cama pero no me dejó; "mamá sentada", decía. Así que sentada, mirando el móvil a escondidas, jaja.


Y aquí el loco de la casa. Su risa es lo mejor, lo mejor del mundo. Bueno, menos cuando le da el ataque en la ducha y su padre no puede seguir lavándole y hay que respirar hondo mucho. ;-)


Está tan mayor... Todo el rato intentando superar retos, todo el rato frustrándose si no lo consigue. Llora mucho, muy fuerte, desobedece mucho, se rebela, le sobra energía por los cuatro costados, no para quieto. Pero a la vez es un niño muy inocente, comparándole con otros de su clase. Es como un niño de 4 años, como lo que es. Hay niños a esa edad que parece que tienen 8, que ya no ven dibujos si no son de superhéroes, que ya no juegan con niñas, que sólo quieren ser futbolistas y se saben los equipos de primera división... Recuerdo una vez que le preguntaron a Leo: ¿y tú de qué equipo eres? Y él me miró diciendo: ¿¿eh??

Leo se pasa el día queriendo ser más fuerte, y dice "mira mamá, mira como tengo la bola" e intenta sacar biceps. Eso lo ha sacado de su abuelo y de Popeye. Bueno, al menos así come espinacas. Eso sí, sólo con los abuelos, misterios de la vida. Después ves a Nora haciendo el gesto y diciendo "mira la bola mamá" y te meas. 

Leo dice que no tiene miedo a nada, pero luego oye una sirena de bomberos muy muy cerca y no se acerca porque le da miedo, y te lo dice sin pudor. Leo hace sólo 3 meses fue a un cumpleaños de un amiguito suyo vestido de princesa rosa. Y cuando se le mete algo en la cabeza le da igual todo lo demás.

Le gustan mucho los juegos de mesa, no se cansa del parchís y la oca. Y jugar a la pelota. Al fútbol, porque ya lo llama así.

Y bailar. Y saltar. Y correr. Le encanta correr. 

Es genial, Leo. Único e indestructible. :-D

Otro día hablo más de Nora, que hoy cumple 28 meses y llenaría hojas y hojas con sus anécdotas...

Feliz maternidad.

viernes, 10 de abril de 2015

Cosas que dicen... ¡y que hacen! (III)


Sentada en el sofa, de noche, con los niños acostados y rodeada de silencio, abro las notas del móvil. Quiero mirar la de entradas pendientes para el blog, y además mañana vamos a la biblioteca y tengo otra con varios títulos y sus signaturas.

El móvil me dice: “Sin notas. Puntee el icono para crear una”.

Cagüentodo. Eso me pasa por dejárselo a Nora cada mañana para que mire fotos y vídeos mientras yo intento desesperadamente abandonar la posición horizontal.


Hace un par de meses, caminando con Leo después del cole, camino del parque, me dice:

-Mamá, ¿por qué los pájaros vuelan?
-Porque tienen alas.
-¿Y por qué las alas de los pájaros vuelan? ¿Son mágicas?
-No, es que las alas sirven para eso, para volar.
-¿Y nosotros por qué no volamos? Si los brazos parecen alas, ¡mira! Y agita muy fuerte y rápido sus brazos, arriba y abajo, arriba y abajo...

Más de una vez nos ha dicho que a él le gustaría muchísimo volar. Y en el columpio quiere subir hasta el cielo. :-)


Llego a casa de los abuelos, donde han pasado la tarde mis hijos. Le pregunto a Leo qué tal se lo ha pasado; me dice que bien. “¿Y a qué has jugado?”. “Ehhh... ¡a las cartas!”.

La abuela dice: “¿a las cartas? ¡Anda ya, si a las cartas no hemos jugado!”

Pregunto a Nora: “¿a qué habéis jugado, Nora?” Nora piensa, sonríe y dice: “ehhh... ¡¡a las cartas!!” Y se descojona.

Y entonces aparece en escena lo que actualmente es para mis hijos el comodín, el valeparatodo, la palabra mágica, el mejor chiste...

-No, mamá, hemos jugado a... ¡¡¡popopo!!

Sí; popopo. Popopo es el cachondeo padre, una juerga máxima, un éxito seguro. Dices popopo y mis hijos se parten el culo. A veces Leo dice: ¡popopo! Y Nora entonces añade: ¡popopa! Y ya es la repera.

