Mostrando entradas con la etiqueta evolución. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta evolución. Mostrar todas las entradas

miércoles, 24 de agosto de 2016

Verano y reflexiones


















Verano de luz, de sol. Verano de alegrías, de calma, de paz.

Tardes oscuras, persianas bajadas y ventiladores girando. La hora de la tele y de la siesta. Y del parchís a veces.

Tardes de piscina, de saltos, de giros, de hacerse anchos. De juegos.

Tardes de playa. De amigos.

Tardes de pueblo, de bicis, de perros, gallinas, de familia y de rosquillas. De regar el huerto y de pantano.

Tardes y noches de amor.

Este verano registramos una bajada al hoyo. Sólo una, sola, perdida... Quizá me equivoqué y el 2016 no va a ser lo que yo creía que sería.

Y en medio de todo esto, peleas, gritos, hastío, enfados... Porque la crianza se hace complicada según crecen. Porque Leo tiene casi 6 años y Nora 3 años y medio y se hacen complejos, independientes, ya no basta con brazos y teta y contacto. Hace tanto de eso ya...

Hablo con amigas en la misma situación que yo. La crianza agota, la paciencia se acaba, y surgen frases como “ya no me apetece jugar con ellos”, “quiero tiempo para mí”, “ese enamoramiento parece que ha desaparecido”, “ya no siento que soy respetuosa con ellos”...

Me alivia ver que no soy la única. Me da fuerzas y me hace sentir acompañada. Rodeada, protegida, siendo parte de algo, perteneciendo a una realidad común. Ver que sigue teniendo sentido todo, que las cosas son así, o pueden serlo al menos, y que hay que buscar soluciones y estrategias desde la tranquilidad de saber que es normal, habitual, que no nos pasa nada raro u horrible...

Durante los dos primeros años de mi maternidad estuve volcada en mi hijo, absolutamente feliz porque hacía lo que quería en cada momento, que en mi caso era estar con él, vivir a su ritmo, acompañarle. Luego llegó Nora y poco antes de que naciera yo había empezado a sentir la necesidad de hacer otras cosas, quedar, salir, leer, estar a solas conmigo misma, simplemente pensar o hablar de otros temas... Era el fin de mi primer puerperio pero llegaba otro achuchando por detrás, y nació Nora y me encontré viviendo ese enamoramiento, esa dedicación y entrega maravillosas junto a un niño de 2 años que me descolocaba en numerosos momentos y por el que sufría muchísimo, y además notando esa nueva necesidad de mí misma que quedó latente... Y eso chocaba frontalmente con los sentimientos cargados de oxitocina de mi segunda maternidad.

Ahora son ya dos niños, ya no hay bebés y yo he dejado salir a esa mujer nueva, esa que lee novelas, que sale, que busca su propio espacio.

Y a la vez empiezo un momento muy complicado en mi maternidad. Educar, convivir, guiar a un niño de 6 años ¡6 años! Con las ideas muy claras, con capaciadad para discutir, razonar (a su manera), tirándose de cabeza al mundo exterior.

Y sin poder evitarlo, siento que no le acompaño correctamente. La culpa de nuevo acecha y te sientes mal por tener ganas de estar a solas con tu pareja, por estar cansada ya de jugar con él, por desear que sea menos dependiente de ti. Y ves cómo arrastras a la pequeña en todo esto, y sabes que si ella estuviera sola las cosas serían muy distintas, nuestros ritmos más lentos. Pero la hacemos correr.

Sé que esto forma parte de su crecimiento y de nuestra evolución como familia. Sé que no es malo. Pero hay que coger fuerzas para lo que viene y a veces parece que al no estar metida tan de lleno en el “mundo de la maternidad” a todas horas, cuesta más (que se lo digan al blog...). Tengo que aprender a soltar cuerda sin miedo y a estrechar el espacio cuando hace falta sin pereza. Sobretodo tengo que aprender a disfrutarlo como disfrutaba de las noches de teta y los días de brazos sin parar. Sin resistencia.

