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miércoles, 24 de agosto de 2016

Verano y reflexiones


















Verano de luz, de sol. Verano de alegrías, de calma, de paz.

Tardes oscuras, persianas bajadas y ventiladores girando. La hora de la tele y de la siesta. Y del parchís a veces.

Tardes de piscina, de saltos, de giros, de hacerse anchos. De juegos.

Tardes de playa. De amigos.

Tardes de pueblo, de bicis, de perros, gallinas, de familia y de rosquillas. De regar el huerto y de pantano.

Tardes y noches de amor.

Este verano registramos una bajada al hoyo. Sólo una, sola, perdida... Quizá me equivoqué y el 2016 no va a ser lo que yo creía que sería.

Y en medio de todo esto, peleas, gritos, hastío, enfados... Porque la crianza se hace complicada según crecen. Porque Leo tiene casi 6 años y Nora 3 años y medio y se hacen complejos, independientes, ya no basta con brazos y teta y contacto. Hace tanto de eso ya...

Hablo con amigas en la misma situación que yo. La crianza agota, la paciencia se acaba, y surgen frases como “ya no me apetece jugar con ellos”, “quiero tiempo para mí”, “ese enamoramiento parece que ha desaparecido”, “ya no siento que soy respetuosa con ellos”...

Me alivia ver que no soy la única. Me da fuerzas y me hace sentir acompañada. Rodeada, protegida, siendo parte de algo, perteneciendo a una realidad común. Ver que sigue teniendo sentido todo, que las cosas son así, o pueden serlo al menos, y que hay que buscar soluciones y estrategias desde la tranquilidad de saber que es normal, habitual, que no nos pasa nada raro u horrible...

Durante los dos primeros años de mi maternidad estuve volcada en mi hijo, absolutamente feliz porque hacía lo que quería en cada momento, que en mi caso era estar con él, vivir a su ritmo, acompañarle. Luego llegó Nora y poco antes de que naciera yo había empezado a sentir la necesidad de hacer otras cosas, quedar, salir, leer, estar a solas conmigo misma, simplemente pensar o hablar de otros temas... Era el fin de mi primer puerperio pero llegaba otro achuchando por detrás, y nació Nora y me encontré viviendo ese enamoramiento, esa dedicación y entrega maravillosas junto a un niño de 2 años que me descolocaba en numerosos momentos y por el que sufría muchísimo, y además notando esa nueva necesidad de mí misma que quedó latente... Y eso chocaba frontalmente con los sentimientos cargados de oxitocina de mi segunda maternidad.

Ahora son ya dos niños, ya no hay bebés y yo he dejado salir a esa mujer nueva, esa que lee novelas, que sale, que busca su propio espacio.

Y a la vez empiezo un momento muy complicado en mi maternidad. Educar, convivir, guiar a un niño de 6 años ¡6 años! Con las ideas muy claras, con capaciadad para discutir, razonar (a su manera), tirándose de cabeza al mundo exterior.

Y sin poder evitarlo, siento que no le acompaño correctamente. La culpa de nuevo acecha y te sientes mal por tener ganas de estar a solas con tu pareja, por estar cansada ya de jugar con él, por desear que sea menos dependiente de ti. Y ves cómo arrastras a la pequeña en todo esto, y sabes que si ella estuviera sola las cosas serían muy distintas, nuestros ritmos más lentos. Pero la hacemos correr.

Sé que esto forma parte de su crecimiento y de nuestra evolución como familia. Sé que no es malo. Pero hay que coger fuerzas para lo que viene y a veces parece que al no estar metida tan de lleno en el “mundo de la maternidad” a todas horas, cuesta más (que se lo digan al blog...). Tengo que aprender a soltar cuerda sin miedo y a estrechar el espacio cuando hace falta sin pereza. Sobretodo tengo que aprender a disfrutarlo como disfrutaba de las noches de teta y los días de brazos sin parar. Sin resistencia.

Empieza un curso interesante, Leo entra en primaria, Nora entra en el cole, el invierno acecha sin remedio y habrá que hacer frente a nuevos retos. Cogeré mucha energía del sol, de los días sin horas y de la felicidad del verano. Todavía queda ;-)


¡Feliz maternidad y a disfrutar!

lunes, 1 de junio de 2015

La lactancia es feminista




Dar el pecho es muy sacrificado. No puedes seguir con la teta si vas a reincorporarte al trabajo. El pecho es muy esclavo. La maternidad devuelve a las mujeres al hogar. Los que dicen que el pecho es lo mejor no piensan en las mujeres, sólo en los bebés”.

Hay quien piensa que determinados “modelos de crianza” no le hacen ningún bien a las mujeres. Que criar “con apego”, dar el pecho, cogerte una excedencia para ocuparte tú misma de tu hijo... son acciones que perjudican al feminismo, que perpetúan roles sexistas.

Creo que una mujer (y un hombre) debe tener derecho a criar a su hijo como mejor le plazca. Por desgracia, esto no es posible en esta sociedad. Como no podía ser de otra forma, el peso del patriarcado cae sobre nuestras cabezas, pero en este caso de un modo especialmente perverso, porque además de las dificultades que nos encontramos de por sí, vemos que son las mismas mujeres que luchan por la igualdad de derechos y oportunidades las que a veces nos perjudican, nos limitan y nos reducen con su discurso.

Mis tetas, mi útero, mi aparato reproductor enterito, es mío y sólo mío. Yo decido si doy el pecho, cómo, cuánto tiempo y por qué lo hago. Es algo muy personal; tanto como la decisión de tener hijos o no tenerlos; tanto como un aborto.

Yo debería tener todas las facilidades a mi alcance para ejercer mi matenidad como mejor me pareciera. Eso, por supuesto, incluye dar el pecho sin tapujos, sin salas de lactancia, sin horarios, y sin el miedo (infundado) de que poco menos que me voy a convertir en “supermaruja al ataque con rulos” (con perdón de Marujismo) y que jamás de los jamases encontraré un trabajo digno.

Primero: como mujer, y sobretodo como persona, el trabajo me la pela muchísimo. Y me hace mucha gracia que la mayor aspiración de algunas sea encontrar un super trabajo con el que poder competir con los super hombres que trabajan 12 horas al día en super oficinas. Siempre me ha parecido muy triste y muy indignante ver a esos hombres que apenas llegan para dar el beso de buenas noches a sus hijos. Que viven para trabajar. Que no saben hacer otra cosa. Que ni a tomar una triste caña salen. Que no desconectan. Ese nunca será mi modelo a seguir, y ójala no fuera el de nadie. El mundo va como va porque la ambición nos ciega.