Un ejemplo:

Mamá: Leo, ¿me alcanzas el cuaderno?
Leo: No, mejor... ¡te alcanzo el popopo! (Fuertes risas del propio Leo).

Otro ejemplo:

Mamá: Nora, acábate el yogur, anda.
Leo: Nora, acábate... ¡el popopo! (fuertes risas de Leo y de Nora).

Por supuesto Nora ya controla a la perfección las múltiples acepciones y usos de la palabra. Y se lo pasa pipa con ella y con su hermano. Todo lo que sea hacer el payaso de forma conjunta, en equipo, les va bien.


Es difícil elegir entre estos momentos “popopo” y los de “disco light-cantajuegos nuevos”. Los cantajuegos nuevos son el volúmen 5, no os creáis. Y el momento baile desenfrenado a la par, con cara de concentración los dos y Nora imitando los movimientos y giros de Leo, es para grabarlo (y lo está, claro. Varias veces).


Pequeñas cosas, momentos únicos, situaciones que te hacen sonreir y pensar en lo maravillosos que son tus hijos y en la suerte que tienes de ser testigo de sus vidas. Que hacen que puedas conocerles cada vez mejor y descubrir su esencia.

¡Verles crecer!

Feliz maternidad.

miércoles, 10 de julio de 2013

Calores

¡Que se me muere el blog! Y no, no quiero, quiero que sea un diario, un recordatorio, una foto del día a día de mis hijos y de mí misma como madre. Pero las noches me atrapan en el sofá sin ganas de pensar mucho.

A Nora le falta una semana para cumplir seis meses y no me puedo creer que hayan pasado ya. Empiezo a tener nostalgia del parto y... sí, de mi barriga de embarazada, aunque lo digo con la boca pequeña. Esta vez creí que no me pasaría, lo pasé tan mal... Pero esos movimientos de tu bebé dentro de tí lo valen todo. Y lo de parir yo creo que crea adicción.

Nora se da la vuelta ya; no dura más de dos segundos boca arriba. !Lo que le gusta a esta niña estar boca abajo! Me da que está empezando a intentar pasar de boca abajo a boca arriba, pero eso le cuesta más.

Cada día se ríe más, le encanta que le digas cositas, que te dirijas a ella, te sonríe mimosa y provocadora, y a veces cuando apareces en su campo de visión se pone loca de contenta agitando pies y manos. Y también ha aprendido a gritar.

Le encanta escuchar a su padre tocar la guitarra, es un bálsamo para ella... Y definitivamente le cuesta muchísimo menos dormirse de lo que le costaba a Leo (no sé por qué hablo en pasado... ejem). A veces se ha quedado sopa viendo cómo su padre agita un sonajero delante de ella. Yo sigo tirando mayormente de teta. 

Sigue a su hermano con mirada de enamorada... pero nada como cuando mira a su papá. Es tan bonito verla.

Estamos consiguiendo que los dos hermanitos se duerman a la vez. A Leo no le hace mucha gracia que yo me dedique a Nora en esos momentos, está empezando a reclamarme para dormir, cuando desde hace meses le dormía su padre sin problemas. Sospecho que está pasando una pequeña crisis de celos... Está muy pegón. Con esta ola de calor nos pasamos el día en remojo, sobretodo él. Por la mañana en la piscinita del patio de los abuelos, por la tarde con nosotros en la de la urbanización o en la de la cooperativa de mis padres. De una a otra y cada día se suelta más con su flotador. Ahora ya nos dice: ¡no me cojas, yo sólo, que no me hundo!

No para de hablar y está muy gracioso. También nos saca de nuestras casillas con sus terribles dos años y hemos hablado de rebajar expectativas con él, porque se nos hace cuesta arriba muchas veces. Es tan agotador decirle que no 800 veces al día... Leo es muy cabezota, no se rinde, no se conforma, se enfada mucho, pega y grita... y eso hace que se te quiten las ganas de seguir jugando con él. Pero el botón de pausa no lo hemos encontrado aún, no hay tregua.