Empieza un curso interesante, Leo entra en primaria, Nora entra en el cole, el invierno acecha sin remedio y habrá que hacer frente a nuevos retos. Cogeré mucha energía del sol, de los días sin horas y de la felicidad del verano. Todavía queda ;-)


¡Feliz maternidad y a disfrutar!

jueves, 26 de febrero de 2015

Hablando sobre el espacio, la gravedad y las farolas



A mi hijo le gusta darme besos muy apretados, de esos que hacen daño (¡y mucho, a veces!). Le gusta que yo se los dé también así.

Me pide muchos besos y me da muchos besos. También abrazos. Me amenaza cuando se enfada diciéndome: ¡no voy a estar nunca más contigo! Me quiere, me necesita, le gusto. Dice que quiere dormir siempre conmigo. Hoy me ha dicho que estoy muy guapa.

Llora si le grito, si le hablo con desprecio o dureza, si le pilla de sorpresa mi hastío. Es tan inocente... No hay atisbo de mala intención en nada de lo que hace. Sí hay ganas de jugar, de desfogar, de liberar todo eso que guarda dentro de sí mismo, demasiado adentro para mi gusto.

Es muy sensible y si estamos mal él está mal, es decir, se porta mal. Llama nuestra atención y nos avisa a su manera: estoy aquí, ni se os ocurra dejar de ser como sois siempre, no me gusta lo que percibo, voy a ver si reaccionáis... 

Me cuenta cada vez más cosas, lo que aprende en el colegio, lo que piensa. Pregunta, corre, ríe, quiere volar. Es feliz. Creo que lo es. 

Llora muy fuerte cuando llora. Y muy de repente. Y con mucho sentimiento. Igual que su hermana; los dos exprimen el llanto a conciencia.

A su hermana la quiere de una forma especial y única. No duda en quitarle un juguete o en hacerla de rabiar, pero hace muchas concesiones con ella y la busca para jugar. Y cada noche llora porque ella no quiere darle un beso y un abrazo al irse a dormir (cosas de la reafirmación de los dos años, y también que a ella le gustan suaves, los besos).

Se enfada, se frustra, se pone rebelde y hay un momento de no retorno en el que la rabia le domina. A veces le pasa lo mismo pero en una especie de subidón de adrenalina y risas locas.

Se expresa con el lenguaje de forma muy correcta, a sus cuatro años ya habla muy bien. Razona, deduce, bromea, pregunta... Ahora usa mucho el "ójala...", pero el pretérito imperfecto de subjuntivo se le resiste aún. Hablamos, conversamos, sobre inquietudes y reflexiones de lo más variopintas.

Se sorprende y se excita con las cosas más cotidianas, salta de alegría (literalmente y muchas veces seguidas). ¿A qué edad dejan de saltar de alegría los niños? Espero que muy tarde.

Se divierte tanto, de forma tan fácil... con las cosas más sencillas. Y se aburre tanto a la vez... cuando lo único que quiere es estar con su papá y con su mamá, que juguemos con él, que tomemos la iniciativa, que le llevemos y le traigamos...

Es tan niño, y tan mayor a la vez... Avanza tan rápido... Siempre he dicho que es un niño de ritmo lento, pero de repente pienso en todas las cosas que han cambiado en el último año, en todo lo que ha evolucionado, y es sorprendente.

Su amor es tan, tan incondicional que me siento en deuda con él todo el rato. Sólo quiero cuidarte, sólo quiero que seas feliz.

Gracias por darme tanto. Por enseñarme tanto, cada día.

jueves, 6 de noviembre de 2014

Y... ¡Cuatro!



 Cuatro años cumplidos el 30 de octubre. No voy a ponerme en plan mamá nostálgica recordando el bebé que ya ha crecido para convertirse en un hermano mayor super mayor y bla bla bla... ;-) Os voy a hablar de cómo es mi hijo a sus cuatro años. De qué hace, qué sabe, qué dice, qué siente y a qué juega.

