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sábado, 23 de enero de 2016

El baúl de los disfraces


Uno de los mejores regalos que hicimos a los peques. Un regalo para los dos, barato, útil y que se renueva y amplía continuamente. Nada como una visita a los chinos, un tupper bien grande y una pequeña búsqueda en armarios y cajones...  ¡Os dejo con un año de disfraces de Nora, como homenaje a sus tres años recién cumplidos!


Ésta es de ayer mismo. Ratitos breves de complicidad entre hermanos que molan un montón. :-)


El día que cumplió 2 años. ¡Cómo ha cambiado!


Este modelito no sale del baúl de disfraces, pero me encantó cómo le quedó la combinación de complementos. :-D Es de abril del año pasado.


¡Cómo les gusta ponerse las zapatillas de papá y mamá! 


Zíngara-pirata de dos años y medio con varita de mago y calza de enanito de Blancanieves, que fue el disfraz de su hermano en su primer carnaval del cole.


Outfit original creado por el padre de la criatura. ¡Otoño rockero! 


Ésta es de diciembre...

 

...y por último, nuestra payasita en acción hace menos de una semana. Ella sola eligió cada cosa y me pidió que le atara el pañuelo de la cabeza y el de la cintura. 


Y después de esto sólo me queda decir... ¡feliz maternidad! ;-)


viernes, 15 de enero de 2016

Cosas que dicen, que hacen... y que me hacen seguir a mí (IV)

 

En estos meses sin escribir mis hijos han evolucionado mucho. Leo ha cumplido 5 años y hace muchas cosas “de mayores”. Gestos, ironías, registros de voz... Comparte mucho más lo que le pasa, sobretodo en el colegio, y también lo que piensa, lo que se le viene a la cabeza de repente. Además está avanzando mucho en lo social, ahora juega mucho con sus compañeros en el cole y tiene preferencias por ciertos niños, con los que está casi siempre en el recreo. Si vamos al parque por la tarde y se encuentra con algún niño o niña de su clase se pone muy contento y enseguida se va a jugar con él o ella. Y con los hijos de mis amigas está más suelto, más resolutivo, con mucha más iniciativa. El otro día estuvimos con una amiga mía y su hijo, y esta amiga había quedado con otras tres que tienen hijos también, a los que Leo apenas conoce. Pues estuvo jugando tan feliz toda la tarde, sin miedos ni vergüenzas. Yo sonreía cuando le oía llamar feliz a uno de esos niños a los que ha visto tres veces en su vida, gritando para que fuera a continuar el juego con los demás.

Me pasó también con otra amiga que tiene dos niñas de la edad de mis hijos. Su hija mayor y Leo son tímidos, reservados... y jamás habían jugado juntos cuando habíamos quedado. Estas navidades alucinábamos las dos al verles partiéndose de risa en casa, interactuando, hablando entre ellos y jugando también con las hermanas pequeñas. ¡Es maravilloso verles así!

Nora ha crecido también mucho. Habla y conversa como una abuelilla a veces, tiene mucha picardía e intenta conseguir todo lo que quiere utilizando la palabra. Si no quiere ir a la ducha se inventa cualquier historia absurda mientras te dice: espeeera mamá, que aún no he terminado de hablar. Te quiero contar una cosa, ¿no te das cuenta? Es queeee.... el cielo es azul, y entoooonceeesss.... yo estaba en el salón, y entooonceees... tú venías, y entooooncesss... Leo cogió un muñeco mañana y entonceees... y así hasta el infinito o hasta que la pobre acaba llorando porque la tengo que cortar y llevarla en volandas, ains.

Sigue imitando en todo a Leo, en gestos, en frases y en acciones. ¡Y se llevan como el perro y el gato! Casi no juegan juntos, y cuando lo hacen es durante muy poco tiempo y a cosas muy brutas que suelen acabar con alguno de los dos llorando. A veces voy de un lado a otro del salón porque los dos me reclaman continuamente en sus juegos.

Nora me dice mucho que me quiere, y si me voy un rato, cuando vuelvo salta de alegría y se abraza a mis piernas y dice sonriendo: "¡mamá, creía que no ibas a volver nunca!" o "mamá, me alegro de que estés aquí" (bueno, también lo hace cuando he ido al baño). Es un poco desesperante porque su necesidad de mí parece que es cada vez más grande. Me dice que me quiere porque soy muy guapa, ¡y me coge la cara con sus manitas y me lo dice mirándome a los ojos! Para comérsela... :-)

Para muestra, una conversación hoy en el coche, yo con ellos volviendo de casa de los abuelos:

Leo: ¡¡mamá, mañana es viernes, tenemos que hacer la corona para el cumpleaños de Nora!! (el sábado cumple tres años).
Yo: sí, mañana lo hacemos, pero Leo, recuerda que es una sorpresa para Nora (Nora está en la silla a su lado y no hace ningún comentario, a saber si nos está prestando atención o está en su mundo de fantasía lleno de mamás y bebés en el que vive 16 horas al día).
Leo: pero mamá, ¿¿cómo vamos a hacerla sin que se entere, si Nora quiere estar todo el rato con mamá??
Yo: ya encontraremos la manera hijo, no te preocupes... (glups, ¡jajaja!).

Ahora podemos charlar mucho con él, mola mucho tener conversaciones con tu hijo en las que él te explica algo que siente, algo que se le ha ocurrido, algo que le pasa... Y pregunta mucho, quiere una explicación sobre todo.

Y me hace mucha gracia comprobar que esto existe, y su forma de expresarse tan adulta, junto a los tiempos verbales mal utilizados o las palabras mal dichas aún, como por ejemplo “amelojor” en vez de “a lo mejor”.

De este verano tengo un par de mini conversaciones que merecen la pena:

-Leo, por qué no quieres darle un beso a Nora?
-Porque no.
-Eso no es una razón, será por algo por lo que no quieres.
-Porque no.
-¿Pero por qué no quieres decírnoslo? A ver, danos una razón.
-¡Que no es que no quiera decírtelo, es que no sé lo que son las razones!

El monstruo de colores, leyéndoselo a Leo:

-y tú, ¿cuándo estás contento?
-cuando Nora me da un beso, cuando Nora me da un abrazo... y ya no se me ocurre más.

-y cuándo estás triste, ¿qué te pone triste?
-cuando Nora no me da un beso ni me abraza.

-¿y cuándo estás muy enfadado? ¿Qué te hace enfadarte?
-cuando Nora me pega.

-¿y cuándo estás en calma?
-cuando juego.

-¿y cuándo sientes amor?
-¡cuando te quiero! :-)

En el metro:

-mamá, ¿qué pone ahí? (ahora ya no me lo preguntaría, ¡lo leería él!)
-dirección Paco de Lucía. Es que Paco de Lucía era... bla bla bla... muy famoso y tocaba muy muy bien la guitarra y por eso pusieron su nombre a una estación.
-¿y no le dieron una copa?

Nora (jugando con una cuerda a punto de rasgarse): la cuerda está triste.
Yo: ¿Por qué?
Nora: porque se ha convertido en dos...