Tenemos muchas cosas que mejorar con él. Creo que nos falta paciencia y yo al menos no soy capaz de estar totalmente relajada en muchas ocasiones, siempre esperando el momento de tensión... Y él es extremadamente sensible a eso, lo capta enseguida y te pone a prueba. ¡Bueno, te pone a prueba siempre! Le exigimos demasiado para su edad, que recoja, que no toque esto ni lo otro, que no tire nada al suelo, que no haga ruido, que duerma, que obedezca... no hagas esto, no hagas aquello, no bebas el agua de la bañera (¡qué manía le ha entrado!)... La verdad es que si para mí misma es un coñazo, supongo que para él más aún, claramente no lo procesa todo. Es complicado porque tú llevas todo el día con él y lo que para tí es la gota que colma el vaso, para él no es nada, él no suma, no acumula... Es sólo tu vaso, no el suyo.

Hablando de vasos, no podemos dejar que coja él solo el vaso de agua para beber porque muchas veces le da por verterlo enterito en el suelo. Tiene narices, desde los seis meses prácticamente bebiendo él solito en vaso... ¡y con sus dos años y siete meses le tenemos que dar el agua nosotros!

Ah, y ha empezado a preguntar por qué constantemente.... ¿Tan pronto? ¿¿Por qué?? ;-)

jueves, 14 de marzo de 2013

Un final y un nuevo principio...

Tengo encima un cansancio extraño, que no es por falta de sueño. Como decía en la anterior entrada, parece que los días pasan sin razón ni sentido. Supongo que influye el tiempo que ha hecho, lluvias y frío, que nos han tenido en casa más tiempo del que nos gustaría. Después ha llegado la gripe y llevamos ya 10 días enfermos. Además, en general el primer mes después de nacer Nora ha sido de adaptación, de ensayo-error, de hablar y hablar y a veces desesperar hasta que hemos encontrado una cierta calma. 

Pero la cuestión es que me levanto por las mañanas y... ¡no tengo nada que hacer! No tiene mucho sentido decir esto cuando tienes un niño de 28 meses y una niña de 2, ¿verdad? Me levanto, desayuno y me ducho si mi chico está disponible, doy de mamar a Nora, hacemos cambios de pañal, desayuna Leo... Y a ver dibujos. Cada vez pide más tele y ordenador: Calliou, Pocoyo, Dumbo, Cars... Me he relajado mucho con este tema desde el embarazo. Así yo podía descansar un poco. Mientras tanto echo un vistazo si puedo a blogs y foros amigos, pero tampoco puedo concentrarme en escribir ni leer mucho porque Leo pide cambiar de vídeo cada dos por tres, o se levanta y se da una vuelta, o se pone de pie en el sofá... Lo normal, vamos. Así que mi hijo es un adicto a los dibujos... ¡y para colmo yo no puedo ni siquiera aprovechar eso para hacer otras cosas!

Luego por supuesto hay que ocuparse de Nora, con lo cual cualquier actividad se interrumpe, y si por suerte Leo y yo estamos jugando, pues también. Además Leo se cansa de todo enseguida pero me reclama constantemente, para cualquier cosa, y últimamente casi siempre entre lloros. Lo que quiero decir es que mi vida está hecha de “trocitos” de tiempo muy pequeños e interrupciones constantes.

Antes de que el papi se pusiera malito habíamos establecido una “rutina” vespertina que nos iba bien. Leo va a una pequeteca dos días en semana con los abuelos, y otro día a la semana (o dos, a veces), se iba a pasar la tarde con los otros abuelos. Así que durante unas tres horas, 3 ó 4 días a la semana, podíamos estar “libres” (con Nora, eso sí, pero ya no es lo mismo). Esos días seguimos pasando mucho tiempo con Leo, todas las mañanas y parte de las tardes, pero esos ratos nos sirven para descasar un poco y hacer cualquier actividad que suponga emplear más de 10 minutos seguidos. Si Nora nos deja, claro. Por las mañanas, yo salía al parque con los dos. Pero como digo empezó enseguida el mal tiempo...

Sé que este estado de ánimo tiene mucho que ver con lo que hemos vivido los últimos días. Yo necesito salir, relacionarme con más gente, soy muy casera pero muy social también. Tengo ganas de que todo se asiente de nuevo, de que estemos sanos y podamos hacer planes fuera. Y entonces quizá se me quite un poco esta sensación de vacío y de estar encarcelada.