Desde que ha empezado segundo de Infantil se le nota un mayor interés por las letras, por reconocerlas y escribirlas. Es emocionante ver cómo se las va aprendiendo, sobretodo relacionadas con nombres propios (los de sus compañeros de clase); cómo las escribe y se esfuerza porque le salgan bien; cómo coge ya el lápiz de forma correcta (el curso pasado aún le costaba mucho). Estoy deseando que aprenda a leer, ¡va a ser mejor escucharle hacerlo que cuando le vi andar solito por primera vez! Sé que aún queda y no tengo prisa, lo que menos quiero es que le presionen con eso.

También sigue mostrando bastante interés por los números. Leo aprendió a contar hacia los 2 años. Tengo un vídeo en el que cuenta hasta tres varias veces, es decir, cuenta diez elementos pero así: “uno, dos, tres. Uno, dos, tres. ¡Uno!”. Ahí tenía dos años y dos meses. Enseguida aprendió a contar hasta diez y desde hace ya mucho cuenta sin problemas decena tras decena, aunque se salta alguna cifra a veces y le cuestan los “treinta”, “cuarenta”, etc. También ahora está aprendiendo a escribir los números. El otro día me sorprendió escirbiendo el cuatro a la perfección. “Como una L con palito”, decía. :-)

Dibujar no es lo suyo, pero ahora a veces pide colores y folios. Le gusta que colguemos sus dibujos de la pared. Hemos tenido que poner un pequeño límite ahí, porque si no tendríamos ya el salón entero empapelado. Aún dibuja a las personas sin cuerpo, sólo cabeza y extremidades. También dibuja carreteras y muchas letras, a veces simplemente son series de “aes” o de circulitos, para él eso es escribir. Y tiene que pintar primero una línea y sobre ella las letras. Supongo que eso viene del cole, no sé.

Leo es muy casero. Como lo de jugar con amiguitos de su edad le da un poco igual, no pide especialmente calle. Pero salimos y vamos al parque. Además se lo pasa bien yendo y viniendo, cada vez se queja menos de que está cansado y de que no quiere andar. ¡Todo llega! (No sé por qué digo esto si casi todos los días tardamos 30 minutos en llegar del cole a casa, estando a 5. Pero es porque enreda, juega, me chincha un poquito parándose...) A veces se enfada con los otros niños porque le molestan o porque quiere algún juguete que tienen ellos... Pero también cada vez más se entretiene con ellos a ratitos o en los columpios. En el patio del cole va un poquito mejor también, ¡a veces hasta consigue pillar alguna moto!

Es un niño... cómo decirlo... muy inocente, pero en el buen sentido de la palabra. Se emociona mucho con las cosas más sencillas y lo expresa dando saltos de alegría, literalmente. El día de su cumple había un globo de helio con un 4 esperándole en casa a la hora de comer y fue todo un acontecimiento para él, le encantó y además lo expresa y te dice: “mamá, me gusta muchísimo, pero muchísimo este globo. !Me lo voy a quedar 200 años!” También corre a 200 (alguna vez intenta decir kilómetros pero creo que aún no ha acertado nunca, jajaja) o por ejemplo me dice que quiere dormir conmigo 200 años (jajaja, esto tenía que colarlo en alguna parte del post). A veces sube a 230, incluso.

Cada vez se expresa mejor, en esto nunca ha tenido problemas, habla muy bien. Y eso que se soltó tarde. Nos sorprende y nos hace reir con sus reflexiones y explicaciones. Se nota que está creciendo, que se hace mayor... está cambiando mucho.

Ahora sí puedo decir que quiere muchísimo a su hermana y la cuida y todas las noches se dan un abrazo y un beso antes de irse a la cama que hace que su padre y yo nos derritamos. Abren los brazos y se lanzan el uno en los brazos del otro. Si Nora, que está en la edad, se resiste un poco y empieza con su “¡no!”, Leo se pone muy triste. Y nos ayuda explicándonos lo que quiere cuando llora, y me dice cuándo se ha escabullido de los arneses en el coche, y muchas veces la deja sus juguetes y la defiende (venga, mamá, ponle la peli de la nena, ¿¿no ves que quiere verla??). La peli de la nena, por cierto, es la de Monstruos S.A., el mayor éxito en la historia de esta familia.