Y así miles de ocurrencias, razonamientos fantásticos, originales, sinceros y lógicos como ellos solos y llenos de magia. Ahora los hay continuamente, por parte de los dos, como cuando este verano me dijo Leo: “sí, voy dejar que se gaste el tiempo”, porque no quería ir a ver a los bisabuelos y yo le había dicho que teníamos que irnos ya y le dije a mi madre “ahí está, perdiendo el tiempo”.


Y ¿sabéis otra cosa que me dice mucho Nora? Que ella quiere un hermanito pequeño, así de pequeñito (juntando mucho sus manitas) para cuidarlo mucho. Y yo la pregunto si es que no le gusta tener un hermano mayor, y me dice que no, que uno muy pequeñito muy pequeñito, que los mayores no le gustan...

Y a mí me entra una nostalgia... ;-)

Feliz maternidad, encantada de estar de vuelta. 


viernes, 31 de julio de 2015

Cosas que hacemos este verano

Las vacaciones y el verano son lo mejor del año. Siempre lo han sido para mí. Este año las olas de calor están intentando a toda costa hacerme cambiar de opinión, pero el verano, con 40 grados o con 30, tiene muchas cosas especiales y maravillosas: tiene más luz, tiene menos rutinas. Tiene tiempo, aunque a veces con niños no sepas cómo llenarlo en las horas de más calor. Tiene olor, a crema solar. Tiene brisa nocturna que alimenta (¡o tenía!) y cañitas en las terrazas. Tiene playa y menos obligaciones. Tiene vestidos de tirantes y helados.

Y hay más tiempo para hacer cosas con los niños, y aunque vean muchos dibujos (muchos, sí...) sigue sobrando tiempo. Y están las mañanas, las tardes y las noches enteritas, de cada día... Sí, tenemos mucha suerte de poder disfrutar de todo este tiempo juntos, de poder vivir sin prisas.

Este verano, con tanto calor, vamos mucho a la piscina, casi todos los días. Y disfrutan chapoteando y flotando en el agua. Leo está empezando a nadar, con cinturón de corcho, y está emocionado. Se le da muy bien. Salta desde el bordillo una y otra vez y cuando sale por fin se pone su poncho y se acurruca unos minutos en nuestra toalla. ¡Y se lanza también sin cinturón! Mientras tanto, Nora flota, gira, da grititos, juega en el agua...


Hemos ido al río y han tirado piedras, un super pasatiempo para cualquier niño. Y hemos visitado un castillo que a Leo le encantó. Es genial cuando compruebas que se conforman con tan poco.


Hemos estado en el pueblo, con eso estrenamos el verano, y han ido a dar de comer a las gallinas, y se han traído huevos. Hemos ido al campo y Leo ha jugado con los perros y los gatos y han dado un paseo con un palo en la mano :-). Leo ayuda también al abuelo a regar el huerto y las plantas, le gusta mucho.


Hemos ido al Aquópolis y Leo ha disfrutado muchísimo tirándose por los toboganes y en los chorros de agua con sus amiguitos. Y también ha visto un par de conciertos de rock cerca de casa y ha vencido su miedo a los sonidos fuertes hasta acabar en la primera fila. Estaba concentradísimo escuchando y observando. Mientras, Nora correteaba de un lado a otro (y yo detrás de ella, por supuesto, donde va ella tiene que ir mamá, jaja).


La música es protagonista este verano. A Leo le gusta tocar la batería y toca con dos palos y la tapa de una caja de cartón. ¡Lo vive! Se estrenó con un tambor que le hicimos su padre y yo con un bote de Nesquik y una cuerda en la fiesta de fin de curso. Nora le imita y se montan los dos unos conciertos con baile incluído que son para grabarlos. Además, su padre ha rescatado un viejo Casio y se lo lleva a todas partes, y toca sobre los diferentes ritmos y cambia los sonidos y lo maneja que da gusto. Y lo mejor es que tocan juntos padre e hijo, cada uno con su teclado. "Ahora tú la batería y yo la guitarra". :-) ¡Y se está aprendiendo canciones!

 Nora ya construye torres sui generis con el lego. Y Leo últimamente hace la Puerta de Alcalá. ;-)

Cantan mucho. Y se pelean mucho. Y se quieren mucho.

Seguimos jugando mucho al parchís durante la siesta de Nora.

Hemos jugado también con las emociones del Monstruo de Colores y tenemos los botes hechos en la estantería, incluído el que hizo Nora, una mezcla a la que Leo bautizó "colores". Leemos bastante ese cuento. Seguimos necesitando todos mucho verde. :-)


Les he hecho últimamente algunos juguetes, un armario para los cacharritos que Leo me ayudó a pintar con témpera, unos puzzles con palos de polo y fotos, un memory... Ya os los enseñaré.

Hemos ido al teleférico y a merendar al Templo de Debod. Un buen plan para pasar la tarde o incluso el día entero. En la estación de Casa de Campo hay un restaurante con terraza-mirador, y por supuesto la propia casa de campo. En el Templo de Debod sombra, columpios, agua, vistas preciosas...


Juegan juntos, normalmente haciendo el bruto, pero se divierten mucho. Les gusta tirarse por el suelo, revolcarse, correr, imitarse, hacer el payaso a la par.


Hace 5 días llevé a Leo al pueblo con los abuelos. Esta vez para quedarse él solo, 15 días. El verano pasado lo hicimos por primera vez y fue bien. Este año lo estaba deseando. Se lo está pasando en grande, no para. Eso sí, se acuerda mucho de Nora. Hoy miraba una foto de ella en el móvil de la abuela y decía: "qué guapa es... ¡es que la quiero mucho!". Y curiosamente, yo le estoy echando más de menos que el año pasado. Aquí nos hemos quedado solos los papis con Nora, pero por poco tiempo porque en un par de días yo me voy una semana solita a la playa con amigas. Me he lanzado y no sé si serán demasiados días para Nora, pero confío en que esté preparada. Se queda con su papá y con la ayuda de los abuelos. ¡Qué suerte tenemos con los abuelos, con los cuatro!

A la vuelta tocarán vacaciones familiares, los cuatro juntitos a la playa. Otra cosa que Leo está deseando ansiosamente. ¡Qué ganas de verles disfrutar en el mar!



Os lo contaré todo a la vuelta. ¡Felices vacaciones!

jueves, 16 de julio de 2015

2 años y medio como mamá de 2


Mi pequeña Nora. Pequeña y dulce Nora. Dulce y desesperante Nora. Hoy cumples dos años y medio. Eres muy mayor, aunque depende del momento tú dices que eres pequeñita. Creo que te haces un lío a veces. O igual eres más lista que nadie.

Llevo tiempo queriendo preparar esta entrada, y me cuesta. Porque me superas, porque sé que me quedaré corta. Que no podré dejar escrita aquí tu alegría, tu sonrisa, tus contradicciones maravillosas.

Hablas como una niña mayor. Me dices que me quieres, y que me quieres mucho, incluso me dices “te quiero mucho, cariño”, ¡imitándome! Imitas e imitas, sobretodo a tu hermano pero también a mí en un gesto casual, en una postura. De repente te veo mirando atentamente mis piernas y poniendo las tuyas exactamente igual, o mirándote al espejo del ascensor mientras copias la postura de mi mano izquierda en mi sien. Entonces te miro, me río, suelto la carcajada y tú te ves descubierta y te ríes conmigo.