Segundo: a un hombre nadie le pone entre la espada y la pared de esa forma tan rastrera. Bastante tenemos con ser el sexo discriminado desde el principio de los tiempos, bastante tenemos con las dificultades añadidas que tenemos en el mundo laboral, bastante tenemos con aguantar al gilipollas de turno que nos pregunta en las entrevistas de trabajo si tenemos hijos o pensamos tenerlos, como para encima ponernos piedras en nuestro propio tejado feminista y directamente recurrir a la autodiscriminación. Resulta que no puedo dar el pecho más allá de los 5 ó 6 meses, aunque quiera hacerlo; resulta que no puedo cogerme un año de excedencia, aunque quiera hacerlo... porque tiraré años de lucha feminista por la borda, porque las mujeres no nos podemos permitir ese lujo, porque es que los hombres no se cogen excedencias y es que no cuidan de sus hijos y claro daré una mala imagen feminista y el patriarcado ganará un punto en su partido y yo al entrar cada día en la cocina haré que una mujer en un lugar del mundo pierda un derecho... Debe ser que aunque no trabaje, no puedo cocinar y comer en mi casa, igual me tengo que poner un tacón, alisarme el pelo y maquillarme (muy feminista esto, claaaro. Será que tiene más glamour que hacer una tortilla de patatas...) y bajarme al bar de abajo a comerme el menú del día por 10 euros. Mejor a las 16 semanas me reincorporo a mi puesto de MIERDA donde gano un sueldo de MIERDA en pro del feminismo y la igualdad (¡JA!), aunque yo esté jodida como una perra y echando de menos a mi bebé. ¿Se puede echar de menos a un bebé siendo feminista, o no vale esto? Ah claro espera, si los hombres echan de menos a sus bebés sí, si no, no.

Pues no, esto NO ES FEMINISMO. Esto es estupidez.

Yo soy feminista, y por eso elijo. Elijo hacer lo que me sale del coño, que casualmente es mi hijo. Y elijo quedarme a cuidarlo. Y no creo que eso sea echar nada por la borda, en todo caso es dar algo de luz a una sociedad podrida por el consumismo, la productividad y el dinero, donde los cuidados no se respetan, donde vale más un traje de chaqueta que una mano en la frente de un niño con fiebre. Muy triste.

Yo soy feminista y lucho por un mundo más humano, porque mientras este mundo sea como es, mientras el capitalismo campe a sus anchas y sólo exista lo que se puede vender o comprar con dinero, no existirá igualdad para las mujeres, y eso lo sabe la feminista más básica. O debería. De hecho, en un mundo como el que sufrimos cada día, ni cabe el feminismo ni cabe nada que merezca la pena.

Así que basta ya de decirme a mí, como mujer, hasta cuándo debo dar el pecho sin poner en peligro todo el camino andado. Porque precisamente lo que estás haciendo tú con eso es desandarlo. Como mujer elijo, elijo cuidar a mi hijo, elijo salir a mi hora del trabajo, elijo no hacer horas extra, elijo una reducción de jornada, que en realidad deberíamos tener todos y todas porque los horarios de trabajo no son compatibles con una vida digna, y si los hombres no lo eligen... ellos se lo pierden. Mientras tanto yo seguiré luchando por lo que creo que ayuda al feminismo: la sensibilización en las empresas, los gobiernos progresistas que inciden en las políticas sociales, los horarios racionales, la implicación de los hombres en los cuidados, la conciliación (que no pasa por hacer millones de guarderías desde los 0 años, NO. Pasa por entender que antes de trabajadores somos seres humanos. Que no es cuestión de subir 44 €. la pensión a las mujeres con dos hijos y ya, efectivamente, pero tampoco de equiparar la baja de paternidad a la de maternidad para que los dos tengamos 16 semanas de mierda, yo tenga que separarme de mi hijo antes de que cumpla los 5 meses, se nos complique la logística de su alimentación, se quede sin la compañía de sus padres, sin sus brazos y sin su teta, y encima no podamos repartirnos nuestras bajas como mejor nos venga a nosotros como familia)... y por supuesto la promoción de la lactancia materna:

-porque ahorra dinero, mucho dinero, a las arcas del estado.

-porque es gratis.

-porque implica que grandes multinacionales pierdan parte del poder que tienen.

-porque no quiero que se rían de mí creándome necesidades inexistentes asociadas a la lactancia artificial.

-porque una mujer debe tener acceso a toda la información sobre su propio cuerpo, su propio hijo y la mejor forma de alimentarle para ella. Y eso hoy en día no se da. Y digo mujer y no hombre porque la decisión de alimentar a un bebé con lactancia materna debe ser única y exclusivamente de la mujer, porque hablamos de su cuerpo.

-porque favorece que las tetas dejen de ser consideradas únicamente un objeto de deseo sexual. Y eso ayuda a que dejemos de ser consideradas sólo imagen, sólo sexo, sólo estética.

-porque tenemos que acabar con la represión que sufren muchísimas mujeres por el simple hecho de enseñar un poco el pecho al alimentar a su hijo en un sitio público.

-porque es el mejor alimento que puede recibir un bebé, lo producimos nosotras y nos da autonomía, libertad y poder.

-porque me gusta dar el pecho a mis hijos.

-porque tengo derecho a hacerlo.

-porque quiero.


La maternidad es una de las cosas más reivindicativas que existen. El amor también. No habrá igualdad sin cuidados, no habrá igualdad sin amor. ¿Por qué no miramos más allá?

Dejadnos elegir. Y ayudadnos, no nos pongáis piedras en el camino. Las madres lo tenemos muy difícil hoy en día (y también los padres que quieren ejercer como tales, aunque menos). No digáis que pasemos por el aro. Ese no es el camino.

El camino es cambiar la sociedad, las mentes. Cambiemos las leyes, protejámonos.

Aumentemos el permiso de maternidad. A 1 año.

Consigamos que nos reserven el puesto de trabajo más tiempo.

Que el segundo año podamos coger otra baja con la mitad de sueldo.

Que el padre pueda tener la misma baja con los mismos derechos si la mujer quiere reincorporarse a su puesto.

Dejemos que la familia elija cómo quiere organizarse.

Promovamos una baja de paternidad de 1 mes. Penalicemos a las empresas con padres trabajadores que no se acogen a ella. Luchar por una baja de paternidad más larga es, con todos mis respetos a los padres, una lucha que no es la mía. Que me demuestren que la quieren. Entonces lucharemos juntos. Pero es que yo, mujer, tengo muchas cosas por las que luchar y muy poco tiempo. Y si los puntos anteriores se cumplieran, ni siquiera sería necesario.

Acabemos con el mobbing.

Tenemos ejemplos que funcionan en otros países, pero aquí unos no quieren porque son unos machistas y otros tampoco porque no quieren que se les acuse de serlo. Y los perjudicados somos todos. Y mientras tanto este mundo sigue ignorando a los niños, sigue ninguneándolos, faltándoles al respeto sin siquiera ser consciente de que lo hace. En las leyes, en las escuelas, en los bares, en los aviones, en las calles. Y así nos va.