Los monstruos han entrado en su vida en todos los sentidos y dice que hay muchos en su habitación por la noche, que se le acercan mucho a su  cara y le da miedo, y que no dicen nada porque no tienen boca. ¡Joder, me da miedo hasta a mí! Pero no hay problema porque su padre sigue durmiendo con él y así puede abrazarle fuerte en la cama. :-)

Y lleva muy mal que le hagan de rabiar (aunque a él se le da cada vez mejor hacerlo... ejem). Se frustra tan fácilmente... y grita y se enfada mucho. Eso sí, te lo dice. Creo que eso es muy positivo, que te diga cómo se siente y por qué. Pero tenemos que seguir trabajando su rabia.

El otro día me confesó que nunca dice hola o adiós a sus amiguitos de clase porque le da vergüenza. Siempre le insistimos para que lo haga y quizá es hora de dejar de insistir y empezar a animar, a decirle “venga Leo, atrévete, que tú puedes”. Aunque la verdad es que muchas veces tampoco dice adiós a sus abuelos, por ejemplo, y eso está clarísimo que vergüenza no es... Es como si le costara ser "formal" o educado o convencional.

Pero a pesar de estas cosas Leo es un niño muy alegre. Corre y salta de alegría, le encanta bailar y saltar. Es un terremoto, no para, ¡no para! Hasta el punto de tirarse encima de nosotros, de hacer mucho el burro... y no sabe parar, ¡no puede parar! Esto nos crea muchos problemas pero sé que es algo bonito en el fondo, es vitalidad, sólo tiene que evolucionar un poquito. Cuando llega de pasar la tarde con los abuelos entra en casa arrasando, se pone a correr, riéndose como un loco, empieza a hacer el payaso... Es un espectáculo. Y su hermana le sigue, claro. Corre y ríe con él y la verdad es que es una maravilla ver lo bien que se lo pasan. Se tiran al suelo, ruedan, bailan juntos... ¡Como digo, el problema viene porque no hay boton de off!

Sigue recogiendo piedras cada día para su padre y para mí, ¡qué obsesión con las piedras y los palos! Juega al parchís constantemente ¡y casi siempre gana! Le siguen gustando mucho los trenes (le hemos regalado por su cumpleaños uno eléctrico). También los muñecos, los coches, las construcciones... En fin, todo le vale pero no le dura mucho, se cansa enseguida y hay que cambiar de actividad, se aburre y te dice: quiero jugar contigo. -A qué, Leo. -No sé, contigo!

En los útimos días me habla mucho de una niña de su clase. “Mucho” es que me ha dicho dos veces que ha jugado con ella en la arena y que es su amiga. Esto en Leo es como una super declaración de amor. También me recordó que una vez, hace meses, estuvimos en su urbanización (por supuesto no jugó ni un segundo con ella... ni con nadie, jajaja) y me dijo que quería volver porque se lo pasó muy bien, jajaja. Hoy la hemos visto en el parque y ha ido corriendo hacia ella. Esto el invierno pasado era inimaginable. Han estado jugando un rato con unas hojas secas, lo malo es que para Leo jugar era rompérselas a ella y al final ella como que estaba un poco harta... Leo se lo pasaba pipa, en cambio. ¡Cuando nos hemos ido se ha puesto a llorar de la pena! Le he intentado explicar que a los amigos hay que hacerles sentir bien, y que si hay algo que no les gusta debemos dejar de hacerlo, pero Leo me decía que es que a él le gustaba romperle las hojas. ¡Ains, qué pequeño es aún para estas cosas!

El problema de su genio, de sus enfados, está ahí, pero es tan... sincero, alegre, risueño, auténtico, que es indudable que es un niño feliz. Su mirada lo dice un millón de veces al día. Yo sólo quiero que siga siendo así, que no pierda esa inocencia aún, que no le haga daño su introversión, su miedo o su vergüenza disfrazadas de bordería o brusquedad. 