Eres una brujita, un lorito (si Leo dice: ¡quiero agua!, tú dices ipso facto: ¡quiero agua!), una mayor y mi bebé. Porque me niego a que dejes de serlo. Sí, ya caí en el tópico. Es que eres la última, hija, sé que ya no vendrán más bebés, que a tu padre y a mí se nos iría la salud y la misma vida con un tercero, y entonces pienso que en menos de nada tendrás 3 años, y me acuerdo de Leo a esa edad, ya en el cole, y me acojono. Y me asombro, porque el tiempo ha pasado muy rápido, a pesar de que han pasado millones de cosas en los dos últimos años. 


-Mamá, tengo una idea. Ven un momento. Eso es que quieres algo de mí, que te lea un cuento o juegue contigo a algo. Ven, ven. Y haces el gesto con la mano. Como si no supiera yo que me vas a secuestrar de nuevo. ;-)

-Mamá, los abuelos no me dan vergüenza, ¡porque son los abuelos!

Sí, eres un poco tímida, asustadiza con los desconocidos. Y siempre quieres estar con mamá. Aunque a veces también con papá, y menos mal porque demandas mucha atención, ¡mucha! Y lloras y lloras cuando no soy yo quien te cambia el pañal, o cuando me siento en el bordillo de la piscina y tú quieres que me meta dentro... Bueno, realmente lloras por muchísimas cosas. Y muy fuerte, ¿sabes? A veces me aturdes, porque me pides que esté ahí y no dos milímetros más allá... por ejemplo.

Ahora sobretodo lloras por Peppa Pig. ¡Qué enganche con la cerdita! Y cuando te decimos que no puedes verla más siempre lloras y pataleas y te tiras al suelo.

Gesticulas mucho, para todo. Y hablas mucho. Preguntas mucho. Por qués sin tregua cada día. Y explicaciones; y cantas, canciones enteras. ¡Y te las inventas también! A veces tarareas y a veces pones letra. Nos sigues haciendo reir muchísimo. 


Has empezado a dibujar, hasta hace poco no te interesaba. Haces rayajos preciosos y quieres que los colguemos en la pared donde están los dibujos de Leo. Y sigues teniendo tus momentos de abstracción con el lego o con tus composiciones de juguetes... Son breves, pero valen su peso en oro. Y me gusta verte tan concentrada aunque sea unos pocos minutos.

Sigues comiendo lo que quieres y cuando quieres, que se traduce en muy poco. Ah, y de pie. Te encanta comer de pie.

Y también te encanta jugar con Leo y hacerle de rabiar. Os pasáis el día peleando y si no llora uno llora otro. Es cansado a veces.

Pero siempre sacas tu sonrisa, tus mimos, tus besos... y lo vuelves a iluminar todo. Aunque al rato vuelvas con otro berrinche, con otra demanda. Incansable. 


Te gusta la piscina, flotar en el agua, jugar con la cocinita y los cacharritos, que te leamos cuentos y leerlos tú sola (mola mucho oirte, contando a tu manera, a veces casi literalmente, tus preferidos del momento). Cantar y bailar, hacer el tonto, reirte con Leo. Que te acaricie la espalda para dormirte, pegarte mucho a mí en la cama (bueno, y en todos los lados) y comer cerezas, melocotones y sandía. También sopa, croquetas y por supuesto pasta con tomate frito. Ah, y la tortilla francesa, pero como a Leo no le gusta nada el huevo, si te hacemos tortilla a él le hacemos otra cosa, y entonces tú siempre siempre quieres lo que tiene él. Así que en la práctica a tí tampoco te gusta el huevo, ¡qué se le va a hacer! :-D


Sé que cuando acabe este verano echaré la vista atrás y me parecerá increíble lo mucho que habrás crecido. Llegará el otoño y serás toda una niña, ya no una bebé. Con más ocurrencias aún, con más coquetería aún (¡lo que te gusta la ropita nueva! Nada que ver con tu hermano a esa edad), con más ganas aún de relacionarte con otros niños (estás haciendo ya algún pinito, no te desagradan). 

Y nos queda la vida entera aún...  para que nos sigas haciendo felices. Te quiero mi niña, mi bebé, mi Nora.


martes, 23 de junio de 2015

Y así Nora dejó de tomar teta... (creo)


Hace ya más de un año que conté cómo Leo dejó la teta. Ahora puedo decir que Nora la ha dejado también, a sus 2 años y 5 meses, de una forma mucho menos traumática, sin llantos, sin agitación, sin culpas. Debe llevar más o menos unas 5 semanas sin tomar, exceptuando 4 ó 5 veces contadas. Pero esto es sólo el final. Empecemos por el principio.

Nora siempre ha sido un poquito menos “yonki” de la teta que su hermano. A pesar de eso, ha pedido lo que ha querido y más, ha tomado a demanda cada día y cada noche, muchas veces. Teta hasta los 6 meses de forma exclusiva y después poquito a poco admitiendo más alimentos, con el paso de los meses. Por supuesto se dormía con la teta, tomaba teta en los despertares, se calmaba en la teta... Aunque con ella he vivido la sensación de ofrecérsela y verme rechazada. Un no rotundo a su alimento y su refugio. A veces ella quería otra cosa, quizá sólo brazos, quizá sólo atención, quizá sólo desahogarse... Con Leo jamás experimenté eso.

Hacia el año y medio ya pedía teta cada 5 minutos; lo normal. Dicen que lo es, que descubren que la teta es también una forma de entretenerse, y empiezan los chupitos, las veinte mil tomas al día...

Pero yo no quería que me pasara como con Leo. No quería que el fantasma de la agitación volviera, y muy muy imperceptiblemente lo notaba cerca, a veces, un poquito sólo, pero lo suficiente como para crear una leve sombra...

Así que empecé a decirle a Nora que la teta en la calle no, en el parque no. Y bueno, a veces me hacía caso. Otras no. Pero cada vez más. Hasta ahí mi experiencia anterior me avalaba. Con Leo hice lo mismo y funcionó. Le ofrecía algo de comer, le entretenía...Y aquí se acabaron las similitudes.

Después empecé a notar que pedía menos también en casa. ¿Pero tú le das teta alguna vez? Me decía su padre. Si siempre la dices que ahora no puede ser...

Bueno, es que me funcionaba. Y yo misma pensaba: si no insiste será que no la quiere... Si se ponía insistente, le daba.

Y así llegamos a los dos años y poquito a poquito yo veía que Nora pedía mucha menos teta. Quizá le daba 2, 3 veces al día a lo sumo, y eran minitomas de 5 segundos a veces...

Y paralelamente, empecé a decirle que por la noche la teta tenía que descansar. Y le propuse darle una sola toma en la cama y luego ya dormirla con canciones y caricias. Eso fue muy fácil. Alguna noche protestó, lloró, “quiero teta, quiero teta otra vez”, pero nada dramático, nada que me hiciera replantearme nada.

¿Estaba comenzando a destetarla? Sí, supongo que sí. Sin fecha de fin, sin expectativas, simplemente probaba qué quería ella y con qué podía quedarse...

Las noches pasaron a ser de una sola toma antes de dormir, y en los despertares seguía pidiendo. Así estuvimos mucho tiempo. Pero yo cada noche le decía: “Nora, las tetas están cansadas, esta noche si te despiertas, mamá te da besos, abrazos... pero teta no, ¿vale?”. Yo le ofrecía los mismos besos y abrazos que le daba antes de dormirla, después de su única toma. Pero en los despertares no colaba, y si me pedía, yo le daba.