Las mujeres tenemos la capacidad de gestar, parir y amamantar, y los hombres no. No pasa nada, no es malo ni bueno, simplemente es así y debemos adaptar nuestra sociedad y nuestras normas a esta realidad. No podemos permitir que una mujer se quede fuera del mercado laboral sólo porque quiere ser madre. ¡No podemos permitirlo! No podemos permitir que nuestros hijos se críen en guarderías desde las pocas semanas de vida mientras nosotros, sus padres y madres, no hacemos otra cosa que trabajar para la rueda del capitalismo, para tener dinero a final de mes para pagar el recibo de las 10 horas diarias de escuela infantil y la gasolina para nuestros dos coches con los que vamos a trabajar. Es tan absurdo... Racionalicemos horarios. Revaloricemos los cuidados. Pongamos por delante lo que nos hace humanos, nuestro amor, nuestra capacidad de cuidar, nuestras ganas de darnos a los demás.

Creo firmemente que un modelo de crianza respetuoso, con apego, sin prisas, nos conduce a una sociedad mucho más evolucionada, generosa, solidaria e igualitaria.

Por todo esto quiero luchar.

Soy madre, doy el pecho, cogí una excedencia y soy feminista. Siempre lo seré y siempre reivindicaré esa palabra... Aunque algunas me lo pongan un poco difícil.

Feliz maternidad.

viernes, 1 de mayo de 2015

Amor


Nunca he trabajado tanto en mi vida como desde que soy madre.

Mi puesto de trabajo, mi oficina, lo dejé estando embarazada y no volví a aparecer por allí nada más que para firmar los papeles de mi baja después de mi excedencia. Y no he vuelto a trabajar de forma remunerada, apenas unos pocos meses sueltos.

Mi trabajo lo hago desde dentro de mí misma. Analizo mi vida, busco el camino, estudio el suelo para poner mis pies donde el terreno sea más firme. No quiero (ni puedo) hundirme.

La maternidad cambió mi destino, pero no importa, porque era el destino que había querido siempre. La maternidad me puso en mi sitio. Y desde entonces estoy redescubriéndome.

La maternidad ha puesto del revés mi relación de pareja. Nunca he (hemos) tenido que trabajar tanto nuestro amor. La base es buena pero tantos terremotos hacen mella. Trabajamos y trabajamos.

Mis hijos abren caminos en mi mente para que yo reflexione sobre cosas que antes casi no me había planteado. Ellos me iluminan, porque ahora lo veo todo más claro, ahora el sentido de la vida es más fuerte, más profundo y más hermoso. Ellos son el futuro, lo más valioso que tenemos. Hay que trabajar en ellos, por ellos, con ellos.

Nunca me he gustado tanto a mí misma como desde que soy madre. Ahora sé que puedo ser muy útil, luchando desde dentro de este maravilloso universo que es el más humano y esperanzador en el que he estado. El de la infancia.

Nunca me he sentido tan dolida como desde que soy madre. Tan impotente, tan cansada, tan desesperada. Mis hijos forman parte de mí, ellos son una parte de mí y yo una parte de ellos. Tengo que cuidarles, enseñarles, acompañarles. Tengo que estar. Tengo que ser. Trabajar y trabajar. Una responsabilidad gigantesca. Y digo tengo aunque también es quiero, porque es algo inevitable, algo que no podría dejar de hacer, algo más poderoso que yo. Y me dejo llevar por ello, y me gusta.

Nunca he cambiado tanto como desde que soy madre. Soy otra, y jamás volveré a ser la que era antes. Y me encanta haber cambiado y ser la persona que soy ahora, y saber que me quedan muchas cosas que descubrir de mí misma, tantas como etapas que les quedan por vivir a mis hijos. Y más.

Tengo muchas ganas de vivir, de seguir siendo madre, de seguir creciendo, experimentando, luchando y reivindicando. Y sobretodo tengo ganas de seguir amando. Porque nunca, nunca en toda mi vida he amado tanto y de manera tan profunda como desde que soy madre. Y no sólo a mis hijos.


Déjame seguir amándote, construyamos ese suelo firme sobre el cual caminar. Todos juntos, en familia. Nosotros. Ya nunca dejaremos de ser padres, aunque seamos también más cosas. Me siento libre, poderosa, pero también vulnerable y perdida. Me siento en proceso de cambio, quiero llegar más allá. Sé que tú estás construyendo tu camino también. Yo sigo queriendo hacerlo contigo.

Y es cierto, el amor no se divide nunca, se multiplica.

Feliz ma(pa)ternidad.

jueves, 15 de enero de 2015

Miedos en mi maternidad



Soy madre de dos niños, he pasado dos embarazos y dos partos y las vivencias y emociones han sido muy diferentes. Y pensándolo me doy cuenta de que esas diferencias son más grandes en cuanto a los embarazos y partos que luego en la crianza y en mi día a día como madre. ¡Gracias, mama de Álvaro, por inspirar este post! ;-)

Cuando me quedé embarazada de Leo me aterraba que fuera algo mal, que dentro de mi cuerpo estuviera pasando algo malo y yo no me estuviera dando cuenta. Tuve muchos dolores de ligamentos, dolores en el útero debido a que éste va creciendo. Algo muy normal que nadie me explicó y que yo no había leído en ningún sitio (y mira que leía y leía sin parar sobre estos temas). Llegué a estar muy angustiada, llamé a mi matrona y no consiguió tranquilizarme, sólo me dijo que en principio no pasaba nada, que hiciera reposo y que si me seguía doliendo que fuera a urgencias. Me acojonó aún más. Esa misma tarde fui a hacerme una eco a una clínica privada, recuerdo cómo mi chico me intentaba tranquilizar por teléfono, yo estaba en el curro. Él llamó a varias cerca de casa y preguntó precios y disponibilidad.

En la eco todo estaba perfecto. ¡Salimos tan aliviados! Yo estaba de 11 semanas y aún no había tenido ninguna, en la seguridad social la primera es a las 12. Creo que no estaría de más poner una eco antes, quizá en la 8 o en la 9, la eco de calmar nervios y ansiedades... Se hace tan largo hasta la semana 12...

Yo estaba convencida de que tenía un embarazo ectópico. Me cuadraban todos los síntomas. Claramente en mis embarazos las hormonas colapsan todo mi raciocinio.

Durante todo el embarazo tuve varias inseguridades de este tipo. Con la diabetes gestacional lo pasé muy mal también. Sentía que no estaba acogiendo correctamente a mi hijo, que mi cuerpo no funcionaba, lo sentía como un fracaso. Qué tonta, y qué poco nos ayudan los médicos en estos casos. Estamos tan sensibles, estamos albergando a nuestro hijo dentro de nosotras y nos tratan como... no sé, ¡como niñas tontas que tienen gases en vez de un ser humano dentro!

Con Nora esto fue muy distinto. No había miedos de este tipo. Estaba segura de mí misma, estaba serena en este sentido, me sentía poderosa, fuerte. Incluso en la semana 12 me dio alto el riesgo de síndrome de Dawn y me negué a la amniocentesis y estaba muy tranquila. Lo cuento en las primeras entradas de este blog.