Y mientras tanto habrá que seguir aprendiendo de los errores... Sobretodo nosotros, claro. ;-)

Feliz maternidad.

jueves, 15 de mayo de 2014

Intensidad

Actualizo un poco sobre mi niño loco, el terremoto, el enrabietado, el huraño y alegre y torpón Leo que últimamente parece que se toma un par de tripis diarios.

Le ha dado por entrar en bucle mientras repite cualquier chorrada y se parte de risa. Ayer fuimos a tomar algo con mis padres y la vuelta a casa se la pasó diciéndome “¡te sacudo el culete!” mientras reía a carcajadas y ciertamente me sacudía el culo (aclaro que la supuesta intención era sacudir el polvo por habernos sentado en el suelo). En una de éstas se cayó y ya empezó a repetir la caída cada vez. Mi madre decía “¡ánimo Leo, arriba!” o algo parecido, así que la secuencia quedaba:

-Leo: ¡te sacudo el culete!

-Leo: ¡jajajajajjajjajajaja!

-Leo se cae

-Mi madre: ¡ánimo!

-Leo se levanta

Así unas... 50 veces ininterrumpidamente.

Al llegar a casa se agarró a mí, loco perdido, y le tuve que poner en la trona porque no me dejaba ni moverme. Automáticamente la risa descontrolada se convirtió en llanto descontrolado, tendríais que haber visto su cara, desencajada totalmente. Le bajé, le llevé a la ducha. Le dije que tenía que estar tranquilo, que hay que saber terminar los momentos de bromas y risas (el nuuunca sabe terminarlos) y al final con un abrazo fuerte se calmó. Uffff. No suele funcionar pero esta vez sí.

Otras veces empieza con el: ¡me tiro un pedo, jajajajajaja! Y empieza a lanzarse contra el sofá y a correr por toda la casa y tenemos que frenarle porque hay que vestirse e ir al cole, o cualquier otra cosa. De verdad que parece un desequilibrado.

Le sigue costando la vida jugar solo y cuando lo hace se dedica a tirar cosas por ahí, la última es arrojar objetos por la ventana. Vivimos en un tercero y abajo del todo hay un patio de un bajo. Todo empezó con un calcetín que se quedó en el camino pero luego fueron... unas bragas mías cogidas directamente del cesto de la ropa sucia. Primero se quedaron enganchadas en un palo de la fachada y ya luego cayeron al patio del bajo.

Lo peor es que pilló un puente y los vecinos no estaban, y las bragas pasaron allí unos días y a mí se me olvidó. Y el otro día me lo recordó mi chico: ahí están tus bragas. En plan: ya te vale. Y yo, vencida por la pereza y la vergüenza, pensé: mañana... Y al día siguiente... ya no estaban. Ains.

Pensé que las habrían tirado y entonces ya decidí no bajar. Total, nos consideran buenos vecinos y en mi bloque hay más de un post-adolescente. Pensé que seguro que pensaban que había sido alguno de ellos en plena borrachera.

Y pocos días después va Leo y tira un juguete (al loro, no un juguetillo, sino ÉSTE)

Claro, tuve que ir a por él de la mano de mi hijo, y la vecina muy maja y tal, pero fijo que ahora sabe que las bragas eran mías.

Por las noches me cuesta la vida que me dé un mísero beso, la mayoría de los días ni nos mira a Nora y a mí cuando me la llevo a dormir. Con su padre hace lo mismo. Si te acercas a él para besarle o acariciarle o achucharle corres un altísimo riesgo de ganarte un guantazo.

La verdad es que su extrema dependencia, su no saber jugar solo, su no dejarnos ni respirar, se llevarían mejor si nos dijera alguna vez que nos quiere o fuera más cariñoso con nosotros. A mí sí me pide abrazos para calmarse cuando tiene un berrinche, y si le pillo de buenas sí se deja estrujar un poquillo. Pero poco más.