Y poco a poco... no sé cómo... Dejó de pedir. Sólo a veces. En algunos. Y poco a poco... empezó a despertarse menos. Muy poco a poco. Una, dos veces. A veces tres, pero las menos.

Y una noche salí, y el papá pudo dormirla. Increíble. Sin teta. Les costó, no lo voy a negar. Nora lloró un poco llamándome. Pero es una niña que se conforma si le explicas las cosas (bueno, esto está cambiando un poco ahora... ains). Y después hemos repetido la experiencia, y ha mejorado. Sin llantos, que es lo importante.

También empecé a decirle que si quería podíamos dejar la teta, la única toma de antes de dormir, y cambiarla por abrazos directamente. Y a veces me hacía caso, aunque casi nunca. Y a veces se le olvidaba pedirla. Y yo alucinaba. Creo que ahí empezaron nuestros abrazos en la cama acompañados de nuestros “te quiero muuucho” :-)

Finalmente llegó mi operación. Hace unas 5 semanas. Dormí en el hospital una noche y al volver a casa fue el padre el que siguió ocupándose de ella. Yo no podía arriesgarme a que me hiciera daño en la herida, dormíamos juntas, así que me trasladé con Leo y el papá se quedó con ella.

Y al dormir con el papá, dejó de pedir teta. Cambió su ritual. Al principio se quejó un poco, pero una vez más nada importante, y enseguida lo aceptó de buen grado. Y así llevamos desde entonces.

A veces, en los despertares, me llama llorando. Pero a veces está muy muy dormida, es como si estuviera soñando. Alguna vez lo hizo, de hecho, durmiendo yo con ella, antes de la operación. Lo de llamarme llorando estando yo a su lado.

Se va a dormir contenta con papá, se despierta muchas noches una sola vez... Y en este tiempo me ha pedido teta por el día, de repente, 4 ó 5 veces, y yo le he dado y apenas se ha enganchado. Hacía ya mucho tiempo, meses, que en la toma de por la noche no mamaba, sólo “chupaba” sin sacar leche, durante unos 3 segundos. Casi ni hacía succión, era como si me diera un beso. Es curioso, no sé por qué empezó a hacer eso. Yo le preguntaba si sacaba leche y me decía que sí, pero era imposible, ¡no le daba tiempo! Esto lo empezó a hacer al llegar a los dos años, más o menos...

Y así, poco a poco, sin darnos cuenta, lo hemos dejado. Evidentemente yo lo he incitado, lo he provocado... Pero con Leo intenté hacer también todas estas cosas y no me funcionaron. Sobre todo en todo lo que respecta a la noche, era impensable. Por eso en este proceso he flipado tantísimo.

Nora nunca ha necesitado la teta tanto como Leo. Eso lo he sabido casi desde el primer día de su vida. Qué cosas, qué diferente ha sido y también qué igual en otros aspectos.

Y ahora, por primera vez en 4 años y 8 meses, no amamanto a nadie. Y es un poco raro, pero me gusta. Porque creo que mi momento había llegado. Porque es lo que yo quería. Porque Nora lo ha aceptado sin dramas. Y ahora me queda la nostalgia, buscar fotos que no tengo con ella mamando de mi pecho (consecuencias de ser la segunda hija...), recordar, abrazarla y reírme con ella... Y me alegro de no sentirme mal, como me pasó con Leo. Me alegro tanto de que haya sido así, tan fácil y natural...

Sé que el mérito es de ella. Sus necesidades empezaron a cambiar, evolucionaron... Con mi niño, con Leo, no fue así, él se agarraba tanto a la teta, se agarró hasta el final, el pobre... y se la quité, así de claro, sin quererlo él ni un poquito. Pero es que Leo y Nora son muy distintos en algunas cosas, y esto es una buena muestra. Bueno, yo más bien diría que Leo es tan tan especial, tan diferente, que Nora no podía ser igual...

Así que mi niña ha tomado teta hasta los dos años más o menos, y los últimos meses hasta ahora, hasta sus 29, han sido una despedida, o más bien un abandono... Sin apenas darnos cuenta y sin echar nada de menos.

Gracias Nora, gracias por ponérmelo tan fácil, mi niña. No sabes cuánto te lo agradezco... Ha sido un placer alimentarte, darte mis pechos y mirarte y amarte y acogerte en mi regazo. Todo un regalo.

Te quiero.


sábado, 16 de mayo de 2015

Un poquito de los dos

Seguimos en la montaña rusa. Ahora bajando, bajando mucho. Hace una semana éramos felices. Hace un día que hemos explotado de nuevo.

No sé hasta qué punto tiene que ver esto con la paternidad. No sé si quiero analizarlo aquí.

Pero sí quiero seguir hablando de ellos, de sus sonrisas, de sus locuras, de sus enfados. De Leo con su seguridad aplastante, con su orgullo, con su “yo quiero ganar el primero”, “yo corro más”, de Nora con su “yo también”, con su “como Leo” y su “yo solita”.

Me parto de risa con ella, me quedo alucinada con él. Hoy no quiero hablar mucho, sólo quiero que respire un poquito el amor de esta familia en el blog.


Amor como éste. Cuando se ponen así, en modo “nos queremos mucho, mirad”, no sabes si reir o llorar de la emoción. :-D 


Miradas como ésta. Nora está más pilla, gamberra, pícara, traviesa... que nunca. Nos trae de cabeza pero es tan, tan graciosa...  Habla por los codos, no suelta el "por qué" de la boca, y por supuesto sigue intensa, intensa hasta querer morirte...


Y de repente tiene momentos como éste. Saca todos los juguetes que están a su alcance y hace composiciones por toda la casa. Se entretiene un ratillo y al menos yo puedo simplemente sentarme a observarla (porque muchas veces tienes que estar ahí, no acepta estar sola). La última vez estábamos en la habitación, quise tumbarme en la cama pero no me dejó; "mamá sentada", decía. Así que sentada, mirando el móvil a escondidas, jaja.


Y aquí el loco de la casa. Su risa es lo mejor, lo mejor del mundo. Bueno, menos cuando le da el ataque en la ducha y su padre no puede seguir lavándole y hay que respirar hondo mucho. ;-)


Está tan mayor... Todo el rato intentando superar retos, todo el rato frustrándose si no lo consigue. Llora mucho, muy fuerte, desobedece mucho, se rebela, le sobra energía por los cuatro costados, no para quieto. Pero a la vez es un niño muy inocente, comparándole con otros de su clase. Es como un niño de 4 años, como lo que es. Hay niños a esa edad que parece que tienen 8, que ya no ven dibujos si no son de superhéroes, que ya no juegan con niñas, que sólo quieren ser futbolistas y se saben los equipos de primera división... Recuerdo una vez que le preguntaron a Leo: ¿y tú de qué equipo eres? Y él me miró diciendo: ¿¿eh??

Leo se pasa el día queriendo ser más fuerte, y dice "mira mamá, mira como tengo la bola" e intenta sacar biceps. Eso lo ha sacado de su abuelo y de Popeye. Bueno, al menos así come espinacas. Eso sí, sólo con los abuelos, misterios de la vida. Después ves a Nora haciendo el gesto y diciendo "mira la bola mamá" y te meas. 