En mi primer embarazo tenía también miedo al parto. Pero no al dolor, no al proceso fisiológico, eso me maravillaba y estaba deseando sentirlo. Tenía miedo a que no me trataran bien en mi hospital, a que no me respetaran. Creo profundamente que tenemos derecho a parir como nosotras decidamos, que deben escucharnos y valorarnos, no infantilizarnos. Creo que parir es una de las cosas más increíbles y alucinantes que puede experimentar una mujer y creo que nos han robado la posibilidad de vivirlo de esta manera, creo que el miedo al parto que sienten muchas mujeres viene de tratarlo como lo que no es por parte de los profesionales de la salud.

Yo quería parir en casa para no toparme con indeseables, pero me daba demasiado miedo, no estaba segura del todo y así no podría convencer a nadie. Ahora sé que no es mi opción, aunque la respeto y me encantaria poder llevarla a cabo.

Pensé en cambiar de hospital pero al final, hablando con el jefe de servicio de ginecología, decidí quedarme. Entregué un plan de parto que sé que acabó en la basura... Pero fue mi decisión. Cuando la tomé se me quitó un peso de encima, aunque el miedo a que me “robaran mi parto” seguía ahí.


Con Nora tenía claro que quería ir al hospital de Torrejón. No había dudas, no había miedo. Fui a una charla preparto y salí enamorada. Me había informado mucho y no me contaron nada nuevo, pero conocí a Elena, la jefa de matronas, y fue la guinda del pastel. La novedad vino cuando me enteré de que Nora estaba de nalgas, y todo parecía indicar que así se iba a quedar. Ahí sí tuve miedo. Tenía que decidir si quería un parto de nalgas o una cesárea. Yo no quería una cesárea, pero el parto de nalgas me daba miedo. Una vez más, Torrejón no me decepcionó.

Durante las últimas semanas tuve miedo; a pesar de sentir una vez más ese alivio al tener todas las decisiones tomadas sentía miedo porque el parto de nalgas era algo bastante desconocido para mí. Y además me daba mucho miedo la posibilidad de que me separaran de Nora. Este era un miedo heredado de mi primer parto, por desgracia. Miedo que durante mi primer embarazo no sentí. Ni se me pasó por la cabeza que pudiera suceder. Hay que joderse.


Durante el embarazo de Leo no me daba miedo pensar en el después. En ese momento en el que tienes ya a tu hijo en brazos y te vas a casa. No me daba miedo llegar a casa solitos, es más, lo estaba deseando. Estaba deseando vivir ese día a día, disfrutar de ello. En cambio, con Nora sí me daba miedo, porque estaba ya Leo en la ecuación. Me daba miedo que se sientiera mal, que sufriera con los celos, que no comprendiera nada. Era tan pequeño, dos añitos... Y me daba algo de miedo-pereza-inquietud pensar en las nuevas rutinas, en cómo íbamos a apañarnos... Y tengo que decir que no me equivoqué. Salvando las primeras semanas con Leo en las que tuve bastante bajón hormonal y él tuvo un pequeño problema de salud, creo que viví mi maternidad con bastante calma, paz y seguridad en mí misma. En cambio, la llegada de Nora revolucionó toda nuestra vida, nos puso del revés y estamos ahora volviendo a nuestro ser, casi dos años después.


Con Leo me daba miedo pensar en la familia, en las ganas que tendrían todos de estar con él, de cogerle, mientras yo sabía que lo querría sólo para mí. No me equivoqué. Mi instinto de protección y posesión animal floreció y me invadió y llevé fatal las visitas, los “robos de bebé”, las constantes muestras de adoración abueliles... ;-) Poco a poco fui relajándome (me costó) y con Nora mi actitud fue muy diferente. No pensaba mucho en ello y sabía que la ayuda de los abuelos sería imprescindible. Y así ha sido.


De Leo no me separé ni una hora hasta casi el año. Necesitaba estar con él, en contacto fisico casi constante. Y me daba miedo no verle, no saber de él en cada momento, no compatir con él cada momento. A Nora la dejé con los abuelos mucho antes. Ya sabía cómo eran ellos como abuelos, yo necesitaba más tiempo para mí, para descansar, y supongo que me sentía más relajada como madre. Además, seguía necesitando estar también con Leo. Pero sí recuerdo las primeras veces de dejarla, con el padre, y sentirme rara, vacía. Ese sentimiento sí era igual que cuando lo experimenté la primera vez con Leo.


Un clásico del segundo embarazo es tener miedo de no poder darle a cada hijo todo lo que necesita. No poder estar al 100% con los dos. Yo sabía que Nora no iba a poder tener tanto tiempo en exclusiva conmigo. Pero no me angustiaba demasiado, el porteo ahí me ayudaba. Yo sabía que ella estaría pegadita a mí en el fular todo el tiempo que quisiera, y para un bebé pequeñito eso es lo más importante. Además sabía que tendría su teta también. A mí me daba más miedo no poder darle a Leo lo que hasta entonces le había dado. ¡Qué mal lo he pasado por él! Muchas veces me desesperé y lloré, pensando que le estaba causando un daño horrible. Luego aprendí a relativizar. Tanto él como yo lo hemos pasado mal con el cambio de un hijo a dos (bueno, y el padre también, ¡aquí hemos penalizado todos, jajaja!). Creo que yo podría haberlo hecho mejor, quizá le trasladé de algún modo ese miedo. Aunque también sé que él sí sintió por sí mismo desconcierto, celos... ¡cómo no iba a acusar ese gran cambio! Me tenía toda todita para él, en cuerpo y alma. Y ese año llegó Nora, el destete, el abandono de pañal, el cole... ¡Ya lo he dicho más veces, pero es que tuvo que ser muy duro!


Menos miedos en el segundo embarazo y parto, más miedos en la segunda crianza. No con respecto al segundo hijo sino con respecto a la familia de cuatro y con respecto a las relaciones entre sus miembros. Es curioso, a día de hoy me sigue preocupando más lo que siente Leo con respecto a Nora que viceversa. Al fin y al cabo, para Nora Leo siempre ha estado ahí, ella no ha vivido ningún cambio... Y supongo que Leo siempre será el primero también en provocar y hacer que salgan todos nuestros miedos y dudas sobre la crianza... Siempre seremos novatos con él y Nora siempre irá a la zaga, a su vera, siendo y existiendo también en relación a él. Porque siempre tendremos algo con lo comparar, debamos o no.

¡Feliz maternidad!

jueves, 4 de septiembre de 2014

Una pequeña reivindicación y una semi-despedida




Septiembre. Se acaba la libertad. Se acaba vivir al margen.

Leo comenzará a levantarse a las 8. Colegio mañana y tarde. Horarios, rutinas. Comer a deshoras para volver luego a clase (mierda de jornada partida). Se acaba la calma, la bella anarquía.