Ahora dice que no tiene miedo a nada, que no llora nunca (me mondo), que cuida de su hermana (cuando no la empuja sin piedad, querrá decir)... La verdad es que cada vez está más gracioso y encantador hablando. Pero tiene un genio... Experto en poner cara de enfadado, su máximo entretenimiento es hacer que sus papás se enfaden también. O quién sabe, quizá comprobar cuánto pueden aguantar sin enfadarse... Por eso cada vez que hace una de las suyas me pregunta: ¿estás enfadada? Y casi se decepciona si le digo que no. De momento eso no me da resultados pero quiero seguir probando. ¡Lo malo es que a veces es dificilísimo no enfadarse!

Va por la vida arrasando, sin cuidado ninguno, sin fijarse en nada, se cae, se da contra todo... Está muy casero y tenemos que convencerle casi siempre para salir. En la calle cambia, se modera, supongo que no es su espacio, y ya si estamos en el parque o con más niños se nota mucho más. Sigue yendo mucho a su bola y parece que se aburre un poco, ¡pero qué más da, si en casa también! Es como si sólo se divirtiera haciendo el borrico, lanzándose contra nosotros o rompiendo cosas. Ah, y el empanamiento propio de estos mini-seres de 3 años no disminuye al acercarse los 4. A veces pienso que no entiende ni una sola palabra de lo que le digo hasta que harto de oírme, supongo, me suelta un: ¡que síiiiiii mamáaaaaa! Por supuesto no hace ni puñetero caso después.

Yo sigo viéndole feliz, eso es lo que me hace no preocuparme demasiado, incluso en el cole parece que no hay problemas, aunque lo del patio sigue ahí, pero es que ¿cómo pretendemos que juegue con otros niños allí si ni siquiera lo hace cuando estamos también nosotros y le ayudamos o participamos? Dentro de clase según su profe sí participa, habla, incluso juega.

Me gusta mucho comprobar cómo funciona su mente, oírle razonar, con esa lógica aplastante y extremadamente simplificada de los niños. Cómo si le digo que no haga ruido porque Nora duerme me contesta por ejemplo: yo siempre no (es decir, nunca) hago ruido cuando voy a por un coche a la habitación, mamá, porque coger un coche no despierta a Nora. Así que voy a ir a por un coche, ¿vale? Todo lo convierte en “es que yo siempre”... o “es que yo nunca...” También habla mucho de cuando él era un bebé, o de lo que ha pasado hace algunos días. El concepto del tiempo empieza a introducirse en su universo. Y me encanta oírle hablar y cómo mezcla todos los tiempos verbales posibles!

El otro día fue a la granja escuela ¡y montó en pony! Me hubiera encantado verlo. Desde luego va evolucionando.

Pero se sigue despertando casi cada noche para venirse a dormir conmigo, y los celos... ¡ay los celos! Qué de disgustos nos van a seguir dando, me temo...

Os dejo con su disfraz de chulapo... Le pega un montón, ¡jajaja!


miércoles, 10 de julio de 2013

Calores

¡Que se me muere el blog! Y no, no quiero, quiero que sea un diario, un recordatorio, una foto del día a día de mis hijos y de mí misma como madre. Pero las noches me atrapan en el sofá sin ganas de pensar mucho.

A Nora le falta una semana para cumplir seis meses y no me puedo creer que hayan pasado ya. Empiezo a tener nostalgia del parto y... sí, de mi barriga de embarazada, aunque lo digo con la boca pequeña. Esta vez creí que no me pasaría, lo pasé tan mal... Pero esos movimientos de tu bebé dentro de tí lo valen todo. Y lo de parir yo creo que crea adicción.

Nora se da la vuelta ya; no dura más de dos segundos boca arriba. !Lo que le gusta a esta niña estar boca abajo! Me da que está empezando a intentar pasar de boca abajo a boca arriba, pero eso le cuesta más.

Cada día se ríe más, le encanta que le digas cositas, que te dirijas a ella, te sonríe mimosa y provocadora, y a veces cuando apareces en su campo de visión se pone loca de contenta agitando pies y manos. Y también ha aprendido a gritar.