Leo dice que no tiene miedo a nada, pero luego oye una sirena de bomberos muy muy cerca y no se acerca porque le da miedo, y te lo dice sin pudor. Leo hace sólo 3 meses fue a un cumpleaños de un amiguito suyo vestido de princesa rosa. Y cuando se le mete algo en la cabeza le da igual todo lo demás.

Le gustan mucho los juegos de mesa, no se cansa del parchís y la oca. Y jugar a la pelota. Al fútbol, porque ya lo llama así.

Y bailar. Y saltar. Y correr. Le encanta correr. 

Es genial, Leo. Único e indestructible. :-D

Otro día hablo más de Nora, que hoy cumple 28 meses y llenaría hojas y hojas con sus anécdotas...

Feliz maternidad.

viernes, 10 de abril de 2015

Cosas que dicen... ¡y que hacen! (III)


Sentada en el sofa, de noche, con los niños acostados y rodeada de silencio, abro las notas del móvil. Quiero mirar la de entradas pendientes para el blog, y además mañana vamos a la biblioteca y tengo otra con varios títulos y sus signaturas.

El móvil me dice: “Sin notas. Puntee el icono para crear una”.

Cagüentodo. Eso me pasa por dejárselo a Nora cada mañana para que mire fotos y vídeos mientras yo intento desesperadamente abandonar la posición horizontal.


Hace un par de meses, caminando con Leo después del cole, camino del parque, me dice:

-Mamá, ¿por qué los pájaros vuelan?
-Porque tienen alas.
-¿Y por qué las alas de los pájaros vuelan? ¿Son mágicas?
-No, es que las alas sirven para eso, para volar.
-¿Y nosotros por qué no volamos? Si los brazos parecen alas, ¡mira! Y agita muy fuerte y rápido sus brazos, arriba y abajo, arriba y abajo...

Más de una vez nos ha dicho que a él le gustaría muchísimo volar. Y en el columpio quiere subir hasta el cielo. :-)


Llego a casa de los abuelos, donde han pasado la tarde mis hijos. Le pregunto a Leo qué tal se lo ha pasado; me dice que bien. “¿Y a qué has jugado?”. “Ehhh... ¡a las cartas!”.

La abuela dice: “¿a las cartas? ¡Anda ya, si a las cartas no hemos jugado!”

Pregunto a Nora: “¿a qué habéis jugado, Nora?” Nora piensa, sonríe y dice: “ehhh... ¡¡a las cartas!!” Y se descojona.

Y entonces aparece en escena lo que actualmente es para mis hijos el comodín, el valeparatodo, la palabra mágica, el mejor chiste...

-No, mamá, hemos jugado a... ¡¡¡popopo!!

Sí; popopo. Popopo es el cachondeo padre, una juerga máxima, un éxito seguro. Dices popopo y mis hijos se parten el culo. A veces Leo dice: ¡popopo! Y Nora entonces añade: ¡popopa! Y ya es la repera.

Un ejemplo:

Mamá: Leo, ¿me alcanzas el cuaderno?
Leo: No, mejor... ¡te alcanzo el popopo! (Fuertes risas del propio Leo).

Otro ejemplo:

Mamá: Nora, acábate el yogur, anda.
Leo: Nora, acábate... ¡el popopo! (fuertes risas de Leo y de Nora).

Por supuesto Nora ya controla a la perfección las múltiples acepciones y usos de la palabra. Y se lo pasa pipa con ella y con su hermano. Todo lo que sea hacer el payaso de forma conjunta, en equipo, les va bien.


Es difícil elegir entre estos momentos “popopo” y los de “disco light-cantajuegos nuevos”. Los cantajuegos nuevos son el volúmen 5, no os creáis. Y el momento baile desenfrenado a la par, con cara de concentración los dos y Nora imitando los movimientos y giros de Leo, es para grabarlo (y lo está, claro. Varias veces).


Pequeñas cosas, momentos únicos, situaciones que te hacen sonreir y pensar en lo maravillosos que son tus hijos y en la suerte que tienes de ser testigo de sus vidas. Que hacen que puedas conocerles cada vez mejor y descubrir su esencia.

¡Verles crecer!

Feliz maternidad.

jueves, 22 de enero de 2015

Llegaron los dos años (otra vez)



Dos años desde el 16 de enero. 11 kilos y 84,5 cm. Cuando tienes dos hijos, muy seguidos, dicen que los dos primeros años son los peores y luego ya todo va para arriba. Veremos.

Los terribles dos... Con Leo fui muy consciente de lo que significaba esta frase. Su primera rabieta me hizo llorar y asustarme mucho. Con Nora está siendo diferente, supongo que la experiencia es un grado, pero además ella no tiene ataques tan brutales, o al menos no son tan frecuentes.

Pero vamos, sus rabietas tiene. El otro día en el parque me la llevé llorando en el carro (me costó la vida meterla) hasta casa. Hipando y en bucle totalmente. Se tira al suelo, te pide brazos pero luego te los rechaza... Lo típico. Al final pide teta, y con teta se calma. Si es que son todos iguales. :-D

Tiene mucho genio, no acepta órdenes y está deseando que la digas que hay que hacer algo para decirte que no con una sonsira y salir corriendo en dirección contraria. Vestirla y cambiarla el pañal son dos cosas dificilísimas de hacer sin llantos de por medio. Se te escurre en el cambiador, se da la vuelta e intenta levantarse. “E pie”, dice. A veces me desespera hasta límites insospechados, ¿por qué mis hijos gritan y lloran y protestan tan fuerte y no se rinden nunca?

Sigue poniendo esas caras tan graciosas, te mira sonriendo hasta el extremo y cierra los ojitos. Muy payasa. Y le gusta también poner cara de enfadada y después reírse, igual piensa que te ha timado. Es muy expresiva. A veces la dices “Nora, al baño”. Y ella ni te mira, sólo dice: “No (pausa). Nono”, poniendo boquita de piñón y entrecerrando los ojos. Sólo le falta decir: “te estás equivocando mamá”.

Lo que más le gusta sigue siendo correr, saltar y bailar, y si es con Leo mejor. Las coreografías de los cantajuegos las controla a la perfección (sí, hemos vuelto a los cantajuegos). Y, ¡oh sorpresa! Frozen ha entrado en nuestras vidas. A Leo se le está pasando ya, pero Nora... Se levanta y se acuesta con el “Ana” en la boca. Eso sí, esta película ha terminado de despertar en Leo su amor de hermano. Ya os contaré.

Le gusta mucho la pequeteca, sobretodo cuando cantamos, y los niños en general. Esto es una novedad para mí, Leo a esta edad no tenía ningún interés por ningún niño. A Nora le gustan los hijos de mis amigas, les da abrazos, y en la pequeteca juega a veces con sus compañeros a correr. Habla de ellos en casa y les nombra. No es extremadamente sociable, tiene su puntito de timidez y de estar siempre cerca de mamá, pero si hay columpios de por medio o algo que la atraiga lo suficiente, se olvida de mí un poquito. ¡Y eso me encanta! Las que tengáis niños hiperdemandantes lo entenderéis. Cosas como que yo la diga si quiere darle un beso a su profe y ella diga que sí y se vaya al otro extremo del corro a dárselo me dejan alucinada. Es verdad que luego se queda allí delante, mirándola, sin atreverse a hacerlo, como si no quisiera invadir su espacio hasta que la den permiso. Y entonces la profe le dice ¿me das un beso Nora? ¡Y ella se lanza a sus brazos!