Yo empiezo a buscar curro otra vez. Entro otra vez en la rueda, en el aro. ¿Cuánto tiempo me perderé cada día de mis hijos, de mi vida, de mi felicidad? Ha estado bien vivir dedicada a mi familia, a mis bebés. Siento que he hecho lo que tenía que hacer, que he aprovechado las circunstancias y que he disfrutado de un lujo que muchos ni siquiera ven como algo positivo. Ellos se lo pierden.

Para muchos lo que yo he hecho es incluso irresponsable. Porque, ¿cómo he osado a no buscar trabajo? ¿A embarazarme de nuevo y vivir de acuerdo a los tiempos de mis hijos? ¿A cobrar una prestación mientras “no hacía nada” y cada vez teníamos menos dinero? (¡ja, me río yo de ese “no hacer nada!”). Incluso mi excedencia de 10 meses para muchos fue una pérdida de tiempo y, una vez más, de dinero...Ay el dinero...

Síntoma de que esta sociedad no valora (ni en términos económicos ni de mérito) los cuidados... y si son a bebés menos aún, que para eso hay guarderías. Y los papás y las mamás a trabajar fuera de casa, a ganarse el pan (poco) con el sudor de su frente (muuucho), a dejarse dar por culo por cuatro duros de mierda, ¡y sin quejarse, que las cosas están muy mal! ¡Da gracias por tener un trabajo!

Pues no. No doy gracias. No me da la gana dar gracias por eso. Faltaría más.

Espero encontrar algo pronto, claro. Porque lo necesitamos. Espero poder elegir algo mínimamente decente, como por ejemplo... trabajar 8 horas en jornada partida a una hora de casa por menos de... ¿800 €? Quizá ahí podría quejarme un poquito? ¿O sólo si me obligan a hacer horas extra al mismo precio que las normales? No, espera, mejor que me obliguen a hacerlas gratis, así podré decir de vez en cuando que es injusto sin que salga la frase de marras.

Pues yo he decidido ser optimista (o ingénua) y buscar algo que me permita conciliar un poquito. Que me permita vivir, que me permita ver aunque sea un atisbo de esa libertad de la que llevo disfrutando 4 años y que recordaré toda mi vida como algo maravilloso.

Y sí, lo digo, currar es una mierda (¡oh dios mío lo que ha dicho!). Hay tantísimas cosas interesantes que hacer en esta vida que me da pena la gente que dice: “¿y si no curras qué haces todo el día? A mí se me caería la casa encima”. Pues qué poquita imaginación y capacidad de disfrutar. “¿Y no te agobia estar tooodo el día con los niños?” Sí, claro, ¿quién ha dicho que yo quiera eso? Lo que no quiero es tener que trabajar en los únicos ratos en los que estoy sin niños.

Pero hay que hacerlo, sí. No espero que nadie me regale dinero, ni siquiera juego a la lotería (quizá debería empezar). Hay que ganarse la vida. Pero es una pena que para ello tengas que sacrificarlo todo. Es una pena no poder aspirar a algo que te permita compatibilizar otras cosas con el curro. Lo que se dice que es trabajar para vivir, y no vivir para trabajar. Y yo he decidido que voy a aspirar a eso, a lo primero, aunque sé que cualquier cosa me parecerá mucho tiempo sin mis hijos, aunque sé que yo debería poder estar con ellos. Que es lo que quiero.

¿Conseguiré estar a las 16 h. para recoger a Leo del colegio? ¿Conseguiré no ir por la vida arrastrada por los madrugones después de una noche con 5 despertares de Nora? Muchos me diréis... ¡Noooo, es que lo quieres todo! Sí, lo quiero todo. Al menos me queda eso, quererlo. Eso sí, con pagar las facturas me vale, otros no se conforman con tan poco.

Y mientras tanto, seguiré disfrutando cada día de Leo y de Nora, de su libertad, de sus ganas de jugar y de estar conmigo. Pero ahora un poquito menos, porque ya llega septiembre, empieza el cole de nuevo, yo empiezo a buscar curro...


lunes, 7 de abril de 2014

La vida sigue


















 

 Comenzamos la semana previa a semana santa. El viernes ya no hay cole. Once días por delante en los que intentaremos no volvernos demasiado locos. 

Es lo "malo" de tener mucho tiempo en el día a día para estar con tus hijos. Que llegan estos momentos de vacaciones y no los coges muertita de ganas como les pasa a otras familias. Simplemente es más de lo mismo, pero sin que Leo esté en el cole de 9:30 a 13 h., cosa que por otro lado es un pequeño descanso para nosotros (lo de que vaya esas tres horas y media, no lo de las vacaciones). 

Así que ya veremos qué tal nos va, no sé si hacer un contador de berrinches/rabietas, de noes gritados, de suspiros, de pensamientos impuros... En fin, lo dejaremos estar.

Sólo por poneros un poquito al día, sí, el pequeño adolescente sigue metido en su papel de adolescente pero queriendo estar conmigo cada segundo, y la pequeña Nora a puntito de cumplir 15 meses y dando pasitos sola como una suicida, porque la tía se tira en plancha y no termina de mantener el equilibrio.

Y los sufridos papás con la enésima crisis recién superada; yo no sé cómo lo hacemos, nos debemos de querer mucho porque yo me veo al borde del abismo cada cierto tiempo. Qué ganas de tener más tiempo para nosotros, amor... (sí, lo sé, todo llegará) :-)


domingo, 16 de febrero de 2014

Hoy es el día

Hoy es el día en el que me decido a actualizar el blog. Porque me gusta, porque me sive de desahogo, porque no sé si se lo enseñaré a mis hijos en el futuro (de momento lo hago por y para mí), pero me gusta releerlo y me sirve de diario “maternal”.

Hay tantas cosas que contar... Leo se destetó definitivamente (bueno, le desteté), y su hermana se está vengando de su parte y me tiene frita por las noches y con la espalda molida. Ella está feliz y preciosa, pero aún no ha superado la intolerancia a la proteína de la leche de vaca. Le dimos unos sorbitos de leche hace poco... ¡y la que se ha liado! Sangre, mocos, diarrea... Muy bonito todo. El miércoles vamos al pediatra.

Leo se ha adaptado por fin al cole. Ha costado, pero creo que está conseguido. Con algunas particularidades, eso sí, que se merecen post aparte. Está yendo de 9:30 a 13 h. Luego le recojo, vamos a casita, comemos y ya, que volver para ver cómo los amigos se echan la siesta... como que no. Mejor para él, creo que eso ha ayudado bastante en la adaptación.