También sé que una etapa está llegando a su fin. Si Nora no estuviera aquí, diría que mi puerperio (el de Leo) está acabando (mi puerperio... ¿y quizá mi paciencia?). Hace poco leía en un blog (he intentado encontrar la entrada pero no recuerdo qué blog era) sobre el final del puerperio, de repente tienes ganas de hacer cosas que no tienen nada que ver con tu papel de madre, tienes ganas... de salir de tu piel de madre y meterte en esa otra que casi no usabas desde hacía tiempo. No sé si yo estoy pasando por esto debido al agobio de ser mamá reciente de dos enanitos, o es que realmente se me ha juntado la salida del de Leo con la entrada del de Nora... ¿Es esto posible?

Nunca, nunca me arrepentiré de haber estado con Leo estos casi 3 años que voy a cumplir en septiembre de 2013, los he disfrutado y disfruto muchísimo y simplemente es la forma que yo he elegido de criar a mis hijos (bueno, y un poco la que la vida me ha plantado delante al dejarme sin curro), con sus cosas mejores y fáciles y sus cosas peores y más complicadas, pero ahora está empezando a ser duro de verdad. Lo bueno es que sé que en septiembre empieza el cole, nos veremos mucho menos y comenzará otra gran etapa de nuestra vida, y eso me hace enfrentarme al ahora con muchas más ganas y querer disfrutar mucho del tiempo que nos queda, que además en breve va a estar lleno de sol y menos frío (¡que hoy ha nevado, hombre ya!).

En resumen, tengo poco tiempo en exclusiva para Nora, poco tiempo en exclusiva para Leo, poco tiempo para mí, poco tiempo para cualquier actividad que no sea cambiar pañales, dar teta a alguien (del tándem hablaremos otro día), resolver algún enfado o llantina... ¡y últimamente pocas ganas de nada excepto de huir!


Pero sé que pasará, y que seguiré disfrutando de mis hijos como disfruto viéndoles cada día, sé que vendrán días mejores y que mientras tanto no voy a perder el tiempo culpabilizándome de nada. ¡El objetivo es ser cada vez menos una “drama mamá”!

¿Cómo habéis vivido la maternidad las mamás de 2 (o más) que se llevan tan poca diferencia de edad? ¿Os agobiásteis así al principio? ¿Y después? ¿Me dáis un poco de esperanza?

Termino prometiéndome a mí misma escribir una entrada pronto sobre mis dos maravillosos hijos, sus monerías, ruiditos y gracietas.

Y con esta promesa... os deseo feliz maternidad. :-) 

martes, 18 de diciembre de 2012

Casi 35... ¡y en podálica!

Estoy de 34+5 (como siempre, cuando publique esta entrada serán 34+6). La mayor novedad es que el jueves pasado en la eco del tercer trimestre me enteré de que Nora está en podálica... Lo que yo creía que era el culo es su cabeza.

Realmente algo sospechaba, muy duro tenía que tener el culo para que fuera culo realmente.

La ginecóloga no se molestó en darme ningún tipo de consejo, simplemente me citó para la semana 39, "a ver si se ha dado la vuelta y si no programamos". Ni siquiera nombró la palabra cesárea. No sé, no me pareció muy correcta su actitud, creo que no le hubiera costado nada explayarse un poquito más, no?

A mí me dio bastante igual porque estoy ya en trámites de cambiarme al hospital de Torrejón, y sé que allí las cosas son diferentes. En la semana 37 si quieres te hacen la VCE (versión cefálica externa) y estoy dispuesta a intentarlo todo antes de una cesárea. Bueno, todo o casi todo, porque un parto de nalgas me da mucho miedo, a ver qué me cuentan en Torrejón, que creo que lo hacen.

Es curioso pero estoy bastante tranquila. Con lo que significa para mí un parto, con las ganas que tengo de vivir esa experiencia de nuevo y de la forma más natural, con lo contenta que estoy por haber encontrado Torrejón... Pero el hecho de que allí las cesáreas sean tan respetadas y "humanas" me tranquiliza mucho. El papá estará conmigo durante todo el proceso y no me separarán de Nora ni un segundo, la reanimación la hago con ella encima. Eso es más de lo que experimenté en mi anterior parto, vaginal, pero con una separación durísima de casi 24 horas.