En temas de motricidad gruesa va lentita, pero pone empeño y ganas. Ya baja bordillos solita, no quiere que la ayudes. Pero es prudente, si ve que no puede te alarga la mano. Las escaleras con ayuda. Sigue practicando el salto y ya levanta a veces los dos pies. Cuando la dices que vamos a hacer algo que le apetece mucho da saltos de alegría mientras grita: "¡Beeeen!" ¡Y se quiere subir a todo! Ponerse de pie en el sofá, en la mesa del salón, ¡en el balancín de vaca que tenemos en casa! Y claro, yo que sé cómo es, pues doy la impresión de madre sobreprotectora, pero es que en este aspecto no es como una niña de dos años sino como una de año y medio. De hecho ya empieza la gente a pensar que es más pequeña de lo que es, esto me pasaba también con Leo, jajaja.

En cambio con la motricidad fina va más adelantada, casi coge mejor los cubiertos que Leo. Y también pinta bastantes garabatos, maneja el pincel... El otro día en la pequeteca se pringó las manos de témpera y estaba encantada. Quizá está empezando a superar la fase de “ me da asco mancharme”. Claro que anoche se cayó en la bandeja de la trona una gota de yogur y me pidió la servilleta y estuvo frotando hasta que no quedó ni una partícula blanca. Acercaba mucho la cara a la bandeja, concentradísima, buscando restos.

Habla mucho, frases enteras aunque con pocos verbos aún. Con su hermano mantiene unas conversaciones graciosísimas. Ya pone adjetivos a los nombres, y cuando no sabe decir algo completa con “aaaaaaaa”, entonando como si estuviera hablando. ¡Y canta! Las últimas sílabas o la última palabra de cada verso, pero sí, canta. También dice ya su nombre y empieza a practicar con los pronombres. Se hace unos líos muy graciosos con el tú y el yo. También ha aprendido ya a decir “mío”, ejem...

Es muy cariñosa, da unos abrazos y besos que te cargan de energía. Me parto de risa con ella y en muchos aspecto es una niña fácil. Cabezota, un poco intensa, ¡pero cuando tienes un Leo en tu vida todo te parece chupao! A veces hasta entiende por qué no le dejamos hacer algo si se lo explicamos. Me pongo de cuclillas para estar a su altura y ella entonces se pone de cuclillas también y me mira con la misma cara seria con que la miro yo. ¡Imita muchísimo!

Se levanta por la mañana y si Leo no se ha ido al cole todavía corre a saludarle: “hola Leo, hola Leo”. Luego pide “tato” (ni idea de por qué llama así a los cantajuegos) y su “eche pan” (pan de leche con mantequilla y mermelada). “Ahí mamá, ahí”, señalando el sofá. Y empieza la lucha para que se siente en la trona a comer. Porque no aguanta más de 5 minutos sentada. Acaba muchas veces comiendo de pie, dando vueltas por el salón, acercándose de vez en cuando a la mesa a pedir “ma”.

Ya se lava las manos solita. Se quita las zapatillas y los calcetines. Ponérselas es otra cosa, claro. Las de Leo sí se las pone, y anda con ellas y todo, jajaja. Y sigue teniendo esos ratos mágicos de entretenerse solita con algún juguete. Pocos, cortos, pero ahí están.

Está cambiando muy rápido, creciendo mucho. Con sólo 9 meses más, ¡Leo empezó el colegio! A ella por suerte le queda mucho aún, cosas de ser de principio de año. Pero en breve será ya una niña “hecha y derecha”, sabrá hablar, expresarse, dejará el pañal... Dormirá del tirón... ¿dormirá del tirón? ¡¡¡Que duerma pronto del tirón, por favor!!! ;-)

¡Ah! La corona la hizo Leo. Así descubrimos lo bien que recorta. :-)

¡Feliz maternidad!



miércoles, 19 de noviembre de 2014

22 meses



Las cosas han mejorado en los últimos días. Cuando el amor triunfa todo es más fácil. Aprovecho para escribir sobre mi enanita particular, que ha cumplido ya 22 meses. Releyendo la entrada de los 20 me doy cuenta de cómo van evolucionando las cosas, tan deprisa... Y de cómo ella va dejando atrás algunos “grandes clásicos” para sumergirse en otros.

Los cantajuegos hace... pues eso, dos meses casi que no se ponen. Ahora ponemos Monstruos S.A. a todas horas... Aunque creo que están en proceso de abandono también.

Ya no me pide canciones cada vez que ve un animal en un cuento. Eso sí, cantamos mucho. Se hace todas las coreografías de las canciones de la pequeteca, está tan graciosa... Sus hits  del momento son  Gotita de agua  y Los pollitos dicen, entre otras, aunque yo me descojono sobretodo con los “chuchuwá chuchuwá” de La foca Marisol. En vez de llevar los dos brazos al mismo lado los cruza y además agita los deditos así que más bien parece que está bailando sevillanas.

Leemos mucho. Ahora su cuento favorito es uno de Leo que se llama “Edu ya no quiere llevar pañales”. Ella lo llama “el del nene”.

Ha dejado también de llorar cuando se va con los abuelos. Vuelve a irse tan contenta, diciendo adiós sonriente y tranquila.

Las noches sí siguen siendo igual. Con rachas peores y mejores. Por ejemplo las dos últimas han sido de cortarse las venas, con muchísimos despertares llorando y pidiendo teta a gritos... Espero que sea algo puntual. Tendré que tomármelo con más filosofía porque anoche me cabreé mucho y la pobre no tiene la culpa de nada... Hemos estado hablando de intentar que la duerma el papá, y yo ya de paso irme de juerga, ¡jajaja! La verdad es que no lo veo claro. Por un lado ella me necesita, pide mamá para dormirse y también en los despertares, y por otro lado yo puedo salir por el día sin problemas, y de hecho aunque saliera por la noche, ni iba a beber mucho, ni a desfasar mucho, ni me iba a apetecer especialmente el típico bar de copas con la música a todo volumen... Así que pensando he descubierto que me apetece mucho más irme de cañitas diurnas o a comer por ahí... y volver para dormir a la peque.

Sí querría comprobar que ella es capaz de dormirse con papá sin montar un drama... ¡pero vaya, que no hay prisa!

Ahora la duermo con canciones y caricias, tumbadas en la camita las dos, y la teta sólo se la doy al principio. Le digo que sólo una vez (de cada) y ya. Y está empezando a aceptarlo bien. Se queja, pide más, llora pero “de mentira”, y cuando ve que no, que soy firme, que una y otra vez le explico lo mismo, que ahora ya teta no, que ahora a tumbarse y a cantar y a dormir, me dice de repente: -¿sí? Y yo le digo: -sí. Y entonces ella se tumba y me pide la canción que quiere. Hoy de hecho ni siquiera ha insistido.