Nora a sus 13 meses (¡los cumple hoy!) se dedica a caminar pasito a pasito agarrada por todos los muebles que pilla. Le gusta también que la llevemos de las manitas (perfecto también para la espalda). Aún no se suelta ella sola. Adora a su hermano (no podemos decir lo mismo de Leo... ejem) y en general es una niña muy feliz y risueña. Come como el culo aunque ella se lo pasa pipa guarreando y tocando toda la comida con las manos e intentando manejar los cubiertos ella sola. Lo de que la den de comer no le va. Eso sí, teta toda y más. Duerme como el culo también y le mola despertarse a las 5, por ejemplo, y no volver a caer hasta las 7. Superdivertido. Las siestas tampoco son lo suyo. Baila como si se fuera a descoyuntar, dice agua, papá, mamá también pero menos, balbucea mucho en su propio idioma, tiene 6 dientes desde hace tiempo ya, gatea como su hermano, al modo tradicional, más o menos desde los 8 meses... Es un sol y nos da mucha luz y alegría.

Leo sigue muy gamberro pero muy feliz también; eso sí, le encanta enfadarse por todo. Sigue en fase adolescente y amenaza con castigarnos cuando le regañamos. No nos deja ni un segundo, todo tiene que ser con papá y mamá, y agota un poco este ritmo. Son dos niños muy demandantes y nos pasa factura, pero vamos capeando el temporal (bueno, los temporales). Últimamente han vuelto los terrores nocturnos y también pesadillas y sueños agitados. Al final hemos decidido acudir a un profesional, a que nos oriente un poco. Ya os contaré. Así, además, podremos comentarle ciertos aspectos de la personalidad de Leo que no llegamos a discernir si son normales o no tanto. Aún no tiene muy desarrollada la empatía, o eso me parece a mí al menos. No tiene muchos recursos para relacionarse con otros niños, no sabemos si es simple timidez, que es introvertido, que no le apetece mucho y ya está... A veces parece que se aburre de todo y que no está a gusto en ningún sitio. Tampoco es que sea un hacha en el juego simbólico... En fin, nos despista mucho. Por otro lado, le gusta correr, saltar, hacer el bruto, tirar las cosas por ahí mientras se mea de risa, jugar a la pelota... Cosas muy normales y lógicas en un niño de tres años. Pero los juguetes no le entretienen más de 10 minutos con suerte, y eso si estamos jugando con él. Y le encanta liarla, desafiarnos, gritar y enrabietarse.

No está mal para un primer post después de 5 meses y medio, ¿no? En cuanto a mí, sigo sin curro (y de momento contenta aunque cada vez queda menos prestación) y trabajando ciertas cosillas para hacer nuestra vida familiar más agradable. Dejar a los niños con los abuelos, pedir ayuda, asumir que no puedo con todo, que no siempre es todo de color de rosa, que por mucho que quiera a mis hijos es normal en mis circunstancias que quiera perderles de vista a ratos...

El 2013 ha sido cañero, pero es que el 2014 le sigue los pasos. ¡No sé si echarme a temblar!

Feliz maternidad... y encantada de estar de vuelta. ;-)

viernes, 23 de agosto de 2013

La verdad sobre la maternidad

Sobre MI maternidad, por supuesto.

La verdad es que he aprendido a no juzgar a otras madres, aunque al principio sí lo hacía. Pero la verdad es también que sigo torciendo el gesto en modo irónico cuando escucho “no, nos vamos solos, el nene se queda con los abuelos que se lo pasa mejor”, o cuando me cuentan que una madre reciente, con un bebé de apenas un mes, le ha dejado con el papá y se ha ido a pasar el día a la playa después de sacarse leche. No me parece mal, es sólo que a mí no me sale hacerlo. No descarto que sea pura envidia.

La verdad sobre mi maternidad es que me entra como un desasosiego cuando dejo a mis hijos con otras personas. Pero la verdad es también que lo necesito y que me alegro infinito de tener los abuelos que tengo.

La verdad es que me muero por un gin tonic y por salir una noche, pero la verdad es también que áun no quiero hacerlo, así de simple y así de complejo.

La verdad sobre mi maternidad es que no siempre estoy contenta, no soy una super madre, grito mucho (yo necesitaría una montaña de rinocerontes naranjas), y no sólo eso, castigo y algún manotazo ha caído. No me siento orgullosa pero tampoco me flagelo... o al menos lo intento. La verdad es que por ejemplo no puedo decir que mi hijo mayor adore a su hermana (tampoco es que la odie) y tampoco puedo decir que siento una felicidad plena cuando miro a mis hijos (a veces sí, pero otras veces pienso: ¡cuándo te entretendrás solo un ratito, hijodemivida!).

La verdad es que mi maternidad, desde que ha nacido mi segunda hija, está siendo difícil, muy dificil. La verdad es que me siento desbordada muchas veces, agotada y llena de dudas que hace un año y medio no tenía. Me he dado de bruces con la fealdad, el aburrimiento, el descontrol y el caos, el miedo y la desesperación. Sí, suena muy melodramático, pero así es.

Quizá mi hijo no es como los demás, o quizá no soy yo como las demás, o quizá son las dos cosas o ninguna. Pero la verdad es que da igual, porque sea lo que sea y sea como sea, hay que seguir hacia delante, y lo mejor es hacerlo con calma, alegría y paciencia. Mucho de todo. Mucho muchísimo.

La verdad sobre mi maternidad es que no es como la cuentan en los blogs de maternidad, o a lo mejor es que a mí me sale contar las cosas malas. Pero la verdad es que tengo siempre muchas cosas malas que contar. Qué se le va a hacer, mi maternidad es así.

La verdad sobre mi maternidad es que es compleja, actualmente me confunde y me sobrepasa, pero también me encandila. Vivo y me desvivo por ella.

La verdad es que sí, a veces mis días son una mierda, a veces mi hijo me desquicia. Pero no, no cambio nada, aquí llega el puntito rosa pastel y la verdad es que me siento hasta orgullosa de haber estado y estar con ellos como lo he estado y estoy; no cambio ni un segundo del tiempo que he pasado con ellos...

¡...Todavía, jajaja!

Feliz maternidad. 

miércoles, 10 de julio de 2013

Calores

¡Que se me muere el blog! Y no, no quiero, quiero que sea un diario, un recordatorio, una foto del día a día de mis hijos y de mí misma como madre. Pero las noches me atrapan en el sofá sin ganas de pensar mucho.

A Nora le falta una semana para cumplir seis meses y no me puedo creer que hayan pasado ya. Empiezo a tener nostalgia del parto y... sí, de mi barriga de embarazada, aunque lo digo con la boca pequeña. Esta vez creí que no me pasaría, lo pasé tan mal... Pero esos movimientos de tu bebé dentro de tí lo valen todo. Y lo de parir yo creo que crea adicción.

Nora se da la vuelta ya; no dura más de dos segundos boca arriba. !Lo que le gusta a esta niña estar boca abajo! Me da que está empezando a intentar pasar de boca abajo a boca arriba, pero eso le cuesta más.