De todas formas voy a ser optimista, quizá se dé la vuelta. Yo de momento estoy poniéndome a 4 patas de vez en cuando, que dicen que ayuda. Además, dicen también que en los segundos embarazos el útero está más dado de sí y el bebé tiene más espacio, con lo cual puede moverse más hasta más tarde.

Mientras tanto, Nora se mueve y se mueve sin parar, me da patadas abajo y cabezazos arriba, ¡a veces su cabeza sobresale muchísimo de mi barriga! Tengo contracciones un poco dolorosas, pero esporádicas, estoy empezando a tenerlas cuando Leo mama, menos mal que no lo hace mucho ahora. Sigo con muchísimas molestias pero esto es ya la cuenta atrás, ¡no queda nada! ¡Y lo relajados que estamos con los preparativos! En lo que no dejo de pensar es en mi hijo mayor (¡mayor!, pobrecito...), que cada vez da más señales de olerse lo que se le viene encima. Llantos, rabietas, caprichos, mamitis, actitudes desafiantes... Nada fuera de lo normal en un niño de dos años que espera una hermanita, jeje.

Y yo... entre ilusionada por ver a mi bebé, nerviosa por el parto y acojonada por convertirme en mamá de dos peques tan peques.

Pero gana la ilusión... ¡al menos hoy! ;-)

miércoles, 5 de diciembre de 2012

¡33 semanas!

He tenido que contarlas varias veces hasta que se me ha quedado grabado en la cabeza. ¡Ya de 33 semanas! Qué rápido está pasando... Por un lado me alegro, porque está siendo duro, pero por otro... Sé que casi seguro será mi último embarazo, y no lo estoy disfrutando como debería.

Nora se mueve como si estuviera en una cama elástica, o como si luchara con unos ninjas ahí dentro. Desde hace ya mucho tiempo noto sus movimientos muy fuertes, me tiembla toda la barriga varias veces muy rápido, me salen bultos grandísimos de repente... Todo esto desde bastante antes de cumplir la semana 30. Ahora ya es de coña, ¡parece que quisiera salir a través de mi ombligo! Y eso que tengo placenta anterior, que en teoría amortigua los golpes...

Me encanta que se mueva así, me hace sentirme acompañada por ella, es su forma de comunicarse conmigo. También noto muchas veces su hipo, en la parte de abajo de la barriga (¡bien!).

Eso sí, tanto movimiento contribuye a tener más contracciones aún. De las de Braxton Hicks desde la semana 20 más o menos, pero últimamente también dolorosas, reglosas... Sé que no es para preocuparse, pero mi cuerpo me avisa de que tengo que descansar y relajarme más. De todas formas me quedaré tranquila del todo cuando cumpla la semana 37. Aparte de esto, tengo ardores, molestias pélvicas, un dolor horrible en el coxis, pinchazos en la vagina, en los glúteos, apenas puedo andar sin tener dolorcillos de todo tipo, tripa dura cada dos por tres, no puedo conciliar el sueño por las noches... ¡Vamos, que estoy en mi mejor momento!

No paro de pensar en Leo, en cómo se lo tomará, en cómo lo llevaremos sus papis, en si sufrirá mucho o sólo lo normal. Me da miedo no estar a la altura. Además cada vez pienso más en el parto, tengo muchas ganas de parir, de vivir otra vez esa experiencia y de que el final sea un poco más feliz. Espero que el bajón hormonal, además, no sea tan bestial, porque me temo que el papi no va a tener tanto tiempo para ocuparse de mí como en el primer embarazo. Ahora tenemos un bichillo de dos años al que habrá que cuidar por encima de todo. Y yo tampoco podré estar tan relajada como la otra vez; en aquellos momentos al menos yo aceptaba esa melancolía, me sumergía en ella y aunque parezca lo contrario eso me ayudaba. Había calma y paz a mi alrededor... Eso no va a suceder esta vez y me da miedo derrumbarme, perder el control y no tener donde agarrarme, no quiero que eso perjudique a mis hijos. 