Esto lo hago porque últimamente se resiste más a dormirse, se pone de pie en la cama, se ríe... y me pedía teta cada dos segundos aproximadamente, para saltar por encima de mí de una a otra a lo loco, para entretenerse, para apartarse y volver a pedirla... Muchas noches tardo cuarenta minutos o más en dormirla, antes eran unos veinte... (esta noche ha sido genial, toquemos madera).

Sigue comiendo fatal, de forma muy caótica. Basta que te vea comer algo para quererlo, para a continuación, después de dar dos bocaditos, dejarlo. ¡Y ay de ti como no se lo des, aunque sepas que es algo que no le gusta! Hace poco fuimos a una revisión de peso, por la bajada de percentil que tuvo a los 18 meses, y había subido bastante. Ya hasta los dos años no volvemos. No me preocupa en absoluto.

Sigue sacando genio a espuertas. Te grita, te pega y dice que no por sistema a todo. A veces cambiarle el pañal o meterla en la silla del coche es una lucha encarnizada. Es desesperante. Pero Nora tiene una cosa que Leo no tenía: si le explicas algo, bien explicado, breve y clarito, unas cuantas veces, desprendiendo seguridad... Muchas veces acaba haciéndote caso. Es como si algo hiciera “click” en su cerebro y te mira y dice: -¿sí? Vale. Y adiós enfado. Eso me maravilla. Otras veces sólo queda tener paciencia, como ayer en la pequeteca, que en la puerta de la calle, cuando ya nos íbamos, decidió tirarse al suelo en protesta porque la había cogido para bajar las escaleras más rápido (la clase está en el primer piso). Y allí hizo su sentada, o más bien su “tumbada”, tranquilamente, boca arriba, mientras yo la decía: -Nora, vámonos. Y ella: -no, mientras miraba para una lado y para otro, mientras movía las piernas en plan “estoy super a gusto aquí, te esperas”. Y bueno, en vez de enfadarme esperé, sin repetirle la frase demasiadas veces, y llegó un momento en el que dijo: -ya. Y se levantó y nos fuimos.

¿¿Mola, eh?? Lástima que no me salga así de bien casi nunca, jajaja.

Habla mucho, aunque frases muy poquitas, básicamente son palabras sueltas o expresiones. Es imposible recordar todo lo que dice. Una de las últimas palabras que ha aprendido es, por fin, Leo. Ella dice “eo”. Y aún me acuerdo de cuando, ayudándome a poner la lavadora, cogió un calcetín del suelo y me lo alargó diciendo: "aetine".

Sigue teniendo una sonrisa que te roba hasta el alma, se lo lleva todo cuando sonríe. Y se tira a tus brazos dicendo “mamáaaaaa” y corriendo con esos piececitos, y se le achinan los ojos... Se la ve tan feliz. Desde que se levanta hasta que se acuesta. Con todos sus berrinches y quejas y mamás de por medio, pero no sé cómo decirlo... ella se lo pasa pipa. Se va a la estantería del salón donde están los juguetes de madera y allí se pasa un ratito, se va a por un coche a la habitación, coge un papel del suelo y se pone a limpiar la casa, se agarra a tu pierna mientras baila, hace el payaso para provocar a Leo, corren, se persiguen, se parten de risa. Te pide o hace algo que sabe que no te va a gustar mientras pone cara de malvada, o de buenecita, da igual, pero siempre con su sonrisa. Hace lo que le da la gana y le da igual lo que le digas, es más, disfruta no haciéndote caso, o más bien es como si dijera: pero si sé  que  me  adoras... ¿¿Qué haces regañándome si te tengo en el bote?? ;-)

Nora es una niña buena, encantadora, hasta Leo empieza a rendirse a sus encantos, a veces la mira y se le escapa una media sonrisa llena de amor.

A Nora le encanta trepar y sentarse y ponerse de pie en las sillas, como buena bebé de casi dos años. Nora desafía, sin miedo, como debe ser, porque no tendría sentido que nos temiera. Nora no sabe lo que es el rencor, ni Nora ni ningún bebé. Nora se siente segura y lo demuestra, experimenta, pide, elige... Y cada vez está más relajada en entornos desconocidos. Nora adora a los bebés, quiere mirarlos y tocarles e ir detrás de ellos.

Y otra muestra de la magia que hace Nora es cuando saca esa expresión del rostro de su padre, esa que consigue cuando se acerca corriendo a él riendo y diciendo: ¡papá, papá, papá...! y le abraza fuerte... Y hace que se refleje la misma en la mía cuando le miro yo a él. :-)

sábado, 13 de septiembre de 2014

Sobre nuestras noches (II)




Hace tiempo publiqué un post al que llamé así. Nora no había nacido aún. Después de más de 2 años algunas cosas han cambiado, otras no tanto...

Cuando me quedé embarazada Leo tenía 19 meses. Se despertaba varias veces cada noche y tomaba teta para volver a dormirse. Al avanzar el embarazo fui perdiendo producción y Leo casi se destetó. Sólo mamaba para dormirse al irse a la cama. En los despertares tomaba leche de vaca. Ahora me parece tan surrealista que ni recuerdo cómo lo hicimos, o cómo empezó a pedirlo él.

Queríamos pasarle a su cuarto porque sabíamos que los 4 no podríamos dormir juntos. Leo necesitaba mucho espacio en la cama, estaba muy acostumbrado a su cuna-colecho, él nunca dormía entre nosotros, ni abrazado a mí. La idea era intentarlo y estar abiertos a imprevistos. Nuestra cama iba a estar disponible para él siempre.

El primer intento fue fallido. Lo dejamos estar. En el segundo, ya un poco más a la desesperada, hubo llantos, ¡muchos! Sobretodo no por dormir en otra camita, sino por que no le durmiera mamá. Pero en eso yo no quería ceder. Era el papá el que tenía que estar con Leo hasta que se durmiera, porque yo en breve iba a tener que estar con Nora para lo mismo.

Después de un par de noches llamándome desesperado (con el papá al lado, por supuesto), empezó a asumirlo. Pero aún le costó mucho, mucho tiempo aceptarlo del todo. Ya después de que naciera Nora seguía llamándome siempre en los despertares, y si iba el padre... Teníamos lío. Pero yo no quería dormirle nunca al principio de la noche porque entonces él nunca se iba a acostumbrar. Con Leo es así, o todo o nada.

Nuestra dinámica pasó a ser: papá duerme a Leo en su habitación, mamá duerme a Nora en la de mamá. Leo se despierta y viene con nosotros a “la cama grande”. ¡Normal, los tres durmiendo juntitos y el solo en otra habitación! En principio ningún problema.

Lo malo es que Nora en sus despertares despertaba a Leo, luego Leo empezó a despertar a Nora también porque tenía unas rabietas horribles de noche (a veces porque yo no quería darle más teta, me pedía muchísima y yo tenía agitación y estaba desbordada). Además dormíamos todos FATAL. Leo se despertaba muchísimo, no paraba de agitarse, revolverse, era evidente que estaba incómodo, muchas veces acababa buscándose un hueco a los pies de la cama, en horizontal, como un gatito... Una pena. Así que empezamos a intentar convencerle de que se quedara en su cama y paralelamente el papá se iba a la cama de Leo cuando Leo aparecía por la nuestra.

Esto fue después de que yo empezara a destetarle y él asumiera que la teta de noche se había acabado, allá por la primavera-verano de 2013.