Cada día se ríe más, le encanta que le digas cositas, que te dirijas a ella, te sonríe mimosa y provocadora, y a veces cuando apareces en su campo de visión se pone loca de contenta agitando pies y manos. Y también ha aprendido a gritar.

Le encanta escuchar a su padre tocar la guitarra, es un bálsamo para ella... Y definitivamente le cuesta muchísimo menos dormirse de lo que le costaba a Leo (no sé por qué hablo en pasado... ejem). A veces se ha quedado sopa viendo cómo su padre agita un sonajero delante de ella. Yo sigo tirando mayormente de teta. 

Sigue a su hermano con mirada de enamorada... pero nada como cuando mira a su papá. Es tan bonito verla.

Estamos consiguiendo que los dos hermanitos se duerman a la vez. A Leo no le hace mucha gracia que yo me dedique a Nora en esos momentos, está empezando a reclamarme para dormir, cuando desde hace meses le dormía su padre sin problemas. Sospecho que está pasando una pequeña crisis de celos... Está muy pegón. Con esta ola de calor nos pasamos el día en remojo, sobretodo él. Por la mañana en la piscinita del patio de los abuelos, por la tarde con nosotros en la de la urbanización o en la de la cooperativa de mis padres. De una a otra y cada día se suelta más con su flotador. Ahora ya nos dice: ¡no me cojas, yo sólo, que no me hundo!

No para de hablar y está muy gracioso. También nos saca de nuestras casillas con sus terribles dos años y hemos hablado de rebajar expectativas con él, porque se nos hace cuesta arriba muchas veces. Es tan agotador decirle que no 800 veces al día... Leo es muy cabezota, no se rinde, no se conforma, se enfada mucho, pega y grita... y eso hace que se te quiten las ganas de seguir jugando con él. Pero el botón de pausa no lo hemos encontrado aún, no hay tregua.

Tenemos muchas cosas que mejorar con él. Creo que nos falta paciencia y yo al menos no soy capaz de estar totalmente relajada en muchas ocasiones, siempre esperando el momento de tensión... Y él es extremadamente sensible a eso, lo capta enseguida y te pone a prueba. ¡Bueno, te pone a prueba siempre! Le exigimos demasiado para su edad, que recoja, que no toque esto ni lo otro, que no tire nada al suelo, que no haga ruido, que duerma, que obedezca... no hagas esto, no hagas aquello, no bebas el agua de la bañera (¡qué manía le ha entrado!)... La verdad es que si para mí misma es un coñazo, supongo que para él más aún, claramente no lo procesa todo. Es complicado porque tú llevas todo el día con él y lo que para tí es la gota que colma el vaso, para él no es nada, él no suma, no acumula... Es sólo tu vaso, no el suyo.

Hablando de vasos, no podemos dejar que coja él solo el vaso de agua para beber porque muchas veces le da por verterlo enterito en el suelo. Tiene narices, desde los seis meses prácticamente bebiendo él solito en vaso... ¡y con sus dos años y siete meses le tenemos que dar el agua nosotros!

Ah, y ha empezado a preguntar por qué constantemente.... ¿Tan pronto? ¿¿Por qué?? ;-)

domingo, 7 de abril de 2013

Sobreviviendo al día a día

A ver cómo resumo.

Creo que hemos mejorado. Ha habido cambios en las últimas dos semanas. Hemos decidido que Leo se vaya con los abuelos lunes, miércoles y viernes de 10:30 a 14 h. Por las tardes, los martes y jueves, los otros abuelos le llevan a una pequeteca (él va desde hace mucho, pero antes le llevaba yo, hasta que mi embarazo me impidió tirarme por el suelo con él) y vienen a recogerlo antes para estar con él. En total de 17 a 20 h.

Esto nos da fuerzas, aire, podemos tomar carrerilla. Además yo puedo estar dedicándome a Nora con más calma.

Eso sí, a pesar de este nuevo horario... ¡no tengo tiempo de nada! Nora me reclama, reclama mis brazos, mi teta... y a mí me encanta, pero no puedo escribir en el blog. Eso es algo para lo que necesito tiempo y las dos manos.

Paralelamente a esto, he empezado a reducir tomas de teta (a Leo, se entiende). No podía más, no puedo negarme a mí misma que la agitación del amamantamiento que sentía en mi embarazo no ha desaparecido del todo. Además, Leo aumentó su demanda tanto que yo empezaba a estar muy agobiada. Y no es momento para esto. Así que la teta se ha reducido a después de la siesta, antes de irse a la cama por la noche, y en los despertares. Sorprendentemente no lo lleva demasiado mal, o eso quiero creer. Hubo unos pocos berrinches pero enseguida lo asumió. Aunque creo que se está cobrando esas tomas por las noches; se despiera más y pide mucha teta. Nuestras noches se merecen un post aparte, pero eso de “en mi cama somos 4” no se cumple... Más bien sería un “en mi cama me acuesto con unos y me despierto con otros”.

Ya veremos si realmente Leo lo está llevando bien. Claramente las noches tienen que evolucionar, porque útimamente acabamos enfadados él y yo a las tantas de la madrugada. Además noto que me afectan mucho los despertares, algo que nunca me había pasado (y llevo casi dos años y medio de despertares nocturnos). Me cabreo y creo que es porque ya no me apetece tanto darle teta a Leo, siento que es el momento de Nora aunque sé que es posible darles a los dos (de hecho es lo que hago). Mi niño debe estar notando esto, bastante bien se lo toma.

Por otro lado, y aunque sigue con sus increíbles rabietas (otro post pendiente), no le veo mal. Está rebelde, está “gamberro” y un poco malote, pero también se ríe, se divierte, es el de siempre. Además yo puedo dedicarme bastante a él, a veces el padre se queda un rato con Nora y yo me voy con Leo a la calle, o jugamos en casa... Nora lo pone fácil porque es muy tranquila y aguanta ratitos en la hamaca.

Cuando nosotros estamos bien él está bien. Si estamos mal, cansados, hastiados... él empeora y nos lo pone más difícil.

Y yo... yo soy feliz de ver a mi pequeña tan sonriente, haciendo tantos gorgoritos, tan plácida ella y tan bonita. Y soy feliz de ver a Leo reir, con su risa y con sus ojos. De verle con ganas de jugar con nosotros, de oírle hablar y descubrir a los otros niños.

Pero también estoy pasando un momento muy duro. Para nosotros, como padres, está siendo difícil, cada uno está pasando su puerperio particular, supongo. En mi caso, me siento bastante sola, sola en mis ideas sobre la crianza; empiezo a tener dudas sobre cosas que antes ni me planteaba. Siento decepción, nostalgia de un tiempo mejor. Siento lejanía, siento que estoy rodeada de un muro. Supongo que son sentimientos comunes, aunque no compartidos. Estamos tan centrados en lo que nos está pasando, en Leo y en resolver nuestro día a día, que no podemos ser nada más, no podemos hacer nada más... No hay nada más, excepto desencuentros, que es peor.