La verdad es que anímicamente me siento ya como una bomba a punto de explotar... No puedo evitarlo, las hormonas funcionan por su cuenta, mis embarazos son así. Echo de menos tener al padre de Leo sólo para mí, para cuidarme, para sostenerme sin importar si me voy a caer realmente o no, para abrazarme... 

Creo que lo que me queda de embarazo va a ser duro (más aún), por eso no puedo evitar desear que Nora esté ya aquí, para al menos pasar a otra cosa, dejar este estado de medio ansiedad y empezar otro que aunque sea más estresante aún, lo será conmigo más "entera" físicamente y menos necesitada de mimos... Claro, eso contando con un puerperio cómodo. Ains.

Pero también tengo ganas de que ella esté aquí para verla por fin, para tenerla en mis brazos y amamantarla, para llevarla en el fular pegadita a mí, para disfrutar de su calor, mirar sus ojos, dormir a su lado... Tengo mucha más prisa que con Leo, quizá porque ya sé lo maravilloso que es empezar a compartir tu vida con un nuevo bebé.

Y quizá esté un poco loca por desear que se acabe ya esta época de "mamá de uno" y comenzar el caos de tener dos bebés, pero aunque sé que será duro, aunque no dejan de recordármelo (y no me importa, todo lo contrario, las experiencias de otras madres como yo me ayudan mucho), quiero pensar que la felicidad tambien se va a hacer notar y nos va a invadir con la misma fuerza... No?

Te quiero mucho Nora. 

miércoles, 21 de noviembre de 2012

Mi niño

Después de mi última entrada os debía algo un poco más alegre. Voy a intentarlo, !que no se diga! 

Empiezo por la visita a la pediatra. Todo bien, nos dejó bastante tranquilos. Vamos a olvidarnos de momento de hipotéticos problemas y trastornos varios y vamos a asumir que Leo es un cabezota, pelín vaguete, con un poco de mala leche y... ¡ya está!, como diría él. 

Su malestar de estómago ha desaparecido (gracias en parte a unos maravillosos probióticos, Lactoflora) y ha aparecido un hambre atroz. No está más de dos horas sin pedir comida, ¡y eso ya es mucho!

Está avanzando bastante con el lenguaje, poco a poco va ampliando vocabulario y repitiendo lo que decimos. Además habla mucho solo, "en su idioma". Ha aprendido a decir "másss", así con muchas eses al final, y lo utiliza sobretodo para pedir comida, jajaja. Le gusta decir "pato" como Pocoyo, y "Eli" también. Ya hace frases de 3 palabras aunque en plan indio, sin verbos ni preposiciones ni ná, esta misma noche, por ejemplo;  "papa teta no. Mamá sí".

Cada día es más risueño y alegre y se le da mejor poner cara de pillo. Y ayer durmió 9 horas y cuarto del tirón... ¡en la cama de su habitación! Eso sí, esta noche no ha podido ser. Ha accedido a acostarse allí pero no se dormía, no quería, hasta que le he preguntado y ha reconocido que quería irse a su cuna sidecar, pegada a nuestra cama. En fin, paciencia. Espero que para cuando nazca su hermana lo lleve mejor, y si no... pues ya veremos. 

Nos siguen preocupando muchas cosas; sus rabietas, su manía de tirar la comida al suelo, su timidez, su desinterés por otros niños... Pero hay que pensar también en lo despierto y listo que es, en lo cariñoso que se pone a veces (cuando quiere), en lo bien que lo pasamos juntos... El día a día es cansado y mi embarazo nos pasa factura, pero a veces nos olvidamos de que eso es "culpa" nuestra, no de él. Y mi agotamiento, mis dolores, mis hormonas, son las que hacen que tenga menos paciencia, menos ganas y lo vea todo más grave de lo que es.

Se va haciendo mayor, pero es muy pequeño aún... Sólo espero que no lo pase muy mal cuando nazca su hermana, que sepamos (sus padres) hacer frente a la situación y no cargarle a él con más responsabilidad de la que le corresponde. Leo es muy sensible... ¿y he dicho ya que muy cabezón? Y no se conforma fácilmente... 

¿Sobreviviremos? Yo tengo la corazonada de que sí, de que esto por encima de todo nos va a traer más felicidad, de que la pequeña Nora nos va a unir más aún si cabe y de que para Leo va  a ser genial. 

Sí, se llama Nora. :-)