Le encanta escuchar a su padre tocar la guitarra, es un bálsamo para ella... Y definitivamente le cuesta muchísimo menos dormirse de lo que le costaba a Leo (no sé por qué hablo en pasado... ejem). A veces se ha quedado sopa viendo cómo su padre agita un sonajero delante de ella. Yo sigo tirando mayormente de teta. 

Sigue a su hermano con mirada de enamorada... pero nada como cuando mira a su papá. Es tan bonito verla.

Estamos consiguiendo que los dos hermanitos se duerman a la vez. A Leo no le hace mucha gracia que yo me dedique a Nora en esos momentos, está empezando a reclamarme para dormir, cuando desde hace meses le dormía su padre sin problemas. Sospecho que está pasando una pequeña crisis de celos... Está muy pegón. Con esta ola de calor nos pasamos el día en remojo, sobretodo él. Por la mañana en la piscinita del patio de los abuelos, por la tarde con nosotros en la de la urbanización o en la de la cooperativa de mis padres. De una a otra y cada día se suelta más con su flotador. Ahora ya nos dice: ¡no me cojas, yo sólo, que no me hundo!

No para de hablar y está muy gracioso. También nos saca de nuestras casillas con sus terribles dos años y hemos hablado de rebajar expectativas con él, porque se nos hace cuesta arriba muchas veces. Es tan agotador decirle que no 800 veces al día... Leo es muy cabezota, no se rinde, no se conforma, se enfada mucho, pega y grita... y eso hace que se te quiten las ganas de seguir jugando con él. Pero el botón de pausa no lo hemos encontrado aún, no hay tregua.

Tenemos muchas cosas que mejorar con él. Creo que nos falta paciencia y yo al menos no soy capaz de estar totalmente relajada en muchas ocasiones, siempre esperando el momento de tensión... Y él es extremadamente sensible a eso, lo capta enseguida y te pone a prueba. ¡Bueno, te pone a prueba siempre! Le exigimos demasiado para su edad, que recoja, que no toque esto ni lo otro, que no tire nada al suelo, que no haga ruido, que duerma, que obedezca... no hagas esto, no hagas aquello, no bebas el agua de la bañera (¡qué manía le ha entrado!)... La verdad es que si para mí misma es un coñazo, supongo que para él más aún, claramente no lo procesa todo. Es complicado porque tú llevas todo el día con él y lo que para tí es la gota que colma el vaso, para él no es nada, él no suma, no acumula... Es sólo tu vaso, no el suyo.

Hablando de vasos, no podemos dejar que coja él solo el vaso de agua para beber porque muchas veces le da por verterlo enterito en el suelo. Tiene narices, desde los seis meses prácticamente bebiendo él solito en vaso... ¡y con sus dos años y siete meses le tenemos que dar el agua nosotros!

Ah, y ha empezado a preguntar por qué constantemente.... ¿Tan pronto? ¿¿Por qué?? ;-)

domingo, 7 de abril de 2013

Sobreviviendo al día a día

A ver cómo resumo.

Creo que hemos mejorado. Ha habido cambios en las últimas dos semanas. Hemos decidido que Leo se vaya con los abuelos lunes, miércoles y viernes de 10:30 a 14 h. Por las tardes, los martes y jueves, los otros abuelos le llevan a una pequeteca (él va desde hace mucho, pero antes le llevaba yo, hasta que mi embarazo me impidió tirarme por el suelo con él) y vienen a recogerlo antes para estar con él. En total de 17 a 20 h.

Esto nos da fuerzas, aire, podemos tomar carrerilla. Además yo puedo estar dedicándome a Nora con más calma.

Eso sí, a pesar de este nuevo horario... ¡no tengo tiempo de nada! Nora me reclama, reclama mis brazos, mi teta... y a mí me encanta, pero no puedo escribir en el blog. Eso es algo para lo que necesito tiempo y las dos manos.