Esto nos hará más fuertes, lo sé. Y también nos cambiará. Yo siento más que nunca desde que nació Leo que he cambiado, que sigo cambiando.

Nunca imaginé que esta etapa sería tan dura, estos “terribles dos” de Leo nos están dejando sin nervios, sin paciencia y sin ideas. Sé que mi niño es muy especial y quiero creer que lo que le pasa es normal, aunque no muy habitual, pero a veces las fuerzas flaquean. Y hay temas como la teta y la guardería, por ejemplo, que empiezan a retumbar en mi cabeza como nunca antes, y hoy por hoy no tengo ningún cómplice, mi cómplice particular está intentando también sobrevivir al día a día sin caer en el hoyo y quizá está llegando a conclusiones diferentes a las mías.

Pero a pesar de todo le adoro, a mi cómplice, a mi amor. Porque me hace ver las cosas de otro modo, y porque simplemente estoy loca por él... aunque ahora no tenga tiempo de demostrárselo. Pero ya viviremos nuestra segunda adolescencia. ;-)

Hoy quiero poneros una foto de mi niño en la calle, feliz. He pasado un rato estupendo con él, y como ese rato hay muchos, muchísimos, y eso lo compensa todo.

Otro día una de Nora. :-)

Feliz maternidad. 


jueves, 14 de marzo de 2013

Un final y un nuevo principio...

Tengo encima un cansancio extraño, que no es por falta de sueño. Como decía en la anterior entrada, parece que los días pasan sin razón ni sentido. Supongo que influye el tiempo que ha hecho, lluvias y frío, que nos han tenido en casa más tiempo del que nos gustaría. Después ha llegado la gripe y llevamos ya 10 días enfermos. Además, en general el primer mes después de nacer Nora ha sido de adaptación, de ensayo-error, de hablar y hablar y a veces desesperar hasta que hemos encontrado una cierta calma. 

Pero la cuestión es que me levanto por las mañanas y... ¡no tengo nada que hacer! No tiene mucho sentido decir esto cuando tienes un niño de 28 meses y una niña de 2, ¿verdad? Me levanto, desayuno y me ducho si mi chico está disponible, doy de mamar a Nora, hacemos cambios de pañal, desayuna Leo... Y a ver dibujos. Cada vez pide más tele y ordenador: Calliou, Pocoyo, Dumbo, Cars... Me he relajado mucho con este tema desde el embarazo. Así yo podía descansar un poco. Mientras tanto echo un vistazo si puedo a blogs y foros amigos, pero tampoco puedo concentrarme en escribir ni leer mucho porque Leo pide cambiar de vídeo cada dos por tres, o se levanta y se da una vuelta, o se pone de pie en el sofá... Lo normal, vamos. Así que mi hijo es un adicto a los dibujos... ¡y para colmo yo no puedo ni siquiera aprovechar eso para hacer otras cosas!

Luego por supuesto hay que ocuparse de Nora, con lo cual cualquier actividad se interrumpe, y si por suerte Leo y yo estamos jugando, pues también. Además Leo se cansa de todo enseguida pero me reclama constantemente, para cualquier cosa, y últimamente casi siempre entre lloros. Lo que quiero decir es que mi vida está hecha de “trocitos” de tiempo muy pequeños e interrupciones constantes.

Antes de que el papi se pusiera malito habíamos establecido una “rutina” vespertina que nos iba bien. Leo va a una pequeteca dos días en semana con los abuelos, y otro día a la semana (o dos, a veces), se iba a pasar la tarde con los otros abuelos. Así que durante unas tres horas, 3 ó 4 días a la semana, podíamos estar “libres” (con Nora, eso sí, pero ya no es lo mismo). Esos días seguimos pasando mucho tiempo con Leo, todas las mañanas y parte de las tardes, pero esos ratos nos sirven para descasar un poco y hacer cualquier actividad que suponga emplear más de 10 minutos seguidos. Si Nora nos deja, claro. Por las mañanas, yo salía al parque con los dos. Pero como digo empezó enseguida el mal tiempo...

Sé que este estado de ánimo tiene mucho que ver con lo que hemos vivido los últimos días. Yo necesito salir, relacionarme con más gente, soy muy casera pero muy social también. Tengo ganas de que todo se asiente de nuevo, de que estemos sanos y podamos hacer planes fuera. Y entonces quizá se me quite un poco esta sensación de vacío y de estar encarcelada.

También sé que una etapa está llegando a su fin. Si Nora no estuviera aquí, diría que mi puerperio (el de Leo) está acabando (mi puerperio... ¿y quizá mi paciencia?). Hace poco leía en un blog (he intentado encontrar la entrada pero no recuerdo qué blog era) sobre el final del puerperio, de repente tienes ganas de hacer cosas que no tienen nada que ver con tu papel de madre, tienes ganas... de salir de tu piel de madre y meterte en esa otra que casi no usabas desde hacía tiempo. No sé si yo estoy pasando por esto debido al agobio de ser mamá reciente de dos enanitos, o es que realmente se me ha juntado la salida del de Leo con la entrada del de Nora... ¿Es esto posible?

Nunca, nunca me arrepentiré de haber estado con Leo estos casi 3 años que voy a cumplir en septiembre de 2013, los he disfrutado y disfruto muchísimo y simplemente es la forma que yo he elegido de criar a mis hijos (bueno, y un poco la que la vida me ha plantado delante al dejarme sin curro), con sus cosas mejores y fáciles y sus cosas peores y más complicadas, pero ahora está empezando a ser duro de verdad. Lo bueno es que sé que en septiembre empieza el cole, nos veremos mucho menos y comenzará otra gran etapa de nuestra vida, y eso me hace enfrentarme al ahora con muchas más ganas y querer disfrutar mucho del tiempo que nos queda, que además en breve va a estar lleno de sol y menos frío (¡que hoy ha nevado, hombre ya!).

En resumen, tengo poco tiempo en exclusiva para Nora, poco tiempo en exclusiva para Leo, poco tiempo para mí, poco tiempo para cualquier actividad que no sea cambiar pañales, dar teta a alguien (del tándem hablaremos otro día), resolver algún enfado o llantina... ¡y últimamente pocas ganas de nada excepto de huir!


Pero sé que pasará, y que seguiré disfrutando de mis hijos como disfruto viéndoles cada día, sé que vendrán días mejores y que mientras tanto no voy a perder el tiempo culpabilizándome de nada. ¡El objetivo es ser cada vez menos una “drama mamá”!

¿Cómo habéis vivido la maternidad las mamás de 2 (o más) que se llevan tan poca diferencia de edad? ¿Os agobiásteis así al principio? ¿Y después? ¿Me dáis un poco de esperanza?

Termino prometiéndome a mí misma escribir una entrada pronto sobre mis dos maravillosos hijos, sus monerías, ruiditos y gracietas.

Y con esta promesa... os deseo feliz maternidad. :-)