Y pasó el verano, y el otoño, y el invierno... (madre mía, ahora me doy cuenta de lo largo que ha sido este proceso) y Leo empezó a tener muchos terrores nocturnos, uno o dos por semana. Se despertaba a las 2, 3 o 4 horas de dormirse. Duraban una media hora. Después se dormía de nuevo pero se quedaba con el sueño muy agitado. Se venía a la cama conmigo y el papá se quedaba en la cama de Leo. Cuando no había terror nocturno era igual: Leo se despertaba, venía a la cama grande y el papá se iba a la cama de Leo. De dormir solo ni hablar. A veces tenía pesadillas, ya estando en la cama conmigo.

Pero esto no era solución. Al final yo estaba con Nora a un lado, con Leo al otro, los dos con despertares, Leo gimiendo, despertando a Nora, Nora despertando a Leo, los dos se pegaban a mí, éramos un tetris humano y la otra mitad de la cama vacía... Un caos. Yo me desesperaba, me cabreaba, eso no era ni medio normal. ¡Yo no sé cómo otras familias pueden colechar con más de un hijo!

Nos plantamos ya en primavera de 2014 y decidimos que no merecía la pena seguir así. Era evidente que Leo no quería dormir solito y no iba a hacerlo en breve. Así que el papá “se mudó” a su cuarto. Más o menos desde mayo duermen juntos. En la habitación de Leo. En una cama de 90.

Desde entonces Leo ya no se levanta para venir conmigo a la cama grande. Se sigue despertando una o dos veces, suele pedir agua. Tampoco hay ya terrores nocturnos. Desaparecieron poco antes del verano. ¿Quizá porque Leo sabía que cada noche su papá iba a ir a dormir a su camita con él? ¿Quizá porque se adaptó por fin al cole y el estrés desapareció?

En todo este proceso, antes de que O. durmiera con Leo, al principio, hubo veces que Leo durmió del tirón en su camita. Era maravilloso, veíamos el final, la meta, la madurez en el sueño. Pero no. Creo que a sus casi 4 años, aún queda para eso. Bueno, la idea es comprar una cama nido para que al menos estén un poco más cómodos los dos.

Mientras tanto, yo sigo adosada a Nora. Con sus 3 ó 4 despertares y a veces con sus maratones de teta a partir de las 7 de la mañana.

A día de hoy tengo varias cosas muy claras:

- Yo duermo a Nora y O. duerme a Leo. Esta rutina está ya instaurada y aceptada por todos. Es algo que quise que fuera así desde el principio y me alegro de haberlo hecho. El enganche de mis hijos con mamá es muy fuerte y si no lo hubiéramos hecho, aún estaría durmiéndoles yo a los dos.

- Mi hijo no ha tenido despertares nocturnos por la teta. Mi hijo necesitaba la teta para volver a conciliar el sueño. Cuando dejó de mamar, durante algunos meses de mi embarazo, seguía despertándose (aunque más o menos en ese tiempo empezó a reducir número de despertares, pero eso ha sido así progresivamente, muy despacito, hasta hoy mismo). Eso sí, en general creo que los bebés que toman teta a demanda y colechan se despiertan más. Hablo de bebés a los que no se les ha acostumbrado a nada, a los que no se les ha aplicado ningún “método para dormir”. En muchos casos los bebés o niños que duermen del tirón lo hacen porque sus padres han intervenido de alguna manera: dejándoles en la cuna sin cogerlos, haciéndoles entender que se tienen que dormir solitos, cambiándoles de habitación... Es decir, que se despierten es normal y la relación que se establece entre ellos y el pecho implica ciertas cosas en algunos casos.

- Por lo tanto, los bebés y los niños se despiertan por las noches. No hay ningún problema, no les pasa nada malo, ellos descansan. Somos nosotros los que nos tenemos que plantear hasta qué punto podemos o queremos respetar sus ritmos nocturnos.

- Soy muy consciente de que hemos forzado a Leo en algunas cosas. Sé que el 2013 fue duro para él. Empezamos echándole de la habitación, dejé de dormirle yo, nació Nora, destete, deja el pañal, ve al cole... Lo hemos hecho lo mejor que hemos podido para no hacerle sufrir demasiado, pero había necesidades nuestras que han sido díficiles de asumir por él.

- Yo estoy cansada de no dormir del tirón y de que mis hijos me reclamen por la noche. He empalmado el final de Leo con el principio de Nora, y lo que me queda... Ni siquiera Leo duerme del tirón, tampoco solo. Pero lo asumo (lo asumimos) como algo que forma parte de nuestra ma/paternidad. No cambiaría nada de lo que hemos hecho. ¡En todo caso cambiaría mi habitación por una más grande, para que cupiéramos los 4 bien cómodos!

- Al menos con mis hijos, nada es invariable. Ha habido multitud de fases diferentes y muy pocas cosas fijas desde el principio. Los dos han dormido muy bien hasta los 4-5 meses (haciendo bastantes horas del tirón)... ¡y mirad después! Más ejemplos: Leo no se empezó a dormir con la teta hasta los 7 u 8 meses. Nora ha tenido una fase hace unos cuantos meses en la que tardaba casi una hora en dormirse. Ahora suele tardar menos de la mitad. ¡Lo único fijo desde siempre es que hay despertares!

- El colecho es lo mejor que he podido hacer. Desde el primer día con los dos. Jamás he tenido que levantarme de la cama para atender a mis hijos y eso ha hecho que descansara muchísimo más. El primer año con Leo ni me enteraba de cuándo se enganchaba y se desenganchaba de la teta, me dormía yo antes que él.

Como resumen, mi hijo mayor, de 3 años y 11 meses, no quiere dormir solo y se sigue despertando una o dos veces, aunque no hace falta “dormirle” de nuevo, simplemente darle agua o decirle que se duerma otra vez. Para mí eso es prácticamente dormir del tirón. Estamos más "atados" a él por el hecho de que no quiera dormir solo.

Mi hija menor, de 20 meses, se despierta varias veces cada noche y se duerme con la teta. Ha tenido épocas de desvelos y a veces le cuesta coger el sueño del todo y pide teta varias veces seguidas en periodos muy cortos de tiempo. Pero aguanta ya casi 4 horas seguidas al principio de la noche.

Leo no se duerme solo, su padre se tumba con él en la cama. Actualmente tarda poco en caer, un cuarto de hora más o menos. Aún recuerdo cuando yo tardaba una hora cada noche, en eso Nora es un poco más fácil, desde hace unos meses tardo más o menos lo mismo que O. con Leo, quizá un poco más, una media hora como mucho.

A Nora la duermo con la teta y con canciones y caricias. O. duerme a Leo simplemente estando tumbado a su lado, pero antes tenía que cantarle hasta que se dormía.

Es duro a veces, pero es lo que queremos hacer. No salimos por la noche porque nuestros hijos nos necesitan para dormir, pero ya saldremos. He estado saliendo más de 15 años cada finde antes de tener hijos, no pasa nada si estoy unos pocos años sin hacerlo. Por el día sí podemos dejarlos con otras personas, por la noche Leo ya es capaz de dormir con sus abuelos. Parece que no pero todo llega. Va llegando.

¡Llegará!

Feliz maternidad. :-)