Paralelamente a esto, he empezado a reducir tomas de teta (a Leo, se entiende). No podía más, no puedo negarme a mí misma que la agitación del amamantamiento que sentía en mi embarazo no ha desaparecido del todo. Además, Leo aumentó su demanda tanto que yo empezaba a estar muy agobiada. Y no es momento para esto. Así que la teta se ha reducido a después de la siesta, antes de irse a la cama por la noche, y en los despertares. Sorprendentemente no lo lleva demasiado mal, o eso quiero creer. Hubo unos pocos berrinches pero enseguida lo asumió. Aunque creo que se está cobrando esas tomas por las noches; se despiera más y pide mucha teta. Nuestras noches se merecen un post aparte, pero eso de “en mi cama somos 4” no se cumple... Más bien sería un “en mi cama me acuesto con unos y me despierto con otros”.

Ya veremos si realmente Leo lo está llevando bien. Claramente las noches tienen que evolucionar, porque útimamente acabamos enfadados él y yo a las tantas de la madrugada. Además noto que me afectan mucho los despertares, algo que nunca me había pasado (y llevo casi dos años y medio de despertares nocturnos). Me cabreo y creo que es porque ya no me apetece tanto darle teta a Leo, siento que es el momento de Nora aunque sé que es posible darles a los dos (de hecho es lo que hago). Mi niño debe estar notando esto, bastante bien se lo toma.

Por otro lado, y aunque sigue con sus increíbles rabietas (otro post pendiente), no le veo mal. Está rebelde, está “gamberro” y un poco malote, pero también se ríe, se divierte, es el de siempre. Además yo puedo dedicarme bastante a él, a veces el padre se queda un rato con Nora y yo me voy con Leo a la calle, o jugamos en casa... Nora lo pone fácil porque es muy tranquila y aguanta ratitos en la hamaca.

Cuando nosotros estamos bien él está bien. Si estamos mal, cansados, hastiados... él empeora y nos lo pone más difícil.

Y yo... yo soy feliz de ver a mi pequeña tan sonriente, haciendo tantos gorgoritos, tan plácida ella y tan bonita. Y soy feliz de ver a Leo reir, con su risa y con sus ojos. De verle con ganas de jugar con nosotros, de oírle hablar y descubrir a los otros niños.

Pero también estoy pasando un momento muy duro. Para nosotros, como padres, está siendo difícil, cada uno está pasando su puerperio particular, supongo. En mi caso, me siento bastante sola, sola en mis ideas sobre la crianza; empiezo a tener dudas sobre cosas que antes ni me planteaba. Siento decepción, nostalgia de un tiempo mejor. Siento lejanía, siento que estoy rodeada de un muro. Supongo que son sentimientos comunes, aunque no compartidos. Estamos tan centrados en lo que nos está pasando, en Leo y en resolver nuestro día a día, que no podemos ser nada más, no podemos hacer nada más... No hay nada más, excepto desencuentros, que es peor.

Esto nos hará más fuertes, lo sé. Y también nos cambiará. Yo siento más que nunca desde que nació Leo que he cambiado, que sigo cambiando.

Nunca imaginé que esta etapa sería tan dura, estos “terribles dos” de Leo nos están dejando sin nervios, sin paciencia y sin ideas. Sé que mi niño es muy especial y quiero creer que lo que le pasa es normal, aunque no muy habitual, pero a veces las fuerzas flaquean. Y hay temas como la teta y la guardería, por ejemplo, que empiezan a retumbar en mi cabeza como nunca antes, y hoy por hoy no tengo ningún cómplice, mi cómplice particular está intentando también sobrevivir al día a día sin caer en el hoyo y quizá está llegando a conclusiones diferentes a las mías.

Pero a pesar de todo le adoro, a mi cómplice, a mi amor. Porque me hace ver las cosas de otro modo, y porque simplemente estoy loca por él... aunque ahora no tenga tiempo de demostrárselo. Pero ya viviremos nuestra segunda adolescencia. ;-)

Hoy quiero poneros una foto de mi niño en la calle, feliz. He pasado un rato estupendo con él, y como ese rato hay muchos, muchísimos, y eso lo compensa todo.

Otro día una de Nora. :-)

Feliz maternidad.